Ver a Mueran Humanos por primera vez en Niceto fue reencontrarme con mi infancia. Las lecturas que más me interesaban en mis primeros años eran Edgar Allan Poe y Horacio Quiroga. Los Cuentos de amor de locura y de muerte me foguearon a morir, así como las Historias extraordinarias del narrador estadounidense. Esas tensiones que ambos autores supieron conjugar, las vi en el recital del oscuro dúo electrónico.

Mariana Enríquez, la destacada novelista argentina, leyó un cuento tenebroso con unas visuales de fondo a tono. Mientras comentaba este texto fue intervenida por sintetizadores y golpes de batería. En su cuento se mezclaban las anécdotas de la infancia con cementerios y mutilaciones. “¿Quién guarda bebés sin cerebro en un freezer?”, preguntaba Enríquez, o “¿Por qué no es noticia un bebé muerto, robado y mutilado?”.

Después del precalentamiento con El Último Subsuelo, se presentaron en el escenario los Mueran Humanos. Arrancaron con un tema de su nuevo disco («¡que saldrá pronto, esperamos!») para continuar con “Horas tristes”, un clásico a esta altura de su carrera. El clímax de la noche se alcanzó con “El círculo”, otro infaltable del repertorio que canta “Porque nacimos para andar descalzos/ sobre las cabezas de los reyes”.

El ambiente que generó Mueran Humanos ese sábado a la noche se pareció a una disco gótica de los 80. Bailamos sumergidos en un trance, a veces mirando a la nada o tratando de pensar en otras cosas. Carmen Burguess y Tomás Nochteff lograron yuxtaponerse, complementarse y dar con un monstruo performático donde afloran capas de sonidos inextricables, desde una profundidad desgarradora. Se despidieron con “Corazón doble”, para que los esperemos del otro lado de la tormenta.

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Foto principal: Zeze Fassmor.