Foto: Pablo Montero

Nuevas masculinidades, sangre, sudor, lágrimas, éxito y autoayuda en la entrevista a Enzo Maqueira, quien recientemente publicó Hágase usted mismo por la editorial Tusquets.

¿Cómo ves tu carrera?
Dejando de lado que la idea de “carrera” no tiene mucho que ver con la literatura (o no debería tener que ver), la veo como un recorrido de mucho remo. Quiero ser escritor prácticamente desde que aprendí a leer. Medio que hubo un mandato, más que nada materno, de que tenía que ser escritor, y yo acepté gustoso. No me lo sugirieron directamente pero había una atmósfera que lo propiciaba. Iba mucho a la Feria del libro con mi familia, flasheaba con los escritores, me quedaba horas mirando los libros en la biblioteca de mi casa…
Como suele suceder cuando uno es muy joven y tiene la autoestima alta, a los 15 me imaginaba ganando el Nobel. Pero enseguida vinieron los primeros rechazos y el baño de realidad. Interzona, que me publicó Electrónica, me había rechazado 10 años antes. Tusquest, donde publiqué ahora, también me había dicho que no alguna vez. Es realmente una carrera hecha con sangre, sudor y lágrimas, con mucha perseverancia, y en constante proceso de aprendizaje.

¿Cómo es tu vida de escritor?
No vivo de la literatura, vivo de la escritura. Además de las regalías, escribo crónicas para algunos medios, doy talleres de escritura, también enseño en una universidad. Trabajé de editor, fui ghost writer, escribí libros de terapias sexuales, horóscopos, libros infantiles. Estoy en un estado permanente de escritura y sé que gran parte de lo que produzca va a servir para pagarme las cuentas. Eso significa, una vez más, encontrar el equilibrio entre los deseos y las necesidades.
Lo mejor es que puedo ejercer mi vida de escritor en cualquier parte, sin horarios; lo peor es que eso que alguna vez fue una vocación, se transformó en un trabajo. Pero creo que es el mejor trabajo posible. Tanto la literatura como el periodismo son buenas excusas para meterse en lugares o situaciones. Hay un diálogo constante entre realidad y reconstrucción de esa realidad, uno vive reinterpretando todo, disfrutando del lenguaje y del pensamiento, y esa vida, además, es remunerada.

¿Qué te mueve a escribir?
Al principio era una voz, una fuerza interna que me pasaba por el cuerpo y yo nada más tenía que mover los dedos sobre el teclado de la computadora. Era la inspiración. Después, con Electrónica, aunque hubo mucho de eso también apareció la necesidad de no sentirme más frustrado. No me conformaba lo que escribía y dije “si no laburo, me siento, y me rompo el orto, no va a suceder, no me voy a sentir orgulloso de mis libros”. Entendí que tenía que trabajar los textos mucho más de lo que venía haciendo. Ahora creo que me mueve algo parecido. Ya no son más las voces, quiero seguir viviendo en paz conmigo mismo y satisfecho. Y para lograrlo tengo que trabajar mucho, ser paciente, mantener viva la curiosidad por el mundo que me rodea.

¿Cómo viviste el éxito de Electrónica?
Cuando llegó lo de Electrónica fue una antes y un después porque antes tenía muy pocos lectores reales (la mayoría eran mis amigos, algunos colegas y mi familia). Electrónica fue llegar a un hito donde por fin podía cosechar algo de todo lo que había laburado. Por un lado, me puso contento pero, por otro, llegué muy cansado y significó una pequeña crisis. En algún momento pensé que ya no tenía ganas de seguir remando, porque el éxito no significó haber llegado al final del recorrido, sino sentir que me esperaba un camino mucho más largo y difícil a partir de ahora. “Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas”, dice Truman Capote. Y me pasó algo de eso. Lo deseé, se cumplió y fue tan feliz como perturbador.

Hablando de la felicidad, ¿en Hágase usted mismo hay una crítica a la autoayuda?
Más bien es reírme de mí mismo, porque yo me creo lo de la autoayuda. Laburé mucho tiempo en revistas de esos temas, muchos de mis trabajos de escritor fantasma fueron de autoayuda y me creí un montón de cosas. Todo lo que sea mística, espiritualidad, me atrae.
El personaje del libro es un tipo con una buena teoría para que le vaya bien pero que descubre que esos presupuestos son vacíos. Esto está vinculado con los tiempos que estamos viviendo; el discurso vacío de hacerse uno mismo, de la felicidad, es el discurso del neoliberalismo. La búsqueda de la felicidad como único propósito en la vida funciona como slogan pero, en los papeles, no resulta tan así. Cada cosa que disfrutás, después pierde intensidad, te desesperás y buscás más intensidad. Tenés algo que te hace bien, te sentís bien, pero entonces opera el discurso de maximizarlo todo, entonces te empieza a parecer poco, te aburre, lo arruinás. Estamos golpeándonos contra las paredes buscando algo que no sé si es posible de alcanzar. A mí me pasa eso: la felicidad se me va, se me escurre entre las manos todo el tiempo. Apenas tomo conciencia de que estoy en un estado de felicidad, la pierdo.
Ahora tenemos una gran crisis económica, y capaz esto nos sirva para salir de la idea de que hay que buscar la felicidad. Buscar la lucha, la resistencia, la organización, la felicidad colectiva y no solo la de uno mismo. Esta época está marcada por el imperativo de la búsqueda individual y ahí empiezan los problemas. Y eso le pasa al protagonista de Hágase usted mismo: siente que nada es suficiente, está insatisfecho y va en busca de algo más, pero se va hundiendo de a poco.

El protagonista del libro cree que el arte le va a dar la felicidad.
Cree que el arte lo va a llevar a la felicidad, o que es la felicidad misma. Eso es algo que está dando vueltas en nuestro mundo: que el arte te salva. Tampoco seamos tan ingenuos de que ahí está porque ahí tampoco está. No está, no existe en ningún lado, como el amor para toda la vida o la monogamia. No existe. Si el arte te salvara tanto no habría el índice de suicidios de artistas que hay.

¿Cuál es el rol del artista para vos?
Una de las cosas que me gusta pensar es que el arte sirve para desacomodar el pensamiento dominante, para provocar, para molestar, para sacar a la gente de la anestesia. El arte tiene que sacudir, aportar más preguntas que respuestas. También el rol del arte puede ser generar belleza, pero de todas las maneras posibles, la belleza de la fealdad, por ejemplo. Romper con los esquemas, lo dado, lo establecido. Si un artista logra eso, entonces me interesa.

En relación a este desacomodamiento, hablemos de la sexualidad del protagonista.
Hágase usted mismo es un libro que habla sobre el nuevo lugar del hombre en tiempos de feminismo. Él vivió bajo el imperativo de que se tiene que hacer macho, pero al mismo tiempo que va dejando eso atrás, también explora distintas formas de su sexualidad, cede el lugar que hasta ahora se le reservó a los hombres y adopta una actitud más ligada a lo que hasta no hace mucho conocíamos como propio de “lo femenino”. Todo esto tiene que ver con lo que está pasando, con los hombres buscando reformular su masculinidad, o lo que se supone que es la masculinidad, en una sociedad convulsionada por una ola feminista.
Es rarísimo que el goce masculino no fálico hoy genere vergüenza, intimide, y me parece necesario mostrar cómo todo esto se vive hacia adentro de una pareja, por ejemplo. Lo personal es político. El empoderamiento femenino también pasa por la cama: la mujer penetrando al hombre, el hombre queriendo ser penetrado por la mujer. Este libro está enmarcado dentro de la teoría queer y plantea la existencia de heterosexualidades que rompen con la heteronorma.