Libros
|
27/04/2022

La ciudad de las mujeres, de José Ioskyn

La editorial porteña Paradiso Ediciones distribuyó en librerías la última novela del autor platense, La ciudad de las mujeres (1), donde nos reencontramos con un viejo conocido, esta vez deambulando entre Brasil y la Argentina.

Vito, el hombre que no sabe bien lo que quiere pero lo quiere ya, vuelve a las andadas en esta nueva novela de José Ioskyn. Ya conocemos su singular manera de moverse en este mundo, entre el desconcierto, la duda y el impulso, desde que accedimos a sus peripecias gracias al volumen de cuentos Cómo hacerse hombre, también publicado por Paradiso Ediciones, en 2019.

Nuestro personaje “dos en uno”, héroe y antihéroe en simultáneo, ya más mayorcito que en la entrega de 2019 pero no más maduro, repartirá sus desventuras y devaneos anímicos entre los calores y las particularidades  de los variados tipos humanos que conocerá en Río de Janeiro y la más templada atmósfera de Buenos Aires, aunque esta última escenografía no sea tampoco demasiado receptiva para su peculiar manera de relacionarse con los demás.

Ganándose la vida como crítico literario, este Vito casi cincuentón buscará alejarse de sus propias frustraciones y de las humillaciones que le dispara Tomás, su jefe inmediato, entre otras ingratitudes que le depara la existencia.

Vito se instalará en Río en busca de nuevos horizontes, aunque tan difusos como siempre los tuvo. En principio, se comportará adecuadamente: se hará de un techo seguro mientras espera acudir a la entrevista laboral que tiene programada con una importante representante de un medio local, de la variedad seria ejecutiva profesional, dispuesto a encaminar sus días en país ajeno. Sin embargo, “la cabra hacia el monte tira” y nuestro protagonista se cruzará previamente con la primera de las damiselas que desfilarán por la novela, con el final previsible en su departamento alquilado. Después y pese a la desesperación por llegar siquiera tarde a la cita laboral, el tráfico infernal de la ciudad le servirá una vez más para desviar su destino hacia ninguna parte.

Si la contradicción entre creencias, conceptos, pensamientos y actos es una de las peculiaridades más específicas de la idiosincrasia de lo humano, Vito no puede ser representado mejor por su creador que apelando a la pintura de este detalle de su personalidad. En este, como en otros aspectos, Ioskyn se revela como un esmerado creador de caracteres y situaciones, donde el conflicto entre lo que sus criaturas suponen ser y lo que son a ojos del lector tiene una firma muy clara, la suya.

Hábilmente, el narrador aprovecha la descripción de un personaje para seguir hablando de otro: así, cuando Vito, el hombre-niño deseante, nos describe a Mimí, una de las mujeres que intersectan sus días y su cuerpo en Río, sus extrañas características físicas y emocionales, que lo cautivan y lo expulsan al mismo tiempo aunque están muy lejos del prototipo de la belleza y seducción mainstream, le sirven al autor para ilustrarnos acerca de otras peculiaridades del protagonista. De igual manera obrará el novelista en otras situaciones de la diégesis, en un juego de espejos de marcada efectividad. Asimismo, es de relevar la pericia con la que Ioskyn  introduce en el relato general los flashbacks que remiten al Vito juvenil, cuando en compañía de su amigo Camilo conformó un dueto de símil-hippies lo suficientemente drogadictos, borrachos y disparatados como para llenar el vaso del lector con sus andanzas y los planos-detalle de sus personalidades, que ya preanuncian a quienes ambos serán mañana. Camilo también volverá, más entrado en edad, en otras páginas de La ciudad de las mujeres.

Como el protagonista, que es también reseñador de  los libros de otros, me las veo en figurillas para dar cuenta de todo lo que contiene este volumen, breve de extensión pero denso en contenidos, algo que solo sucede cuando el limitado espacio de una crítica literaria se ve desbordado por la buena calidad de lo reseñado.

Aprovechando que es norma y de buena educación evitar el spoiler, dejo aquí tres puntos suspensivos en cuanto a lo que sucede con Vito al volver a Buenos Aires –derrotado por él mismo y sus circunstancias, como siempre- para seguir fracasando ante sí y triunfando contra sus destinos posibles, con la ayuda invalorable de cuantos se cruzan con él y lo benefician con sus interacciones tanto como lo perjudican. 

El autor

José Ioskyn nació en La Plata, provincia de Buenos Aires, en 1962. Ha publicado anteriormente los libros El mundo después (novela, 2013), Literatura y vacío. Psicoanálisis, escritura, escritores (ensayo, 2013), Nunca vi el mar (poesía, 2014), Acerca de un imperio (poesía, 2016), Un lugar inalcanzable (novela, 2018), Mi revolución rusa (poesía, 2019) y Cómo hacerse hombre (cuentos, 2019). 


Ver más sobre: Paradiso