La narradora de Marea en un momento enuncia un interés: el deseo de escribir un libro de los sueños. Algo que ya venimos leyendo en el libro. Pero de qué tipo de libro de los sueños se trata. Hay algo que hace que no nos baste con llamarlo así. Como lectores quizás conozcamos ese libro de los sueños, meramente de los sueños, de Michel Leiris, Noches sin noche y algunos días sin día, en el que se cuenta un sueño tras otro y ni una cosa más. No hay un trabajo de interpretación de los sueños en Leiris, una comprensión respecto de la propia vida que ellos generen, un sentido. Los sueños están contados como cosas que pasan, con una contundencia de realidad, sin ser situados con la típica introducción “soñé que”. Marea de Graciela Batticuore también trata a los sueños con seriedad y contundencia pero no está en ese mismo lugar. A Nina, la narradora, le interesa lo que dice el sueño respecto de su vida, la reflexión a la que la lleva, la comprensión que produce. Entonces no basta con el sueño, sino que aparece el momento de la vigilia, en el que se produce la comprensión de ese sueño, su relevancia en relación con la vida de la narradora. Y eso mismo también sucede con el recuerdo. A lo largo de la novela se cuentan también escenas del pasado, que operan de la misma manera. Marea escribe sueños pero también recuerdos (esos sueños despiertos), tratados como una materia similar, con una escritura poética que se queda en el placer material del lenguaje y del detalle, pero que al mismo tiempo contienen la inminencia o la gravedad de la revelación. El libro de Batticuore propone una operación sobre los sueños y el recuerdo, una especie de accionar sobre ellos o con ellos, que los conecta con un sentido que iluminan y con una comprensión del yo íntimo, que se revela “de un solo golpe”. La narradora reflexiona, se pregunta, y llega a iluminaciones sobre lo que significan la sexualidad, la maternidad, la pareja, el amor para ella. Y en esa búsqueda, en esa reflexión permanente, está también el carácter de ensayo del libro. Más que un libro de los sueños sería un libro de lo íntimo, tal como enuncia Nina: “Siente que algo se está moviendo en su vida sigilosamente. Quiere escribir una pieza acerca de lo íntimo.” Un libro sobre lo que desestabiliza y promueve a reflexionar, a buscar un sentido del “yo profundo”; al mismo tiempo que una reflexión sobre qué es lo íntimo.

Me interesó mucho un recorrido del libro alrededor de la maternidad, el vínculo con su hija y con su madre. El libro traza las marcas de ese vínculo materno, tan poderoso. Y en esas trazas también se dice algo sobre el padre de la niña. Hay una escena en la que le pide al padre de su hija que se comprometa más en la crianza y él le responde que es obligación de ella ocuparse de la nena y que esos planteos en realidad se deben a sus problemas con su maternidad. La respuesta de él busca dar vuelta la cuestión, como una manera también de esquivar el bulto. Apela a la tradición patriarcal respecto del lugar de la mujer, de la madre, y del hombre; pero Nina no desarticula ese planteo contrastándole simplemente una ideología feminista, sino que se pregunta, por un lado, sobre la pertinencia de su planteo inicial, la utilidad y, por el otro, sobre si es mala madre, el punto en que aparece su deseo como mujer más allá de su condición de madre, y la dificultad para ella de sostenerlo contra una tradición que también la afecta. Hay algo muy femenino y feminista en la manera en que es interpelada por las palabras de su expareja. Esa capacidad de reflexionar sobre la estrategia, y también de preguntarse más en profundidad, dar lugar a lo que dice el otro para llevar a cabo una búsqueda interna, sin dogmatismos, que tiene sentido para ella. La escritura de lo íntimo sería también abrirse a la desestabilización, a la pregunta, a la reflexión y a la puesta en cuestión, poniendo en suspenso la respuesta automática y dogmática.

Marea lleva a cabo esa exploración a lo largo de todo el libro -a modo de ensayo, de poema, de novela-, en torno a muchas cuestiones de su vida y de su vínculo con la escritura. En la novela-ensayo de Batticuore ante todo está el despliegue de una reflexión que sostiene una pregunta y la necesidad de explorar la trama de lo íntimo; y está la lengua, la pasión por los detalles y por relatar escenas cargadas de sentido y de emotividad.