“Tiros, traición, venganza, astrología, cine, destripamientos, humor negro, drogas, humor naif, una chevy, humor chabacano, personajes desequilibrados, desierto, campo, personajes inocentones, lluvia, mujeres bonitas, un cocodrilo, hombres mercenarios, persecuciones, mujeres mercenarias, desconfianza, hipofobia, hombres bonitos y, tal vez, un poco de romanticismo. Pero muy poco. Casi nada”. Eso es Aries odia la violencia (Editorial Subsur) según su autor, Enrique Rivas, un escritor del sur del conurbano bonaerense que ya cuenta con un libro de cuentos –Los nietos del carnicero (Editorial Funesiana, 2011)–, novelas inéditas, textos carentes de psicoanálisis perdidos en la internet profunda y participaciones en greatest hits, como Conurbano maldito (Hagamos lo imposible, 2016) y Once furias (Editorial Subsur, 2016).

En Aries odia la violencia, Rivas nos presenta una versión chúcara de “Thelma y Louise” que incluye explosiones, diálogos letales y astrología berreta, a través de un ritmo en el que parece que todo es trama y nada queda, porque no importa o porque se impone el fordismo de lo pulp a esos paraísos barracos salidos de filosofía y letras, mientras se promociona una nostalgia analógica.

¿Nace del cine Aries odia la violencia?
Aries nace como un guion en la época en que intenté estudiar cine y por mi gusto hacia las road movies noventosas, ochentosas y setentosas no muy conocidas que solían dar en el cable, como The Hitcher, Duel, Bring Me the Head of Alfredo García, Vanishing Point y alguna otra de dudosa calidad que me estoy olvidando. De ese cocktail nace la idea de Aries odia la violencia que, una vez terminado el guion, me di cuenta que no tenía nada de todas esas películas que me habían gustado tanto, así que terminó encajonado unos largos años, hasta que lo transformé en novela. Es mi primera novela publicada aunque no la primera que escribí y que, curiosamente, no nació como una novela.

¿En qué aspectos se diferencia ese guión de las películas que tanto te habían gustado? ¿Por qué no tenía nada que ver?
En varios. Casi que dejé de lado la estética de esas road movies, pero por una cuestión de incapacidad para transmitir eso que me había gustado y no por una decisión consciente. Igual, como dije, Aries es un batido de todo lo que me llamó la atención de esas películas, y de los batidos siempre sale algo nuevo, en muchas veces diferente e irreconocible de los elementos que pusiste en la batidora. Ni bueno ni malo, diferente. Por eso el resultado final de la novela no tenía nada que ver con sus influencias. Puede que haya fallado la batidora. Con el paso del tiempo evolucioné y me compré una batidora nueva. Un escritor que no cambia de batidora es como un escritor que no usa batidora: nada bueno puede salir de ahí.

¿Y para quién cambia la batidora un escritor? ¿Pensaste en un lector potencial con ciertas características?
No pienso en ningún lector ideal en particular. Peor, me pienso a mí mismo como primer lector. En la lectura soy de perderme demasiado rápido (y con el tiempo fui empeorando), de sacar los ojos del libro y no volver a colocarlos durante un tiempo. Entonces, si mis propios textos me producen complicaciones al leerlos, es porque algo anda mal.

Esta forma llana y simple de narrar, ¿se incorpora por completo en toda tu obra y en tus preferencias en cuanto a lecturas?
No, no creo que esta forma de narrar, linealmente, sea la indicada para todas las novelas. Para nada. Soy de los que se adaptan a las ideas. No siempre, pero la mayoría de las veces, en mi caso las ideas ya vienen con el orden narrativo que voy a utilizar. Ya vienen ‘así’, estructurados de una manera, y a mí no me queda otra que desprenderme, alejarme y analizar fríamente si ese orden, si esa estructura, va a funcionar. Mayormente jugamos así.

¿Cómo jugaste en Aries odia a la violencia?
Busqué una forma de narrar y organizar la novela que sea lo más sencilla posible para que la historia fluya sin cuelgues. No sé si lo logré porque por momentos me aburría al escribir así. También esta estructura tan lineal, excepto por un par de flashbacks, responde al género road movie. Lo básico y más común en el género es que el viaje se produzca en un solo camino, en una sola ruta, en una sola dirección.

Y lo verosímil, entre todo este juego de influencias que existe en la novela entre el ritmo narrativo, los diálogos –realistas en extremo-, las locaciones y todos los efectos cinematográficos, ¿de qué lugar conjetural sacaste más cosas: de la experiencia personal o de la ficción en sí?
Si hablamos de lo verosímil en la historia, en los personajes, en la acción, no todo sale de mi experiencia. Nunca hice un viaje en auto a la Patagonia, por ejemplo. Es más, no conozco la Patagonia. Lo que pude haber sacado de mi experiencia, inconscientemente, son algunos personajes. Conocí gente similar a Marga, a Ezequiel o al Heit. Y viajé en Chevy muchas veces. Lo demás se inventa. Pero si tuviera que distribuir un porcentaje, diría que un 47 por ciento sale de la experiencia y un 52 por ciento de la imaginación. El 1 por ciento restante no sé de dónde sale.

¿Al Conurbano Sur lo ves como punto de partida a la hora de narrar o como escenario?
Como escenario, pero en el buen sentido. Cuando se me ocurre una historia ya sé que transcurre en alguna ciudad de Zona sur. Y mayormente son las mismas porque son las que más conozco o transité. De todos modos, en la mayoría de las historias no importa tanto dónde sucede sino lo que sucede, que en ocasiones puede suceder en cualquier lado similar a una ciudad. Igual veo al Conurbano como una zona inabarcable que da para todo y para narrar de todo. Veo al Conurbano como un infierno compuesto por distintos círculos, aunque no tanto como los de Dante. No me pasa eso con la Capital como escenario que, siendo sincero, me aburre bastante y no me genera ni por asomo esa extraña sensación de amor-odio que me produce el Conurbano.

¿Y las ideas? ¿Dónde nacen? ¿Cuál es su punto de partida?
Las ideas ya vienen con su envoltorio y las acepto así. En mi caso, después que las acepté, les pagué y me puse a escribir, aparece la inspiración. Y en ocasiones, tan solo 5 segundos de inspiración, te trastocan todo lo que habías hecho y escrito. Y ahí tenés que hacerle caso a la inspiración; si la inspiración te dice que la forma que estás usando en tu novela no es la correcta, entonces la cambiás por lo que la inspiración te dicte. Porque mayormente la inspiración trae eso, respuestas, sino dejaría de ser inspiración y se transformaría en simple autocrítica, que a la larga no conduce a nada. Ella manda.
Ordenando todo esto, si por inspiración entendemos a la gallina, entonces me parece que primero aparece el huevo. Ahora, si adentro del huevo hay un cocodrilo es otra cosa.

Enrique Rivas recomienda:
Hay dos bandas que estoy escuchando mucho últimamente: Los Nisman y The Cramps. La primera es un EP que encontré navegando por YouTube buscando cosas nuevas. Me gustaron sus letras y el cover “Violencia”, de La Polla Records. La segunda la escucho siempre que necesito un poco de ritmo para emprender cualquier tarea. Lo que hace Lux Interior con la voz es hermoso. Una de las mejores canciones de esta banda es “Human Fly”.

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