Foto: Laura Bellomo

Los budas y otros poemas (Eduvim), de Carina Sedevich reúne lo mejor de una producción poética que lleva ya dos décadas gestándose. Una obra lírica que se construye a través de un lenguaje personal entre la tensión del desamparo y la necesidad de una creencia. Como afirma María Malusardi en la contratapa, “la trama de sus poemas nos desplaza hacia adentro. Nos punza. Nos rehabilita. Nos acalla”. Una sensibilidad que busca alumbrar cosas y acontecimientos a través de las imágenes de la realidad y del mundo.

-¿Qué criterio consideraste a la hora de preparar esta antología sobre tu propia poesía?, ¿cómo definirías vos, una antología ideal?
-La obra reunida de un autor, revisada y compilada por él mismo, podría quizás resultar una buena antología. No me refiero a todo lo alguna vez publicado, sino a aquello que al momento de la concepción de la antología pueda elegir un escritor que transita cierta madurez existencial y artística. En una instancia como esa quizás lo interesante sería seleccionar, entre los poemas que al autor le siguen pareciendo buenos, los que capten mejor, a su entender, la originalidad de su voz, las particularidades de la propia escritura. En pequeña escala fue lo que intenté hacer en Los budas y otros poemas. Para este libro seleccioné sólo algunos inéditos y poemas de mis seis libros más recientes, atendiendo a la extensión que la editorial propuso para el volumen. Desde 1998 hasta hoy llevo doce libros publicados, así que tuve bastante material entre el cual elegir.

-¿Qué resonancias encontrás entre el título y los poemas que integran el libro?
-El libro reúne poemas de diferentes libros, sin embargo creo que el título guarda relación con el espíritu de toda la obra. Encuentro una profunda vinculación y, a la vez, una transformación constante en lo que voy escribiendo y publicando. Siempre digo que, para mí, la escritura es inseparable de la vida. Entiendo el escribir como al devenir de la existencia, lo veo como un río, como agua que fluye y que trasmuta. Esto no implica que escriba de un modo automático o inconsciente, sino todo lo contrario: escribo con consciencia, así como trato de vivir. También desecho y corrijo mucho antes de publicar. Una vez publicado el libro, sin embargo, ya no vuelvo a corregir los textos que vieron la luz ni regreso sobre los que no. Procuro vivir y escribir el presente. Por eso también al elegir los poemas para esta antología me incliné por los libros más recientes y por los poemas en los que puedo reconocerme hoy.

-¿Cuáles son los motivos que te llevaron a escribir el poema “La fruta que los budas se llevan a la boca”?
-Donde hay hombres,/ habrá moscas, y habrá/ Budas también, según el haiku deKobayashiIssa. Tal vez escribí ese poema recordando versos como éstos y reconociéndome muy humana.

-El paso del tiempo está muy bien tratado en “El mar retrocede como si fuera posible”. ¿Por qué, como decís en un verso, “todo se escribe en el pasado”? ¿Según tu criterio, cuál es la relación posible entre memoria y poesía?
-La vida es presente y no puede escribirse: sólo vivirse. Cuando uno escribe, aquello que escribe ya se ha pasado o ya se ha pensado.

-¿Por qué?
-Es algo obvio, fáctico, que solemos perder de vista por estar distraídos con el pasado o el futuro. Recuerdo un haiku de Abe Seiai que plasma muy bien esta cuestión: El mismo arcoíris/ piensa que/ existe el tiempo. Aunque sepa que es una empresa imposible, es un hermoso ejercicio intentar escribir el presente. Por eso frecuento la poesía oriental, en especial el haiku, que acristala en pocas sílabas y con enorme arte un momento cuya ocurrencia puede percibirse al menos como atemporal.

-Cito “Amor” de modo completo: “De una materia turbia y demorada/ son los días.// La ternura es posible/ y la tristeza/ un pan administrado con justicia.” La lengua en tu poesía es transparente. Significa exactamente lo que ella dice. Hay un cuidado presente en el uso lexical de cada vocablo (no desentonando entre sí). ¿Qué palabras elegís y qué palabras descartás a la hora de escribir?
-Elijo mucho las palabras. Las sopeso, como a cada elemento constitutivo de la poesía. Más allá de eso, el proceso de escritura de un poema es misterioso para mí, una especie de prodigio que no puede compararse con ninguna otra experiencia que conozca. Quizás algunos estén interesados en dar cuenta de los procedimientos cognitivos, lingüísticos, artísticos, que ocurren durante la escritura, pero en lo personal prefiero vivirlos sin analizarlos demasiado. Me gusta sentir el vértigo de la creación cada día como si fuera la primera vez. En mi experiencia la escritura de un poema puede ser un proceso lento, de numerosas y sucesivas correcciones, pero siempre llega una instancia en que algo, de pronto, destella: es el momento en que siento que la materialidad de esas palabras, elegidas y dispuestas con amoroso cuidado, troca en otra cosa.

-Llevás publicados ya más de una docena de títulos a través de diversas editoriales. Algunas financiadas, como este caso en particular, con el apoyo de la Municipalidad de Villa María, a través de Ed. Eduvim, sello universitario. Más allá de lo obvio, ¿hay en la poesía un tipo de interpelación intelectual al poder político?, ¿una relación entre poesía y Estado?
-La edición de la mayoría de mis libros, hasta el momento, ha sido financiada por editores independientes. Nunca sé, ni me pregunto con anticipación, quién podría estar interesado en publicar un libro mío. Cuando una obra está lista comienzo a contactarme con posibles editores. Durante estos últimos años, para mi sorpresa y alegría, han sido los editores quienes se comunicaron conmigo. Eso fue lo que ocurrió, por ejemplo, con Editorial Eduvim y Los budas y otros poemas.

-Imagino que todo poeta se permite cierto grado de autocrítica en relación a su producción. ¿Qué temas o formas considerarías recurrentes en tu poética?
-Suelo pensar que en la poesía, como en la vida, no hay muchos temas importantes, y que por eso hablamos siempre de lo mismo, aunque pueda resultar más o menos evidente. También considero que el escritor habla en última instancia de sí mismo, o al menos a partir de sí mismo, por más que no parezca: no es sino a través de la propia e inevitable subjetividad que podemos expresarnos. En cuanto a la forma, entiendo que un artista debe ir forjando un estilo particular. El poeta tiene que crear una voz original. Diría, entonces, que las recurrencias temáticas o formales en el seno de la propia obra no me parecen necesariamente indeseables. Lo que no acepto para mí es escribir algo vacío de sentido o falto de algún tipo de singularidad, escribir sin humanidad, sin belleza, sin verdad.

-Como lectora de poesía, ¿qué es lo que buscás en un poema?
-Lo que busco en toda expresión artística: belleza, humanidad, sentido, singularidad, verdad. Me atraen sobre todo los poemas que alcanzan cierto grado de universalidad y atemporalidad, aquellos que parece que pudieran haber sido escritos en cualquier lugar del mundo, en cualquier momento de la historia. Sé que es una ilusión, que todo escrito está marcado por sus condiciones de producción, pero supongo que son esas cualidades, la universalidad y la atemporalidad, las que caracterizan de algún modo a los que solemos llamar “clásicos”. Un buen ejemplo de este tipo de poesía es, una vez más, el haiku, que surcado morfológica y semánticamente por profundas huellas de su cultura de origen y traducido mediante una labor de orfebre, casi milagrosa, por algunos pocos estudiosos, puede no obstante aprehenderse como un poema universal.

-Carina, ¿pensás que puede existir un poema musical, sin concepto, solamente como si fuera una inscripción armónica?
-Entiendo que la música es un sistema simbólico y el lenguaje otro. En la escritura de poesía son las palabras las que generan la música y el sentido. Tal vez desde otra perspectiva pueda concebirse un poema fraguado de materiales simbólicos diferentes a la palabra, pero en lo personal no me interesaría escribirlo o leerlo.

-¿Cuál es tu álbum predilecto o banda que recomendarías, y por qué?
-Por estos tiempos suelo escuchar jazz, sobre todo. Pero me gustan mucho los tangos, los boleros, las zambas, las czardas y rapsodias húngaras, la canción francesa y la rusa, la música barroca, el rock. Disfruto de música muy diversa, aunque elijo qué escuchar en cada momento y lo dosifico porque influye de manera marcada en mi estado anímico. Hace un tiempo descubrí a un músico ucraniano de gran personalidad: Estas Tonne. Lo conocí por un trabajo maravilloso, Internal Flight, pero todo lo que he podido escuchar de él me parece fascinante.

-Por último. Hay quienes sostienen que la poesía es la más honda de las religiones. ¿Cuál es la motivación esencial que te impulsa a escribir?, ¿hay alguna en particular?
-Escribo poesía desde muy chica. Desde que tengo memoria disfruto del trabajo lingüístico que implica concebir el poema. Más allá de eso, en algún momento de mi adolescencia ciertos versos me atravesaron, me deslumbraron, me enseñaron cómo el dolor puede trasmutar en belleza. De alguna manera comprendí que eso que se me estaba mostrando era arte y lo quise para mí: elegí esa forma de sublimación, de salvación. La poesía fue volviéndose parte constitutiva de mi existencia. Y sí, asumir la poesía como forma de vida puede resultar algo místico. No reniego de eso.

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Carina Sedevich (Santa Fe-Argentina, 1972), reside en Córdoba, Argentina. Licenciada en comunicación y especialista en semiótica. Ha publicado los libros La violencia de los nombres (1998), Nosotros No (2000), Cosas dentro de otra cosa (2000), Como segando un cariño oscuro (2012, con reedición en España), Incombustible (2013, con reedición en España), Escribió Dickinson(2014), Klimt (2015), Gibraltar (2015). En 2016 aparecieron Un cardo ruso y Cuadernos de Lolog.

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