Ozzy Osbourne disfrutó de una carrera de casi seis décadas que lo terminó catapultando a la cima del negocio musical y, especialmente, del heavy metal. En diversas oportunidades, el ex Black Sabbath compartió sus opiniones sobre otros músicos, como cuando afirmó que Randy Rhoads, el guitarrista con el que grabó Blizzard of Ozz (1980) y Diary of a Madman (1981) -sus dos primeros álbumes en solitario-, era uno de sus músico favoritos de todos los tiempos.
Sin embargo, en otras ocasiones, no fue tan benevolente. Una vez habló sobre algunos violeros que, según su manera de ver las cosas, eran “demasiado fríos” como para disfrutar. En una entrevista con Guitar World en 1990, el nacido en Birmingham no perdió la oportunidad de disparar contra dos que, en realidad, no entendía por qué causaban tanto revuelo. "Quiero a alguien con hambre de triunfo. Quiero a alguien que quiera salir al escenario y superar a Eddie Van Halen. Busco esa ambición, esa capacidad de triunfar".

Acto seguido, agregó: "Este tal Yngwie Malmsteen debe tener la capacidad de hacer cosas increíbles, pero es demasiado frío. Es demasiado para asimilarlo. Y ver a Steve Vai es como ver a un buen mecánico desmontar un motor en tres segundos y volverlo a armar. Hace que todo funcione a la perfección, pero le faltan esos pequeños fallos que le dan ese toque humano".
Claro está, el palito de Ozzy no tiene que ver con sus dotes musicales, los cuales son innegables, sino que van más por el lado de la actitud y su falta de de chispa, de riesgo, de imperfección que los haga reales, algo a lo que quizás muchos no le prestan tanta atención si el talento está presente. Pero ese no era el caso de Osbourne.









