Foto: Marcelo Pedro

Versos que van directo al cuerpo, como si de lanzas se tratara, o puntas de flecha, o balas de plomo. Versos que no temen herir ni violentar, porque es la violencia con la que opera el poder la que se combate.

Un hogar fuera de mí no solo pone la lupa sobre el macho, sino que además lo discute, lo subraya, lo tacha y finalmente lo deja tambaleando en su trono de cartón pintado. Porque al final, qué es acaso un rey en estos tiempos, un rey sin corona subido a un falso trono que le ha sido provisto por la historia, un rey infructuoso, que desde su miserable lugar imperial mira con orgullo las huellas, la fila de moretones que fue dejando sobre un cuerpo que no quiso obedecer.

– ¿Por qué escribiste Un hogar fuera de mí?
Creo que uno escribe porque tiene algo para decir, escribí Un hogar fuera de mí justamente por eso. En el plano interior había una ebullición de temas, reflexiones, pensamientos, sensaciones muy ligadas a cuestiones personales -como el haberme independizado e ido a vivir sola y repensando los vínculos familiares- y a cuestiones sociales. Tengo muy presente cómo me atravesaron las marchas que empezó a organizar el colectivo Ni una Menos pidiendo que paren los femicidios, marchas en las que participé, cómo me atravesaron las cuestiones feministas que durante estos años aparecieron no solo en la agenda pública sino en charlas con amigas, en mi día a día y también en la impronta de cómo iba pensando mis relaciones con los hombres y repensando el amor. Si Un hogar fuera de mí no fuera un libro, sería una película de todo lo que transité durante el tiempo anterior y el tiempo en el que efectivamente escribí el libro.

– ¿Para quién?
Lo escribí sobre todo para mí, no dejo de ser consciente de que hay un público del otro lado, pero no escribo pensando en ellos. Creo que esa es la principal potencia de un libro así, escrito desde la sinceridad y sin miedo, porque trato cosas bastante crudas con respecto a los vínculos familiares y a otras cuestiones o tabúes sociales como es la sexualidad de una madre. Si hubiese pensando en el lector, o si lo hubiera tenido muy presente, no me hubiese animado. Pero no obstante -y para ser clara- un libro de poesías escrito para una, desde una sinceridad casi visceral no es un diario íntimo, es un género literario y la escritura íntima cuando una cuida la estética, cuando una trabaja el poema, se vuelve literatura.

– ¿Cómo fue el trabajo de edición? ¿Siempre fueron los 20 poemas que conforman el libro?
El trabajo de edición siempre es el que me cuesta más, los poemas en general salen de un tirón como si quisiera rápidamente desprenderme de algo que quema. El trabajo de edición tiene más que ver con una constancia, con volver a recrear esa escena primigenia, lo cual en verdad es imposible. Tal vez el trabajo de edición sea el momento de separación del autor y su obra y en esa escisión uno pierde y gana. De cualquier forma el trabajo de edición de los poemas que conforman Un hogar fuera de mí, lo realicé con Paula Jiménez España y lo que tratamos de hacer fue precisar las imágenes de lo que intentaba decir; también descartamos algunos poemas porque no estaban en la misma sintonía que los otros. Se trató de generar un libro con una coherencia y calidad interna, y eso a mí me dio mucha seguridad respecto a la obra. También a medida que uno corrige poemas, van surgiendo otros nuevos que se entremezclan con la misma voz que lleva el libro, a lo último de hecho surgieron dos o tres poemas más que los trabajé y los terminamos incorporando, hasta que el libro se cerró y dijo basta.
Todo el proceso duró cerca de un año y medio, empecé a escribir hacia finales del 2015, en octubre del 2016 comencé con las correcciones, y en mayo del 2017 el libro estaba cerrado.

– Hablemos de la crudeza con la que el cuerpo es mostrado.
Bueno en verdad el tono, es difícil explicar y explicarme cómo llego ahí. Primero creo que tiene que ver con lecturas que a mí me interesan, como la de la poeta norteamericana Sharon Olds, que trabaja este tono crudo y a mí me resulta profundamente cautivador. De repente yo encuentro que mi deseo y necesidad de escritura, lo que quiero decir, las preocupaciones y preguntas que me hago, se van canalizando también en ese tono crudo y con cierta oscuridad. No lo decido yo, así salen los versos, pero tiene que ver con intereses previos con la voz interior que en mi cabeza dispara esas imágenes. Creo también que hay un cúmulo muy grande de violencia en situaciones cotidianas que se pasan por alto, el odio o resquemor entre padres e hijos, en el interior de las parejas, en las mujeres sobre todo un odio hacia el machismo y el patriarcado aunque en lo íntimo nosotras no le pongamos una etiqueta a ese odio, creo que eso tiene que ser expresado en la literatura. Y digo, el odio entendido como lo dice Luy “pone tu odio en servicio del bien común”; y cuando hablo de violencia, me refiero a que la violencia de arriba, de los poderosos genera la violencia de abajo. En el libro tanto el odio como la violencia están atravesadas por una mirada de género, porque lo que siempre me resulta interesante es esa violencia de las mujeres, a las cuáles no se nos permite ponernos así, no se nos permite odiar; las mujeres tenemos que amar, ser alegres, delicadas y podría seguir, pero las mujeres no podemos ser violentas y menos aún con nuestros seres queridos. Bueno en Un hogar fuera de mí me interesaba poner de manifiesto justamente lo contrario.

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Luciana Reif recomienda: la canción “Mi propia conspiración” de Gaspar Tessi y el álbum MTV Unplugged in New York de Nirvana.

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