Pensar el mapa de producciones literarias y artísticas en este período es también aguzar la mirada en la fibra política y la discusión pública que está trastocando los contornos de producción y elaboración de artefactos estéticos. La (re)emergencia del feminismo como movimiento, sin duda, es parte de este síntoma de época, cuya fuerza teórica, práctica y militante no sólo corrió los ejes de debate, sino que vino a patear el tablero en todas las esferas de la vida social. El feminismo ingresó a los partidos, al sindicalismo, a las escuelas, a la vulgata cotidiana con amigxs, familia, parejas y, con tesón y a fuerza de militancia, ha tenido la astucia de vehiculizar la rispidez e interpelación necesarias que se precisan para torsionar doxas y sentidos comunes cristalizados a lo largo de décadas. Si algo ha entendido el feminismo es que con consenso y diplomacia cándida y respetuosa nunca se han desplazado y cuestionado esquemas y dispositivos de dominación. Como todo movimiento de interpelación política y social, no se presenta como bloque histórico unívoco, homogéneo. Dentro de él, podemos encontrar diferentes posiciones e intervenciones que lo constituyen como bloque dinámico.

Por lo mismo, las producciones estéticas de este último tiempo no han sido ajenas a este sensorium crítico y es posible advertir una diversidad de autorxs de diferentes edades y localidades que incorporan estos elementos y los organizan artísticamente, tanto desde la literatura, el cine, el dibujo o el guion.

Sukermercado (Buenos Aires, 1994) es una dibujante e historietista que se inscribe en esta nueva tesitura de jóvenes autorxs, cuya propuesta no desplaza la dimensión política de estos tiempos, sino que, antes bien, la recupera con originalidad y sin obturar el detalle por la construcción de un estilo e impronta propios. Algunos de sus trabajos fueron presentados en la muestra Deseo y problemas, impulsada por el CCRecoleta, y forma parte de varios colectivos de producción (Línea peluda, Secuencia disidente y Telecomics). Su último trabajo, La sombra del altiplano (Barro Editora, 2018), muestra el viaje heroico de una colla femininja justiciera.

¿Cómo fue tu acercamiento al dibujo y a la historieta?
Dibujo desde que me acuerdo y siempre quise dedicarme a dibujar. Desde muy chiquita empecé a mirar animé, leer historietas y a copiar los dibujos de CCSakura, Evangelion, Tintín, o Asterix. Mi primer historieta la hice a los 9 años (dibujé un cuadernito a6 entero, es re buen zine jaja) y desde entonces siempre orbitó ese deseo en mí. Durante un tiempo me costó arrancar porque me costaba escribir mis guiones, pero por suerte hace varios años que ya tiré ese miedo a la basura y pude bancármela escribiendo mis propios relatos.

Hay una dimensión política muy clara en tu producción, sobre todo vinculada al feminismo. ¿Es una constante al momento de producir? ¿Cómo entendés la relación entre arte y política?
Cuando era chica pensaba que la política solamente se podía expresar desde un lugar partidario en el que no me sentía cómoda y eso me daba mucho rechazo. Pero de adolescente descubrí que se puede militar desde el arte, y que de hecho es un espacio muy importante para militar y tener conciencia política, ya que el arte condiciona mucho a la sociedad de una manera quizás más imperceptible.

Otra constante que se observa de tus dibujos es que incorporás mucho el tema de lxs cuerpxs, la sexualidad y las formas de pensarlo y experimentarlo.
Eso es política, jaja. La hegemonía -en todo sentido- es algo que me molesta desde siempre y durante toda la vida necesité ver más diversidad de cuerpxs-sexualidad, etc. Hay que tirar por la ventana la norma de que el estándar es un cis-varón blanco heterosexual. Es importante que haya más personajes con los que empatizar.

Algo parecido pasa con el tratamiento del porno, que es otro tópico que incluís en tus trabajos. Algunas de las discusiones que se han instalado al interior del feminismo son a propósito de si el porno finalmente opera como un artefacto que reproduce roles y subjetividades ya cristalizadas, o bien si, por el contrario, es posible pensar en un porno más radical y en clave feminista.
Eliminar el porno es como eliminar un derecho al goce y a la fantasía que se tiene que tener. El problema es cuando se implanta una normativa o hegemonía, que suele ser súper violenta, machista y heteronormada. EL PROBLEMA ESTÁ AHÍ, y el problema está en que la gente se educa con ese porno y cree que se coge así. Y no es así. Por eso es necesario hacer porno feminista, diverso y queer, hay que derribar esa norma violenta y horrible que desinforma y educa para ser violentxs entre nosotrxs.

En tus dibujos y guiones te corrés del eje que representaba a la figura de la mujer como mero aditamento narrativo. Pero también trabajás con la figura del varón y de la masculinidad. Pienso fundamentalmente en uno de tus dibujos que se presentó en la muestra de Deseo y problemas. Hay una suerte de política del goce ahí y de cómo experimentarlo. ¿Cómo te interesa pensar esos elementos y cómo los plasmás en tu obra?
La masculinidad tóxica es un tema que me interesa mucho para trabajar, así como el feminismo me enseñó muchas cosas, me hizo abrir los ojos con respecto a eso. Lo veo en amigos, familiares, y hasta me ha pasado de verlo en parejas. Quiero que mis personajes sean libres y que se quiten el peso de todo eso que nos imponen y que nos hace tanto daño. Siento que si a mí me inspira ver personajes libres en las ficciones, quizás, con suerte, a alguien le inspire ver alguno de los míos. Y también lo hago para mí, ja.

Hablando un poco ya de tu último trabajo, hay como una potencia catártica cuando unx ve las acciones que realiza Juana, la heroína protagonista, quien cercena a diestra y siniestra a los violadores. ¿Cómo se te ocurrió la idea de pensar en esta suerte de colla femininja?
Juana en realidad nace de una ilustración que hice cuando vi un video de una colla explicándole a Santiago del Moro que lxs argentinxs no son todxs blancxs. Cuando vi eso dibujé a una niña colla con machetes. Después de eso el personaje empezó a pedir más, y con unxs chicxs casi hacemos un corto. Ahí desarrollamos la idea de ella, de su poder, del contexto en el que se encuentran a veces las mujeres en el norte del país. Luego el corto no salió, y decidí guionar todo de nuevo y armar una historieta. Mezclando eso con la manija que tenía de leer mangas ultraviolentos (Berserk es una de las principales influencias para esta historieta) y con la furia que vengo tragándome de las injusticias que sufrimos por la violencia machista, nació Juana, que es mujer, colla, niña y latinoamericana.

Otro componente que ingresa en tu último cómic es la trata de personas, cuyo tema ha generado varias tensiones y discusiones al interior del feminismo, fundamentalmente con quienes reclaman una regulación del trabajo sexual. ¿Cómo te posicionás vos ante ese debate entre abolicionistas y quienes exigen una regulación del Estado?
La trata de personas per se no es algo que genere realmente tanto debate dentro del feminismo… todes estamos en contra de la trata de personas. Es complejo en una misma pregunta vincular el debate de regulacionismo y abolicionismo con el problema de la trata de personas. Muchas veces se compara directamente el trabajo sexual con la trata de personas y eso me parece peligroso y problemático. Lxs trabajadorxs sexuales merecen derechos, e ignorar que existen y que los necesitan es negligente porque se corre la mirada a un costado y se les deja marginalizades. Tampoco es un debate que se quede en “A o B”, hay corrientes prohibicionistas (quienes buscan no sólo criminalizar al cliente u proxeneta, sino a le trabajadorx sexual), y también trabajadorxs sexuales que buscan funcionar independientemente y crear sus propias redes. El trabajo sexual tiene mucho estigma encima y es importante entender también que puede ser un montón de cosas que no son estrictamente prostitución.

Hay un enunciado-fuerza que sostiene que visibilizar nuevos cuerpxs e identidades -en tu caso, a través del dibujo- también visibiliza y repone allí un nuevo actor que siempre estuvo esacomteadx y que ahora lee y consume ese producto. ¿Te llegan comentarios o lecturas de otras personas sobre tu laburo? ¿Qué es lo que más te ha sorprendido del efecto de tus trabajos?
Sí, me re llegan. Por suerte en general suelen ser festejantes, trato de ser cuidadosa con lo que hago, porque a veces represento identidades que no son las propias y uno de mis mayores temores es caer en clichés sobre cuerpos e identidades. Lo que más me sorprende es cuando conozco a alguien que ya conocía mi trabajo. A veces me quedo en que lo que hago lo miran o consumen sólo las personas que tengo cerca, y es lindo cuando te encontrás con que tu obra ya es más de la gente que tuya y tiene su propio recorrido.

Formás parte y participás activamente de varios colectivos. ¿Creés que son espacios clave, sobre todo para pensarte a vos misma como artista y en lo que trabajás?
Claro que sí, son espacios en los que unx se desarrolla y se encuentra con un montón de gente que está o en la misma o en una parecida a vos. Me parecen lugares importantes para crecer, sobre todo. Tener gente a la par tuya construyendo proyectos y obra te da una perspectiva nueva que siempre suma.

En el campo de la literatura en general y de la historieta en particular, y con la emergencia de una diversidad de editoriales independientes y autogestionadas, están apareciendo una bocha de nuevxs dibujantes e historietistas. ¿Seguís particularmente el laburo de alguien o tenés alguna referentx?
Siempre odio esta pregunta porque siento que dejo gente afuera cuando respondo y me quedo en blanco, por más que escriba la pregunta. Voy y vengo con mis referentes y mis mini-vicios. En su momento le robé mucho a artistas como Somefield o Sophie Margolin. Ahora están orbitando en mí Otomo, Ai Yasawa, Tommi Parrish, Chiho Sato y los hermanos Hernández. De mis colegas y autorxs locales recomiendo con fuerza el laburo de todxs lxs participantes de Secuencia Disidente, y que vayan al imperdible festival Vamos Las Pibas, en donde hay muchas autoras emergentes con una calidad de narrativa y dibujo que sorprende.

¿Estás trabajando en algo nuevo?
Sí, en una historieta porno y en algunas cosas de ciencia ficción.

¿Cómo definís al feminismo y qué significó para vos en tu vida?
Es una búsqueda de igualdad de género. Antes te hubiese dicho “entre hombres y mujeres”, pero con el tiempo me di cuenta de que esta nueva ola de feminismo es cada día más interseccional y que se extiende a trabajar con muchas más identidades que las “mujeres cis”, y eso es importante también: tener en cuenta género, clases sociales, nacionalidades y razas; y entender que en esos campos también hay mucho por laburar, y que no son reclamos que funcionan tan aislados como se creía. En mi vida significó abrir los ojos, desde siempre me molestaron un montón de cosas del sistema patriarcal, y año tras año fui aprendiendo gracias al feminismo. De adolescente pensaba al leer libros de historia que nunca iba a vivir una revolución, pero hace poco me di cuenta de que sí estamos viviendo una.