Foto: Irupé Tentorio

La obra de Julian Axat (La Plata, 1976) se manifiesta siempre en contra de las formas esclerotizadas del decir. Cada nuevo poemario suyo implica una ruptura con su libro precedente. Con Rimbaud en la CGT (Libros de la Talita Dorada), el poeta interpela a su generación. Esa que asumió roles dentro del Estado. Así, su propuesta produce zonas de choque entre “poesía, burocracia, memoria, juventud, tiempo pasado, política y justicia”, como aclara en la presente conversación. Una poesía social fuertemente comprometida con la historia y la justicia. Un registro poético atento al lenguaje, la disrupción de la voz y su forma.

Julián Axat publicó Peso formidable (2004); servarios (2005); medium (2006); ylumynarya (2008); Neo o el equipo forense de sí (2012); musulmán o biopoética (2013) y OFFSHORE y otros poemas (2016). Dirige la colección de poesía Los Detectives salvajes, de la editorial platense La talita dorada. Es responsable por las antologías Si Hamlet duda, le daremos muerte (2010) y La Plata Spoon River (2014).

– Julián, ¿por qué Rimbaud, y porqué, precisamente en la CGT?
-Te diría que el titulo “Rimbaud en la CGT” nace del encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección. Es un juego de dos elementos de apariencia contradictoria en un mismo plano y que los hace posibles, pero que les da una lógica común. Un juego de tensiones entre la frescura y el vitalismo de un joven poeta, y una institución histórica como la cúspide de la organización sindical confederada. La tapa del libro busca descolocar, el rostro de rostro aniñado y salvaje atrás de las siglas históricas “CGT”. Como personaje de la poesía Arthur Rimbaud representa un fenómeno que contradice las maneras esclerotizadas del decir. El sindicalista de base se le parece en un punto. Todo lo contrario a la figura del sindicalista de la superestructura, que suele ser un burócrata, y hablar como los poetas burócratas. La alteración del canon simbolista de fines del siglo XIX, por una forma fresca ya advertida por Verlaine, como el hecho maldito de la poesía, es Rimbaud. El hecho maldito de un país burgués, es el peronismo, en especial aquel que logra no traicionar a sus bases, el pueblo. La tensión que echo a andar en el libro: poesía, burocracia, memoria, juventud, tiempo pasado, Estado, política y justicia. Rimbaud me sirve como personaje conceptual y literario que atraviesa esos conceptos que se chocan con el peronismo.

-¿Cómo surgió y fuiste trabajando el libro en torno a esta nueva Odisea del autor de Iluminaciones?
-El libro nace en un momento de mi vida en el que experimenté distintas lecturas y vivencias. Dejaba de ser defensor oficial de pobres y ausentes en la justicia penal, y me metí a pensar desde otro lugar, el Ministerio Público Fiscal y el proyecto ATAJO. El problema del lugar y el cambio de rol en el Estado, y las formas de decir, como parte de esas experimentaciones que impactan en mi escritura. Dado que la poesía me acompaña a donde vaya (un poema por día) se transforma en una suerte de diario a salto de mata contra la tentación de transformarme en un burócrata. Uno de los fenómenos que atraviesa el libro es, algo de lo que se habló mucho desde 2013 al 2015 en la argentina, la cuestión de los jóvenes en la política. El libro interpela a mi generación que asumió roles dentro del Estado. Trata de ser una crítica a cierta nomenclatura juvenil, a compañeros que llegaron a ocupar lugares representativos, y que –por falta de autocritica o porque se la creen o porque fueron ungidos sin esfuerzo- no estuvieron a la altura de las circunstancias. Yo vengo de HIJOS, nunca formé parte de la Campora ni de ninguna otra organización filokirchnerista, mi trayectoria es otra. La poesía me sirve para interpelarme y en eso, también interpelar a mi generación.

-¿Hasta qué instancia podemos pensar este libro como una reescritura del Peronismo?
– No sé si es una reescritura del Peronismo, pero el mito y la poesía peronista, los poetas depuestos, me interesan.

-¿Por qué?
-El peronismo fue tangencial en mi familia. John William Cooke era sobrino de mi abuelo paterno, Carlos Axat (primo hermano de Cooke padre). Mi padre, Rodolfo Axat, recogió aquella línea familiar y fue montonero; desapareció proletarizándose en el frigorífico Swift de Berisso en abril de 1977. Tengo un carnet de mi padre, como delegado del Sindicato de la Carne. Su trayectoria es la de la ruptura con una familia pequeño burguesa, donde la universidad, el rugby era el eje de sus vidas. Rimbaud en la CGT juega entonces con esos linajes y rupturas, pero también con la poesía social como espacio y textura de la resistencia anómala. La reescritura de frases o slogans peronistas son parte de los versos con los que experimento o juego, pero no al estilo de “Escolástica peronista” libro muy interesante de Carlos Godoy; sino desde otro lugar, buscando lo que queda de los restos de un mito que si se reactualiza, cuesta que tenga el aura que tenía. La pregunta por los poetas peronistas no es la de si hay poetas que escriben una Oda a Milagro Sala a Cristina o a Moyano; es si existen realmente en la mirada subyacente, o son parodia o se actualizan en payadores urbanos, hip hoperos, malandras de la palabras, barderos, etc. Rimbaud en la CGT habla de los legados de un mito descascarado, pero cuya potencia plebeya sigue intacta como lenguaje del pasado-presente.

-Política y poesía. ¿Son formas de justicia? Asimismo, ¿son caminos que deben cruzarse? Pienso esto luego del sesgo combativo de poéticas desarrolladas por Francisco Urondo, Miguel Ángel Bustos, Elenzvaig, Pargas, Pipino, y tantos otras víctimas del Terrorismo de Estado.
-Son formas que se cruzan o no se cruzan con la justicia. Pertenecemos a un mundo en el que la justicia, la estética, la política o la física se han desacoplado. Como campos o formas secantes. Yo soy de los que cree que existe una relación entre un tratado de astronomía, un código penal y una obra literaria. De hecho mi poesía juega con esos cruces todo el tiempo. En la antigüedad eran mundos interconectados: De Rerum Naturam de Lucrecio, es un buen ejemplo en que la poesía es la física y la ley. Hay momentos en los que la belleza y la política también se juntan, el nazismo o el fascismo usaron instrumentalmente esas uniones, cuando fueron las vanguardias de principio del siglo XX las que apostaron a “cambiar la vida” a través del arte. Ahí vuelve Rimbaud, ahí vuelve la política en la poética de la vida. El derecho no deja de ser ficción con fuerza sobre lo real, así el arte y la justicia se juntan en cierta poesía civil: en la voz de Hojas de Hierba Walt Whitman, en el Aullido de Ginsberg en Demanda contra el olvido de Raúl G. Tuñón… la justicia poética se torna una de mis obsesiones, y creo que los autores que mencionas en algún punto trabajan ese registro de la poesía civil, independientemente que sean o no víctimas del terrorismo de Estado.

-La tuya es una poesía marcadamente referencial donde la historia tiene un peso específico muy importante. ¿Pensás que tu propuesta poética hubiese sido muy otra de no haber tenido (padecido) todos, un 1976?
-Haber nacido en 1976 y a la vez ser hijo de desaparecidos claro que hace a mi identidad, es una marca simbólica para mí, para mi generación; pero trato de que no sea el tema reiterativo de mi escritura. Como dice un amigo, otra vez con “el temita…”. En línea con lo que me preguntabas antes, sin ese 76´ quizás no estaría atravesado por el tema de la justicia (poética), eso se traduce en una tensión política en la forma de la escritura y en mi hacer cotidiano hacia los demás. Trabajo en la justicia desde hace 17 años y siempre busqué hacerlo para representar al débil, primero como empleado de una defensoría de pobres y ausentes, luego como defensor de jóvenes en la provincia, y hoy abriendo oficinas acceso a la justicia en los barrios pobres. Me interesa el problema de las voces de los que no tienen voz, ya sea porque no pueden hablar, porque ya están muertos, porque son literalmente menores, parias, marginales, desaparecidos de la historia. De ahí el cruce con mis proyectos literarios justicieros: descubrir poetas desaparecidos (el proyecto de los detectives salvajes), darle voz a los pibes asesinados (musulmán o biopoetica), juntar las voces de los muertos de una inundación (La Plata Spoon River), que hablen o se afirmen los poetas de las villas (talleres de poesía en villas).

-¿La disidencia está en el lenguaje y no en el personaje exterior que socialmente se construye un poeta?
-La disidencia es el lenguaje que no quiere ser atrapado, es el silencio y el aparato lingüístico genuino sin repetición. Son los sonidos que penetran la noche como un rayo antes de que amanezca, dejando un fulgor. El poeta de la disidencia es el médium de los muertos que sufren, la voz o el lugar de los condenados, la naturaleza a través de los cual habla la Poesía. Entonces la exterioridad que construye el poeta puede ser parte de esos registros, aunque una identidad poética disociada es también posible. La disidencia es la poesía de Pablo Neruda, de Saint John Perse, o la narrativa de Luis Ferdinand de Celine, no sus biografías. En la Argentina, solemos tener muchos poetas de la disidencia por el personaje exterior y no por la construcción del lenguaje.

-Tu poesía tiene la entereza de ser muy crítica. Pienso en “La poesía es una banda mafiosa” donde plantás un panorama en el cual la burocratización pareciera ser la norma para alcanzar cierta legitimación literaria. ¿El prestigio es una falsa moneda?
-El prestigio es una falsa moneda, aunque hay muy buenos poetas que han hecho del prestigio un mecanismo para esconderse o hacerse los pelotudos. El campo poético siempre tuvo sus amigos y sus enemigos, como en todos lados hay sindicatos mafiosos y burócratas. Poetas oficiales. Rimbaud en la CGT, es también la querella contra esos sindicatos de la poesía, las conjuraciones sagradas tipo la de “los Poetas de los 90”, “los poetas de Bahía”, “poetas del interior”, “poetas de la memoria”; etc. Recuerdo haber leído aquella secta de poetas que fabricaron Maiakovsky, Pasternak y Shlovsky, se llamaba la OPOIAZ. Un juego que en realidad era para fabricar una nueva poesía y hacer corte con el pasado de las formas lingüísticas, el futurismo, etc. Esos sindicatos sí, me interesan porque van al lenguaje. El sindicato de la guillotina poética… Ese poema que mencionas se ríe de los armados de antologías y de las pertenencias a grupos epigonales. Las mafias de la poesía suelen ser muy pequeñas y bastante canallas (¡las mafias de los directores de Cine o la de narradores son más jodidas!); cuando lo que importa es el trabajo con el lenguaje, la disrupción de la voz y la forma (el único prestigio).

-En “Sueño de defensa”, hay una siniestra circularidad que estremece. Vale la pena citarlo de modo completo: “Soñé que viajaba al pasado/ Y que un milico me decía/ vamos a permitir que seas/ el defensor de tus padres/ antes que desaparezcan/ entonces yo tenía que ser mal abogado/ y perder el juicio que me llevara/ al mismo lugar que cuando desperté”. Si es posible, me gustaría conocer la historia de ese poema en particular. ¿En verdad tuviste ese sueño?
-Ese poema es una reescritura de otros anteriores, en el que vuelvo al “temita” en modo fallido. Son sueños reales que tuve. Viajo al pasado a rescatar a mis padres y lo intento de distintas maneras, siempre sin lograrlo. En poemas-sueños anteriores (en libros: Peso formidable, Neo o el equipo forense, médium, etc) llego al departamento antes de que lleguen los milicos y discuto con mi padre para que se rajen. En otro poema, discuto con mi madre y hasta con un policía para que no se los lleven… En este poema-sueño, exijo un juicio justo a los milicos y no una ejecución tal como va a ocurrir. Allí pido ser abogado de mis padres… el problema que aquí aparece es la de desaprovechar esa concesión, perder el juicio, no convencer a ese jurado y a esos jueces del Mal. Allí el dilema no es ser un buen abogado, sino el de ser un pésimo poeta, la justicia poética, en mi sueño, podría salvar y brindarme un rescate de mi mismo en el presente.

-Tu brevísimo poema “Ars poética pos 2001” dice así: “La Poesía/ habla/ todo el tiempo/ del Estado”. Me gustaría, si es factible, glosaras la idea. También el rol-función (si es que la hay) entre poesía y Estado.
-Yo hablaría de cierto “Estado de la poesía”, una interpretación muy interesante del profesor Carlos Gassman, en la Revista La Pulseada y de otro poema que escribí en un libro titulado OFFSHORE, que se titula “El Estado se retira de la poesía sin nunca haber entrado”, y dice así: … & vuelven / losc versos perfumados con deudas contraídas / a las multinacionales del intimismo y el salón / Los mercaderes de las palabras / el pago a los buitres & no a los albatros / la sangre cartonera / el cualquerismo sin fin / vuelven los museos sin próceres & sin panes / las tertulias con el rey local de Mondadori / & nada de alpargatas / sí de mocasines / & los malos vuelven / los muy malos no los malditos / ahora vienen a tirar balas contra la sombra / de Evaristo Carriego / porque el Estado / el Estado se retira de la poesía / claro que / después de no haber entrado nunca / pero si anunciarla / con bombos & platillos. Creo que este poema responde a tu pregunta, y a la vez juega con el brevísimo poema de Rimbaud en la CGT. El Estado no habla la poesía, no puede, está obturado ante ella. La poesía entra y sale, nunca es estatal. La estatalidad está todo el tiempo ante el poeta, como problema de Leviathan, puede ser explícitos en los poemas de oficina de Benedetti; o implícitos ante el secuestro del hijo de Gelman la resistencia del verso ante el terror paraestatal; en el juego pinochetista de Bruno Vidal la poesía trastoca el lenguaje militar y produce un agujero en su forma; en Marina Tsvetaieva y Anna Ajmatova los versos adquieren la cadencia que la censura bestial de Stalin apenas pueden leer, etc. El Estado-Leviathan como problema del poeta que está en sus fauces, como Jonas en el vientre de la ballena. En mi caso, el Estado es tan solo una exterioridad-interioridad; mi poesía trata de alterar ese lenguaje, hacer recoveco, lenguaje menor dentro de estructuras anquilosadas que, como maquinas imposibles, terminan siendo absurdas o bajo otra lógica.

-Resultan siempre interesante poemas como “Cummings cunniliguis”, porque muestra la faceta también explorativa que conserva tu poesía. Lo vemos en “Todxs las patas enfuentadas”, y en el ingenioso “Encuentro entre Lautréamont y John William Cooke”, por ejemplo. El componente casi, por momentos, lúdico. ¿Qué valor ocupa la experimentación en tu poesía?
-Mis libros son todos experimentos y juegos con la poesía que me obsesiona. Desde peso formidable hasta OFFSHORE, fui cambiando de registros, tonos, temas, formatos, estilos, reescrituras, etc. También de lecturas. Comencé armando diarios de poesía, poesía del yo, pasé por la poesía social, luego algo etnográfico- objetivista, hasta jugar-reescribir los epitafios de la vieja anthology Spoon River de Edgar Lee Masters, hablan los muertos. En las dos antologías que armé, hay poetas inventados por mí que no existen, y escriben con estilos diferentes, son mis heterónimos: Rodrigo Zubiría y Leandro Daniel Barret. Ninguno se me parece, pero soy yo. Rimbaud en la CGT y OFFHORE son las últimas exploraciones, en las que –como te contaba antes- aparece el tema de la palabra y el lenguaje esclerotizado de la estatalidad, los poemas canonizados y slogans a reescribir, etc. Para mí no hay poesía sin un mecanismo lúdico ante lo consolidado, sin trastrocamiento, sin inversión. Como diría el viejo Leonidas Lamborghini, siempre nace algo nuevo de esa mezcolanza…

-Luego de leer un poema como “La ley natural” donde marcás que los poetas de ayer (los que “estaban en la resistencia”), serán reemplazados por los poetas del mañana, los “poetas caídos en desgracia/los siempre suicidados borrachos”. ¿A la poesía no le importa demasiado a nadie?
-La poesía no le importa a nadie, no me queda duda. La literatura de la buena tampoco. Ahí están los best seller en todas góndolas. Literatura chatarra. En este mundo de mierda en el que vivimos la poesía es soslayada, pero los poetas están ahí diseminados, y ojo que no necesariamente son tipos que escriben libros… Los he visto: son músicos, herreros, laburantes, plásticos, docentes, tipos que tienen el don de la mirada y la experiencia que transmiten su luz frente a la miseria del mundo. Que te tocan o te dicen algo y te quedas perplejo. Después están los que escriben sus poemarios y quedan en el olvido, la mayoría claro, pero lo intentan aun así, son insistentes por desenfreno, por románticos, pero aun que malos poetas, y yo sin falsa modestia me inscribo en esa saga… Por eso escribí ese poema “Antología de malos poetas” y que está en Rimbaud en la CGT que dice: (…) los malos poetas asaltan bancos persiguen molinos se disfrazan de empleados públicos buscan la palabra justa en basurales de los que no salen sino injustos / por eso los malos poetas de mi futura antología se juegan todo lo que tienen a mano / por un puñado de sueños de absoluto escritos malformes a la vista de los buenos poetas / esos que son buenos y punto (…)

-¿Qué poetas argentinos sentís que han sido tus referentes y con quiénes, sentís que tu poesía dialoga?
-Pues todos los que he mencionado en esta entrevista, agrego a Parra, a Lihn, a Bolaño, a Teiller, todos los de Hora Zero, a mis cercanos y con los que dialogo a diario: las poetas Lorena Fernandes, Silvia Castro, y Patricia Gonzalez López. El platense inolvidable Nestor Mux, el citybellino José María Pallaoro, el gran Emiliano Bustos, el cine-poeta Nicolás Prividera, el poeta peronista Mariano Dubin, el sensible Fernando Araldi Oesterheld, el ya latinoamericano Carlos Aldazabal, el villaelvirense Carlos Aprea, el actualmente opinólogo Mariano Schuster, el chileno Absalón Opazo Moreno, el carioca Pádua Fernandes; y nuestro poeta maldito que fue Pablo Ohde, quien nos dejó hace ya unos años, pero con quien no dejo de conversar en sueños.

-Por cierto, ¿cómo ves el panorama de poesía actual argentina?, ¿notás mucha frivolización de la palabra?
-El panorama argentino es el Latinoamericano, diría que es tal como se titula una antología reciente: “una poesía ante la incertidumbre”. La batalla por la palabra es la de recuperar la consciencia, des-alienar. Son tiempos jodidos para la poesía, desde que el fascismo usa la lengua para colonizar las mentes y oprimir a sectores; se viralizan formas de la palabra que son cliché para estandarizar formas del decir y hacer. Los medios de comunicación hegemónicos silencian las voces reducen la realidad simplismos efectistas, frívolos, vaciados que se reproducen a toda velocidad. La estética y el arte se presentan como sublevación de museo, del campo académico, del fetiche de la mercancía para goce de pocos. Se trata de recuperar zonas de la experiencia, la solidaridad, el encuentro de los cuerpos con una potencia alegre en un plano no reificado. Una político-poética para vivir en un mundo mejor. Claro que esa poesía de la resistencia de la que hablo es la poesía de la esperanza, un futuro de la palabra que tiene que nacer también, como antorcha, de las nuevas generaciones.

-¿Cuál es tu álbum de música favorito o alguno bueno que recomendás?
-Elijo a Steve Vai, y su “Pasión & guerra de fuego” pues soy amante de las guitarras y los virtuosos de la eléctrica:

Comunidad Indie Hoy