Foto: Violeta Capasso

 

Romina Zanellato es periodista, aunque la crisis de los medios la llevó a trabajar en comunicación y consultoría digital. Además, es docente en ETER. Un Mapa Propio es el taller de comunicación para producciones artísticas que da con su amiga Rocío Heine. Hizo el podcast Los Cartógrafos con Rosario Bléfari y Nahuel Ugazio. Hace el blog Amo Internet. Algunos de sus poemas se publicaron en varios fanzines. Entre dos ríos es su primera novela.

– Mientras leía  la novela pensaba que estar entre dos ríos es como estar en ningún lugar. 
– Yo creo que estar entre dos ríos es estar en una isla móvil. 
Mucho tiempo pensé en el trayecto, en el recorrido, en el fluir, eso es algo que me obsesiona bastante. Mientras lo escribía -que fue durante varios años en los que me fui dando cuenta de esta obsesión- intenté siempre pensar el texto y las imágenes que estaba escribiendo como si fueran un travelling cinematográfico de una isla flotando en un río, o como vos decís, de un no lugar.
Hay un libro que siempre estuvo en mi mente, que es de Pauline Fondevila, editado por Iván Rosado, que se llama Una casa y un tambor, que si bien no tiene nada que ver, hay algo de ese sentimiento de casa, naufragio y fluir que siempre estuvo en mi mente.

-¿En qué lugar te ubicás como escritora y en qué lugar te parece que se ubica tu novela dentro de este inmenso panorama que es la novela argentina, si es que considerás que hay un lugar ubicable para Entre dos ríos
Esa es una pregunta bastante pesada en principio porque si bien escribí un libro y lo publiqué es muy difícil para mí pensarme como escritora. Porque soy periodista y si bien la escritura es parte de mi labor y mi identidad, esta es otra forma de escritura, y hay toda una solemnidad en esa palabra «escritora» que me da un poco de terror. La solemnidad me da terror y le escapo.
Creo que simplemente escribí un libro, que conté una historia, que tiene un recorrido autobiográfico pero que es ficción, claramente inmerso en la escritura de primera persona, del yo. Me interesa y me gusta la literatura del yo, determinadas estructuras narrativas que no son las clásicas, que tiene que ver con una estructura no lineal, híbrida en cuanto a géneros, fragmentada, y siempre muy íntima y muy cercana a lx narradorx. Este texto está escrito por una mujer, que soy yo, una mujer que está discutiéndose a sí misma y que fue publicado por una editorial que publica mujeres -Rosa Iceberg-, entonces creo que es un texto que dialoga con este momento de la historia argentina, con mis compañeras escribientes, escritoras, artistas, amigas, colegas, feministas. Creo que ahí es donde yo lo pondría -o me gustaría que esté-; es un texto íntimo, en la concepción política de esa palabra.

– Me gustaría hablar del largo proceso creativo que te llevó construir la novela. Y ya que hablamos de intimidad, quisiera saber cómo entró en el libro la historia de Aurora y Santo y cómo fue el trabajo de reconstrucción documental que hiciste a lo largo del libro.
– Supongo que el inicio fue hace varios años, siete tal vez, cuando vivía aún en Neuquén y quise hacer un documental con la historia de mis abuelos, su ida desde Entre Ríos a Neuquén luego de casarse.
Los entrevisté y filmé mucho, recolecté memoria familiar de manera constante. Pero no hice nada con eso en aquel momento.
La escritura del texto en sí empezó en la Maestría de Escritura Creativa de la UNTREF como el trabajo de tesis. Ellos me propusieron que fuera no ficción y así la empecé, aunque luego ficcioné gran parte del relato. Una primera versión fue lo que presenté, y la respuesta del tribunal que la evaluó fue dura, me desalentaron. Y abandoné la escritura de esta historia durante un año más o menos.
Después de pensarlo mucho tiempo, preguntarme a quién le estaba escribiendo y qué quería hacer con el texto, pensar mucho cuál era mi deseo en torno a él, continué escribiéndola. La retomé, la volví a escribir, la revisé de nuevo. Ahí empecé a debatirlo con Virginia Cosin, pensé en las necesidades del texto y lxs lectores que yo me imaginaba. Así que continué y lo terminé. Se lo envié a Marina Yuszczuk de Rosa Iceberg, que me lo había pedido leer tiempo atrás.
Aurora y Santo son dos personajes hermosos para mí, que quiero mucho, muy cercanos a mis abuelos y a mis bisabuelos. Las cartas que hay en el texto son de algunos de todos ellos, son reales, pero se las adjudiqué a estos personajes. Hay mucho de intimidad porque hay mucho de mi historia y mi infancia en el vínculo nieta-abuelxs. Pero la realidad no era tan interesante, por eso tuve que ficcionar para sentirme más libre en la historia, para entrar más cruda a la intimidad.

– ¿Por qué Alina y no Romina?
– La realidad muchas veces no es verosímil y no me interesaba contar mi vida. Sí quería darle a ese personaje algunas imágenes de mi infancia o ambientes que siempre recuerdo y sueño sobre espacios naturales que viví.

– En el inicio, escribís: «Un río turbio de sedimentos, como un recuerdo.» Haciendo referencia al río Uruguay. Y sobre el final: «Todavía no fui a encontrarme con el Limay. Creo que esta vez no voy a ir. Voy hacer todo lo que tenga que hacer para evitarlo, para soportar las embestidas del recuerdo». ¿Tenés ganas de decir algo al respecto? ¿Podemos hablar del río como metáfora de la memoria?
– Claramente el río es el movimiento, es el fluir, y eso es el recuerdo ¿no? El recuerdo es una serie de imágenes que van modificándose junto con una, y que a su vez tienen distintos tipos de fuerza y de espesores: el Uruguay tiene esa característica que está quieto y que es pesado, o sea que parece un río quieto, cargado de cosas, cargado como de una sustancia más pesada que yo relacioné con la historia de ese personaje. En cambio el río Limay es mucho más joven, más transparente, más vigoroso, vivaz, y creo que tiene más que ver con la narradora, con Alina.

*

Romina Zanellato recomienda:

«Si tuviera que recomendar un disco sería Doméstico de El Príncipe Idiota, que lo gasté de tanto escucharlo, porque tiene eso de las capas narrativas y sonoras en las que yo estaba inmersa en la época en la cual escribí el libro. Es un disco profundo con focos de luz y oscuridad que siempre sentí muy cerca a lo sensorial que le quise dar al texto.»

A continuación compartimos un video filmado por Romina y editado por Nahuel Ugazio: