Este fin de semana tuvo lugar una nueva edición de Cosquín Rock en el Aeródromo de Santa María de Punilla, Córdoba. El tradicional festival reunió a miles de personas durante dos jornadas atravesadas por colaboraciones en los escenarios, reversiones de clásicos del rock nacional y una programación que volvió a poner en diálogo a distintas generaciones y géneros musicales.
A lo largo del encuentro, el predio se transformó en un espacio de pertenencia donde convivieron artistas consagrados y bandas en ascenso. Desde las figuras históricas del rock argentino hasta exponentes actuales del pop, el trap y la electrónica, la grilla ofreció un recorrido amplio que sostuvo la identidad del festival sin perder apertura ni actualidad.
En este contexto, BBVA volvió a decir presente como sponsor del festival, reafirmando su vínculo con uno de los eventos culturales más convocantes del país. Allí, la marca desplegó una activación especial que coincidió con el 14 de febrero, Día de los Enamorados, transformando su espacio en el epicentro del “amor rockero”. La propuesta invitó al público a “casarse” simbólicamente con aquello que aman -una pareja, una banda, el rock o cualquier pasión personal- en una experiencia que mezcló emoción y momentos divertidos.


Además de ofrecer beneficios y descuentos (12 cuotas sin interés en la compra de entradas, 20% de reintegro en gastronomía, 3 cuotas sin interés en merch oficial y cajas exclusivas para carga de pulsera), cada consumo sumó millas para futuros viajes, extendiendo la experiencia más allá del festival y reforzando la idea de celebrar vínculos, música y momentos compartidos. La presencia de BBVA se completó con la Experiencia Fanatic, una zona exclusiva para disfrutar de las mejores vistas del predio y de áreas de descanso que, en festivales de esta magnitud, nunca vienen mal.
A continuación, y de la mano de BBVA, recorremos los momentos más destacados de los dos días de Cosquín Rock 2026.
Día 1: De las guitarras de Dillom a la habitual sofisticación de Babasónicos
Como ya es costumbre, el primer día del Cosquín Rock 2026 estuvo cargado de sorpresas y momentos icónicos. Desde la interpretación de covers inesperados hasta cruces históricos sobre el escenario, la jornada inaugural del festival estuvo marcada por propuestas musicales de todo tipo, abarcando el rock, el pop y la electrónica en todas sus formas y colores.
El show doble de Jóvenes Pordioseros y Viejas Locas (x Fachi y Abel) congregó la mayor cantidad de público al final de la noche del sábado e hizo bailar rolinga a todo el Aeródromo de Santa María de Punilla. Mientras la banda encabezada por Toti Iglesias desplegó una presentación contundente y concisa, Fabián Crea y compañía subieron al escenario para interpretar canciones como “¿Qué vas a hacer tan sola hoy?”, “Perra” y “Todo sigue igual”. Aunque se rumoreaba que Pity Álvarez podría llegar a aparecer, el histórico líder y fundador de la banda no se presentó.


Minutos antes, en el Escenario Norte, Lali desplegó un show titánico y dio cátedra sobre cómo debe ser un espectáculo pop. La artista salió al escenario con un vestido estampado con frases y declaraciones de sus haters y no solo interpretó canciones esperadas de su catálogo, como “Fanático”, “Mejor que vos” y “Disciplina”, sino que hacia el final de su presentación coronó su segundo Cosquín con su propia versión de “Los viejos vinagres”, de Sumo.
Otro de los números internacionales fue el de Franz Ferdinand, el conjunto escocés que días antes había ofrecido su propio show en Buenos Aires. A diferencia de su presentación en el C Art Media, la banda liderada por Alex Kapranos se encontró con un público algo más contemplativo y pasajero que, aun así, no dudó en saltar y celebrar en temas como “Take Me Out” y “Do You Want To”. “Aquí estamos en la fiesta de Cosquín”, entonó el cantante, modificando una frase de esta última canción.


Por su parte, en el Escenario Norte, Dillom anticipó el sonido de su próximo disco de estudio con un show de actitud punk —que incluyó un cover de “I Wanna Live” de Ramones— y un repaso por las canciones más guitarreras de su catálogo, como “Ola de suicidios”, “Reality” y “Rojo profundo”, su último single.

Babasónicos irrumpió en el mismo escenario con su habitual sofisticación y sensualidad para hacer bailar al público con una lista enfocada en hits, sumando además algunas canciones de su último LP, Cuerpos Vol. 1.
The Chemical Brothers fueron uno de los pesos pesados de la noche. El dúo británico de música electrónica fue el encargado de cerrar la primera jornada del festival con un setlist de más de 15 canciones y visuales impactantes proyectadas a lo largo y ancho del Escenario Montaña. Clásicos del house como “Do It Again” y “Galvanize” marcaron el pulso de una interpretación intensa y cargada de estímulos.


La tarde del sábado estuvo repleta de otros momentos únicos: El Kuelgue invitó a Litto Nebbia para interpretar juntos una versión emocionante de “Sólo se trata de vivir”, y a Emi Brancciari, de No Te Va Gustar, para un cover de “Mil horas” de Los Abuelos de la Nada.
Marilina Bertoldi ofreció uno de los shows más potentes y explosivos de la jornada, luciendo su ya icónico look de “Miss Cosquín”; y Joaquín Levinton abrió el show de Turf llegando al escenario en ambulancia y en camilla, en tono de parodia y riéndose del episodio de salud que sufrió el año pasado tras haber sido internado de urgencia por un infarto.

Día 2: Emblemas del rock nacional y el cierre consagratorio de Peces Raros bajo la lluvia
Si la primera jornada del Cosquín Rock fue memorable e intensa, la segunda no se quedó atrás y ofreció una nueva sucesión de momentos destacados. Aunque el clima se mantuvo despejado durante gran parte del día, hacia el cierre de la noche desmejoró y una tormenta se desató pocos minutos después de iniciado el show de Peces Raros, transformando la presentación del dúo platense en una experiencia aún más inmersiva y consagratoria.
Las visuales proyectadas sobre el escenario, en diálogo con la lluvia persistente y el pulso electrónico de temas como “Cicuta”, “No van a parar” y “Nada para siempre”, terminaron de dar forma a una actuación que, sin duda alguna, quedará impresa como una de las más recordadas de esta edición.


El show de Airbag fue otro de los grandes puntos de la noche. La banda de los hermanos Sardelli tuvo una de las convocatorias más multitudinarias de todo el festival —tal vez la más grande— y trasladó al predio parte del repertorio y la puesta que vienen desplegando en sus recientes presentaciones en los estadios de River Plate y Vélez Sarsfield. “Huracán”, “Anarquía en Buenos Aires” y “Colombiana” sobresalieron entre los momentos más encendidos de un set que confirmó el inmejorable presente del trío.
Al mismo tiempo que Airbag hacía vibrar a una multitud, Trueno desplegaba, del otro lado del predio, una presentación enérgica y contundente. Mateo Palacios subió al escenario junto a su padre y su banda para irrumpir con potencia, entre barras filosas y una puesta escénica precisa. Dividido en cinco bloques, el show incluyó temas como “Feel Me??”, “Fuck el Police” y “Tranky Funky”, aunque uno de los puntos más altos llegó cuando invitó a León Gieco a compartir “Cinco siglos igual” y “Tierra zanta”, en un cruce generacional de fuerte carga simbólica.


Minutos antes, mientras Divididos concentraba a buena parte del público en uno de los escenarios principales, Marky Ramone —último baterista de los Ramones— se presentaba por primera vez en el festival cordobés ante un núcleo fervoroso de seguidores. “Rockaway Beach”, “Sheena Is a Punk Rocker” y “The KKK Took My Baby Away” fueron algunas de las piezas inmortales del repertorio ramonero que resonaron en la noche serrana.
Durante el atardecer, el escenario principal recibió a Fito Páez, quien regresó al Cosquín Rock después de tres años y, entre reflexiones y diálogos con el público, trazó un recorrido por su vasta discografía. Desde Giros (1984), pasando por El amor después del amor (1992), hasta llegar a Novela, su álbum más reciente, publicado en 2025, el músico rosarino repasó distintas etapas de una obra que ya forma parte del cancionero argentino. “Me siento muy orgulloso de ser un pequeño eslabón de la cadena genética de la belleza de la música argentina”, expresó con emoción, en uno de los momentos más íntimos de la tarde.

En las primeras horas de la tarde, y con apenas minutos de diferencia, tuvieron lugar dos shows tan distintos como cautivantes. Por un lado, Bandalos Chinos —ya habitués del festival— presentaron las canciones de su último disco de estudio, Vándalos, publicado el año pasado, y desataron un baile multitudinario en uno de los escenarios principales con temas como “Revelación II”, “El ritmo” y “Comando juntar”.
Por el otro, Devendra Banhart propuso una experiencia casi antagónica: un set íntimo y silencioso, acompañado únicamente por dos de sus guitarras y un puñado de canciones que parecían susurradas al oído. Aunque fue un espectáculo menos concurrido, estuvo atravesado por la magia cristalina del artista, a los pies de la sierra todavía nubosa.

De este modo, Cosquín Rock volvió a confirmarse como mucho más que un festival, funcionando como un espacio de confluencia entre generaciones, estéticas y formas de sentir y vivir la música. El evento reafirmó que su relevancia dentro del mapa cultural argentino radica en esa articulación entre música en vivo, encuentro federal y una experiencia compartida que trasciende lo estrictamente artístico.
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