Está claro que nadie alcanza el éxito de la noche a la mañana. Y en el caso de las bandas, mucho menos. Aquellas que lograron consolidarse y ser reconocidas a nivel mundial, al punto de llenar estadios con 100.000 personas, alguna vez supieron cantar para veinte, treinta, cincuenta, o como en el caso de The Rolling Stones, para tres personas.

En el libro The Rolling Stones in Concert 1962-1982: A Show-by-Show History, Ian M. Rusten detalla cada show de la banda en ese lapso de tiempo, desde las primeras apariciones en pequeños clubs de Londres hasta las más grandes, producto del fenómeno global en el que se convirtieron luego.

Y en este compilado, que Infobae retoma en forma de crónica con mucho detalle, Rusten hace mención a la aparición que hicieron los británicos en el Crawdaddy Club de Londres, que formaba parte del Richmond Station Hotel.

Era el año 1963, más precisamente un 24 de febrero, y el dueño del local Giorgio Gomelsky –primer mánager de la banda que promovió varios de sus shows cuando todavía eran una promesa- recuerda que en el lugar había tres personas. Aunque otras aseguran que el número se elevaba a treinta, lo que es seguro es que ese día fueron muy pocos los presentes que disfrutaron de la banda que luego alcanzaría el mote de leyenda.

Según detalla Infobae, en base a los datos brindados por Rusten, la banda realizó dos sets de 45 minutos cada uno, con un intervalo, y cada integrante cobró una libra esterlina por tocar allí esa noche.

“El domingo 24 de febrero de 1963, The Rolling Stones se presentaron en el Crawdaddy Club y fue el comienzo de una era que aún sigue vigente. Esos domingos fueron fundamentales para los que vendría después. Para ellos y para la música toda. Grabar un disco todavía era una idea lejana, los estudios eran caros y ellos apenas sobrevivían y se compraban algún que otro equipo. Pero un día llegó a verlos Andrew Loog Oldham y la suerte comenzó a cambiar rápidamente”.

Podés leer la crónica completa acá.