Libros
26/10/2022

Mariano Blatt: “Me gusta Twitter, pero me gusta más el misterio de guardarme cosas”

Hablamos con el poeta y editor argentino sobre la reedición ampliada de Alguna vez pensé esto, su registro de preguntas existenciales, souvenires de la nocturnidad y travesuras léxicas que le pasaron por la cabeza durante una década.

Ese sueño que, diez minutos después de despertar, se esfuma en una neblina mental. Los ingeniosos juegos de palabras que quedan desarmados por un llamado telefónico inoportuno. Los grandes proyectos impulsados por el trip de la lisergia que se pierden en un living fluorescente. Marcas en un libro, paisajes en las ventanillas del colectivo, sexo ocasional: todo lo que se nos ocurre o nos entusiasma se puede olvidar por la sobreestimulación de lo cotidiano. A Mariano Blatt, no.

En Alguna vez pensé esto (Diarios 2012-2021), publicada por Caballo Negro Editora, la cotidianidad se enlaza como post-its poéticos que invitan a apreciar el tránsito de la rutina y a remover lo normado, más aún si viene de la RAE. “La poesía es una cosa urgente: no pasa nunca, pero cuando pasa, pasa”, escribe el poeta y editor argentino. Es allí donde está listo, con el documento abierto en el celular para añadir una anécdota lasciva, un olor que evoca recuerdos, un piropo tumbero.

Al terminar el texto, se valoran más las potencialidades de la escritura. Se toma dimensión de los beneficios que trae vivir el lenguaje escrito con intensidad: es el único capaz de pasearnos armoniosamente por el mejunje de imágenes que se acumulan en el calendario del autor, una vida atravesada por las lecturas maricas del siglo XX y los procesos de edición, un trabajo que no se puede dejar en la oficina. Era necesario, entonces, hablar con Blatt, para que relate la génesis de estos diarios personales y la forma en que la escritura significa un arma para enfrentar los desafíos profesionales, incluso el de no poder escribir.

¿Hubo un momento en el que pensaste: “Este registro de lo cotidiano se va a convertir en un libro”?
Este libro tiene dos ediciones. La primera edición fue más acotada, del año 2014, en una editorial que se llama Triana, que es más chica. Fue una tirada muy escueta y circuló muy poco. Esta segunda edición de Caballo Negro incluye años posteriores a la primera edición. La respuesta a tu pregunta está antes de esta segunda edición.

La verdad es que no me acuerdo en qué momento hice el click. Este diario lo empecé a escribir en el 2012 como para anotar cositas. En ese tiempo yo estaba escribiendo poca poesía y me agarró mi primer bajón de decir: “No estoy escribiendo nada”. Hasta ese momento me resultaba muy fácil escribir poemas, y desde ese momento me empezó a costar más. Comencé a tener una abstinencia de escribir poemas y dije: “Bueno, anoto cosas acá por lo menos”, frasecitas o lo que fuera que se parezca a la escritura y no sea una poesía.

Seguro que al principio no pensé que esto iba a convertirse en libro. El primer año era más bien un documento en donde yo entraba y lo usaba para anotar cosas. Creo que, con el paso del tiempo, ya iban tres años de escribir ahí y pensaba que se podía convertir. Después llegó el pedido del primer editor del libro, Alejandro Jorge de Triana, que quería editar alguna poesía mía. Yo no tenía ninguna poesía ni ningún libro para darle, pero le dije: “Mirá, tengo esta otra cosa, capaz te interesa. Capaz pueda estar bueno”. Y sí, le gustó. Pero eso es más bien cuando un editor ingresó en el libro. Yo creo que en el 2014 ya pensé que era algo que se podía publicar.

Es un formato de microrrelato o tweet la vuelta que le encontraste a esta imposibilidad de escribir una poesía más armada. En una frase del libro te preguntás: “¿Es poesía argentina folklórica gay de las primeras décadas del siglo XXI lo que escribo?”. Más allá de si está propuesto como una poesía o no, ¿sentís que existe algo de poética contemporánea en este texto?
Ojalá que sí. Un amigo escritor que me leyó y aparece mencionado en el diario, Blas Matamoro, lo definió como un diario de poeta. Me parece que esa es una buena definición de lo que es el libro. Para mí fue como un cuaderno de anotaciones donde dejo ideas, versos que no van a ser parte de ningún poema y algunos que sí o, como dijiste vos, tweets. Yo tengo un Twitter también, y todo el tiempo me pongo como jurado de si algo es para Twitter o algo es para el diario. Lo termino tratando de llevar al diario para mantener lo inédito. Pero sí, es como un repositorio de ideas, incluso voy dejando traducciones de lo que voy leyendo. Es un texto que siento que me va a acompañar toda la vida y espero que tenga sucesivas reediciones porque me gusta el formato de editarlo con frecuencia. Creo que irá cambiando el contenido porque voy cambiando yo o mis necesidades de escritura.

Foto: Gentileza del artista

¿Con qué criterio decidís qué es para el diario y qué da para un tweet?
Me gusta Twitter, pero me gusta más el misterio de guardarme cosas para que se puedan leer después en un formato libro. Twitter y las redes sociales en general son muy tentadoras. “Se me ocurre un poema y lo quiero poner ya”, decía antes y publicaba enseguida en Facebook. Ahora me lo guardo para una relectura y para un libro. Creo que siempre hay una tensión ahí, aunque ahora me cuesta cada vez menos guardarme las cosas para un libro o para otro formato que no sean las redes sociales. Creo que estoy más grande y no tengo tanta ansiedad.

Las redes tienen eso de que publicás algo y enseguida tenés un like o una devolución inmediata.
Es un subidón de no sé, serotonina, y eso está bueno.

Decías que esto es un diario de un poeta, pero es un diario bastante inusual por lo que escogés registrar. Por ejemplo, mencionás muchos viajes, pero no hay un relato de lo que hacés en países poco frecuentes, como lo podría hacer cualquier otro viajero. También te atravesó una pandemia y no hay una mención a eso. ¿Por qué tomaste esa decisión en el registro?
Sí, obvio, no es un diario al estilo de “Cosas que hice” ni hay una rigurosidad. Yo creo que es porque no soy un narrador. Me aburriría verme narrarme a mí mismo, y además no lo sé hacer. Este diario tampoco es algo que hago permanentemente: no tengo tiempo y no quisiera agregarme a mi vida la responsabilidad de mantener actualizado el diario. Aunque no lo haga todos los días, hay diarios que escriben después de un lapso de un mes y cuentan: “Bueno, esto es lo que hice en el último mes”, y hay un recuento o un hilo narrativo de lo que venían contando en su propio diario. Yo eso no lo tengo porque no soy un narrador.

También hay un protagonismo de las calles porteñas y el colectivo. ¿Qué vínculo hay entre el bondi y el poeta?
Creo que eso es porque soy muy porteño. Es mi personalidad, nací en Buenos Aires y viví casi toda mi vida ahí, salvo lapsos. También hablo de los bondis porque pasé mucho tiempo arriba de ellos viajando por Buenos Aires. Leí a Proust y En busca del tiempo perdido. Él tiene un montón de pasajes porque viaja en tren, le gusta hacerlo y le gusta mencionarlo. Flashea con los nombres de las estaciones, mira mapas y los nombres de las estaciones le evocan lugares. Creo que hay algo de eso con los bondis de Buenos Aires: me evocan lugares, barrios, posibilidades. “¡Qué lindo subirme a ese 108 a la mañana e irme a Villa Luro!”. Es una evocación.

Hay mucho metarrelato, sobre lo que pensás de la escritura y de la poesía. Incluso en un momento en el que te cuesta escribir, es algo que nunca dejás de pensar y no te abandona.
Eso puede tener que ver con que además de poeta soy editor literario, entonces supongo que el 99% de mi vida está atravesado por eso: soy editor, soy escritor, soy poeta y soy muy lector. Mi vida y mi día a día están en la literatura y por eso me atraviesa tanto. También suelo escribir mucho sobre qué es escribir. Mis poemas son muy metapoéticos, en muchos puntos.

El diario empieza con: “Me pregunté qué es lo más sólido sobre lo que estoy sostenido. La escritura, definitivamente”.
Claro. También es algo muy permanente en mi vida. De chiquito yo quería ser escritor, ya en la primaria. De muy chiquito yo escribo, edito y leo. No sé por qué, nací así.

En el formato diario se deja constancia de lo que hacemos, a dónde fuimos o con quién estuvimos. ¿Hay algo de registrar que estamos vivos?
Debe haber algo de eso, obvio. O que estuvimos vivos en algún momento. Hay algo muy nostálgico en registrar o escribir un diario, y soy una persona demasiado nostálgica. Creo que la escritura tiene la faceta de registro, de hacer algo con eso que te pasó. En tu mente, esa línea que escribiste sintetiza la experiencia. Para mí hay una nostalgia porque de alguna manera se escribe para sentir que las cosas no se te escaparon y no se terminaron del todo.

Alguna vez pensé esto (Diarios 2012-2021) de Mariano Blatt está disponible en librerías.