Categorías: Indie Ayer
| Publicado
04/03/2020

A 20 años del disco más oscuro de Yo La Tengo: And Then Nothing Turned Itself Inside-Out

Recordamos el noveno álbum de la banda estadounidense

Foto: Michael Lavine

And Then Nothing Turned Itself Inside-Out (2000) fue el noveno disco de Yo La Tengo, pero significó un escalón diferente para la banda, una búsqueda de nuevas e inéditas aspiraciones. El sonido de Yo La Tengo ahondó en un mar de aguas mezcladas que desembocó en un mismo océano estético. Se trata de un disco ecléctico, que atraviesa distintas tonalidades hasta llegar al rincón oscuro deseado. Un espacio en donde el trio estadounidense pudo expresas su melancolía de la forma que quería, sin ataduras. Después de haber roto varias cadenas con I Can Hear the Heart Beating As One (1997), Yo La Tengo ahora estaba libre para conciliar sus batallas más oscuras.

Después de haber vivido durante un largo tiempo en Brooklyn, Ira Kaplan y Georgia Hubley deciden volver a su tierra natal, Hoboken, y respirar aires de tranquilidad alejados de todo tipo de influencias. Había sido en esa ciudad donde la banda había comenzado en los 80, y 20 años después, llegando al nuevo milenio, regresaron para condensar todo lo que habían aprendido. Querían crear un disco que exprese la intimidad de su universo, como un abrir de puertas y ventanas para dejar que aires frescos corran por su antigua casa.

En los primeros álbumes de la banda primaba el ruido y la distorsión, por sobre la armonía que resplandece en And Then Nothing. Sin embargo, Yo La Tengo logró producir un disco que enfrentaba las caras opuestas de la banda y mostrarlas como partes de un todo en común. El tema 9 del disco, “Cherry Pastick”, es un flechazo al pasado eléctrico de la banda, y provoca una rememoración involuntaria al sonido de Sonic Youth. Pero en el tema 8, “Tears Are In Your Eyes”, aparece una atmósfera distinta, casi silenciosa, con una sensibilidad más cálida y acogedora.

La portada del disco viene de una fotografía tomada por Gregory Crewdson, fotógrafo norteamericano reconocido por su serie de fotos de vecindarios suburbanos que mezclan el realismo cotidiano con el surrealismo onírico. En esta vemos una calle oscura con dos casas y de fondo unos árboles enormes. Hay pocas escenas de luz y el protagonista es un hombre con una bolsa que mira hacia un poste. El sonido del disco tiene esa misma aproximación hacia la oscuridad, distante y serena.

Yo La Tengo propone en este disco un sendero para ser transitado con calma. No es un álbum que se puede escuchar al pasar, sino que prueba texturas precisas y las profundiza. El instrumento del teclado es de vital importancia, creando paredes de sonido como en la apertura del disco, con la fúnebre “Everyday”, la celestial “Our Way to Fall” y la sinuosa “Saturday”. En otros momentos, el teclado dialoga con la guitarra y revitaliza las percusiones, como en “From Back to Blue”. Así es cómo la banda crea en este disco un espacio apacible de habitar, pero con todo el peso de sus condolencias.

El juego de voces resplandece en momentos brillantes como “You Can Have It All”, una gran versión del clásico de George McCrae en la que sobresale la voz melancólica de Georgia. En “Last Days of Disco”, la banda evoca una sensación nostálgica pero de forma sutil. Y también hay pasadizos hipnóticos, como en la instrumental “Tired Hippo” o el largo cierre de “Night Falls On Hoboken”.

El disco esconde un par de homenajes, como el tema 6 del álbum, “The Crying of Lot G”, en homenaje al escritor norteamericano Thomas Pynchon y su obra cumbre de la ficción postmoderna The Crying of Lot 49. “Let’s Save Tony Orlando’s House” es una alusión a Los Simpson y una de las películas que protagoniza su estrella de cine retirada, Troy McClure. Yo La Tengo se dio el lujo, como tantos otros artistas, de participar con una canción en un capítulo de la serie. La banda aparece en la décima temporada, en el capítulo “D'oh-in in the Wind”, cuando Homero se hace hippie y descubre que su segundo nombre es Jay.

Yo La Tengo empezó el milenio con un abanico de emociones. En su noveno disco, la banda encontró un tipo de plenitud con este conjunto de melodías que nos alejan de todo por un rato para sumergirnos en su propia noche. Dos décadas después, la noche se siente igual de conmovedora


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