Hoy nos despertamos con la triste noticia del fallecimiento de una de las voces norteamericanas que mejor supieron narrar el siglo XX, puesto que el autor Philip Roth murió durante la noche de ayer, martes 22 de mayo, en su casa de Manhattan a los 85 años. Según confirmó su agente Andrew Wylie, la causa de su deceso fue una insuficiencia cardíaca.

Roth nació en 1933 en Newark, Nueva Jersey, y tenía ascendencia judía de Europa del este. Apenas terminó de cursar sus estudios comenzó a consagrarse como un escritor sobresaliente dentro de su generación y de hecho muchos lo recuerdan como un eterno candidato al Premio Nobel, reconocimiento que nunca le fue otorgado. Lo cierto es que su vasta obra, que comprende desde creacciones ficcionales (novelas y compilados de cuentas), piezas periodísticas y ensayos sobre toda clase de asuntos, le valieron la obtención de otros importantes galardones como un Pulitzer y tres PEN/Faulkner Awards.



Dentro de los más de 30 títulos publicados por Roth, trayectoria literaria que comenzó en 1959 su opera prima Goodbye Colombus, se destacan algunos como El lamento de Portnoy, publicado en 1969, del cual mucho se comentó a causa de de la compleja sexualidad de su personaje central, Alexander Portnoy. Décadas después, el autor también cosechó un enorme éxito con la trilogía compuesta por Pastoral americana (1997), Me casé con un comunista (1998) y La mancha humana (2000).

A pesar de que suele ser bastante recordado como un escritor que profundiza en los dilemas que supone la condición de ser judío en un país como los Estados Unidos, Roth en más de una ocasión se quejó de que se lo quisiera encasillar en ese estereotipo étnico y llegó incluso a comentar al respecto:

“Si no soy un americano, no soy nada”.

De modo que pretendía que su obra tuviese un carácter universal y no se la tomara en cuenta solo respecto de una minoría. Sus recursos narrativos siempre fueron bastante introspectivos y lo psicológico juega un papel preponderante en la construcción de sus historias, por lo cual en muchos casos recurrió a la creación de alter egos como el de Nathan Zuckerman, que protagoniza varios de sus títulos, así como también fueron preponderantes asuntos relativos a la enfermedad y la muerte.

Ahora que ha fallecido, The New Yorker lo recuerda con un obituario que señala los aspectos más fundamentales que son abordados en su obra:

“La familia judía, el sexo, los ideales americanos, la traición de los ideales americanos, el fanatismo político y la identidad personal”.

Lo cierto es que Roth decidió retirarse del mundo de las letras en 2012 dejando pegado en su computadora un post-it que decía:

“La lucha con la escritura ha terminado”.

Recordemos además que en ese mismo año ganó el Premio Príncipe de Asturias.