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Viernes podía ser el mejor día o el peor. El del medio de tres, cansados del primer día y sin la sensación del último de “esto ya se termina”. El frío cada vez se nos hacía más inaguantable. Sin embargo el cartel de la segunda jornada nos llamaba por varios motivos: íbamos a ver a unos grandes, Blur; a unos conocidos que sabíamos que no nos iban a defraudar, Django Django; alguna curiosidad como Solange; y un descubrimiento del último año que realmente nos ha enamorado, Daughter.

Inauguramos Siberia Sound con el sonido de Peace. Un disco prometedor que en directo supo a otro grupo más. Parece ser que las propuestas de las primeras horas no acababan de entrar y la masa se movilizó hacia Django Django. El cuarteto británico ha presentado este año un exitoso álbum debut que pudimos escuchar en el pasado FIB, concierto del que nos fuimos maravillados por la propuesta pero que ciertamente faltaba refinar. Y esta vez lo hicieron, un año más tarde y ya sobradamente profesionales, orquestaron un concierto redondo ante millares de personas a la expectativa. Un concierto enérgico, que pese a la temprana hora, hizo bailar desde la primera hasta la última fila. Destacaron sus imponentes y continuadas percusiones, y ese toque electrónico en todas las canciones, que sonaron con personalidad propia, distanciándose del sonido del disco. Su vestimenta tampoco dejó indiferente, se agradece de vez en cuando un poco de uniformidad, en este caso en trajes blancos de distintos motivos geométricos en negro. “Default” hizo temblar, “Life’s a Beach” emocionar, y “Wor” –mi preferida- cabalgar sin parar. Compitiendo con Blur hay dudas de cual de los dos fue el mejor concierto del viernes, pero lo Django Django fue una auténtica pasada, sobre todo por el hecho de que muchos de los que estaban allí tenían esa cara de sorpresa, de haber ido a ver “algo que no se muy bien qué es” y “ahora mismo estoy alucinando”. Se llevaron al público metido en el bolsillo, sin duda. Si tenemos algún “pero”, es posible que la voz a veces fallara un poco….

Solange era otro de nuestros grandes atractivos para la noche del viernes. La hermana de Beyoncé ha sabido ganarse a la crítica de la escena más alternativa, distanciándose del gran peso que podría llegar a suponer ser la hermana de quién es. Sorprendió que en un festival como el Primavera Sound, donde la media de edad es de 31 años, apareciesen de golpe gran cantidad de niñas adolescentes… ¿sabían a lo que venían? Espectadores a parte, y no muy favorecida por el escenario -¿les he dicho ya que odio el Pitchfork?-, Solange ofreció un buen concierto, en general un poco llano, pero con estilazo y perfectamente estudiado. Sustancial el hecho que le acompañaba una banda para envidiar, Dev Hynes incluido. El publico se desató al final con “Losing You“, tema para el que la menor de las Knowles pidió que olvidásemos los móviles y cámaras y nos dejáramos llevar por la música. Se puede decir que Solange salió victoriosa, demostrando que su proyecto va en serio, que sabe a dónde va y cómo va, que va sobradísima en cuestiones vocales, y que –por qué no decirlo- el título de la más “cool” de todo el Primavera va para ella.

Lo de La Bien Querida que me lo expliquen. No he visto propuesta más desaborida en mi vida… eso y las únicas tres palabras que salían de la boca de Ana: “Que frío hace”. Pues sí, lo sabemos. Ni un simple “Gracias” en todo el concierto. Nada más que añadir, porque si nos ponemos a hablar de lo musical puede ser aún peor. Vamos a por Local Natives, que total, pasamos a ver La Bien Querida solo mientras esperábamos en el escenario de al lado para poder disfrutarlos a ellos. Sinceramente, este cuarteto me tiene enamorada. Una propuesta fina donde las haya, equilibrada, delicada y ciertamente elaborada. Y otra vez más ocurrió lo de siempre en el Pitchfork: demasiada gente, escenario lejos, sin pantallas y sonido un tanto bajo. No importa, sonaron como los ángeles –que para eso son de allí-. Una proyecto no demasiado fácil de llevar al directo, sobretodo por la precisión que requieren sus distintas voces, que clavaron al milímetro. Exquisitos.

Y lo siento por Daughter -porque me moría de ganas de verlos-, pero programarlos a media noche, en el Pitchfork -que odié hasta más no poder-, además de ser el escenario más frío y más alejado de Blur, después de una tarde animadita, como que cortaba un poco el rollo… Y por esas cosas sin sentido que ocurren en los festivales, de querer escuchar la propuesta dulce y tranquila de los ingleses, acabamos con el metal más hardcore de Neurosis. No es que nos apasione su estilo, pero son un grupo mítico de esos que tienes que ver por lo menos una vez antes de morir. Y bueno, es que tocaban en el ATP, al ladito de lo que iba a ser el apoteósico concierto de Blur –hay que tomar posiciones, ya sabéis-. Sonaron como tenían que sonar: duros y salvajes.

Blur, o el “remember” más grande y apoteósico jamás vivido. Empezaron fuertes con “Boys & Girls“, y consiguieron mantener el nivel de principio a fin. Concierto de hits como el que más, que nos transportó en un recorrido histórico desde nuestro yo adolescente con “Country House“, pasando por un “Tender” -coreado por el público incluso una vez terminado-, hasta obras más avanzadas como la maravillosa

Beetlebum“. Damon Albarn motivadísmo, derrochando energía y expresividad, no desafinó ni un segundo, y estuvo delicioso al piano con ese nuevo “Under the Westway“. Eso sí, mucho más guapo cuando el micro le tapaba ese diente de oro… Después del break final explotaron grandes “The Universal” y “Song 2“, temazo que nos desgañitó del primero al último, pero que hasta que no llegó, no percibimos que faltaba. Tanta retahíla de hits nos había dejado borrachos de emoción. Creo que fue un concierto único, tanto para los más fans como para los renegados que se acercaban a ver “que hacían estos”. 20 años más tarde Blur pueden hacerlo, y lo han hecho. Por cierto, fue un detalle por parte de la organización, el concierto sorpresa de The Wedding Present desde la terraza de la VIP mientras esperábamos ansiosos el directo de los de Colchester.

The Knife es una de las crónicas que más me ha costado hacer de todo el festival. Se sabia que los suecos iban a sorprender, pero nadie imaginaba bien bien por donde iban a venir los tiros. Por un lado el último disco no acaba de convencer, parece que gustaba mucho más su propuesta anterior, quizás más sencilla a la escucha, quizás más bailable; por el otro, la incógnita de su directo congregaba cada vez a mayor número de curiosos. Empieza el “Shaking the Habitual Show“. Túnicas, colores, purpurina, bailes… no voy a ser yo quien no agradezca un buen espectáculo en el escenario, al fin y al cabo un directo debe ser un buen entretenimiento. El problema llega cuando los músicos, en vez de estar tocando, están 100% dedicados a ese show. ¿Música pre-grabada? Si, señores… al completo. Me parece genial la escenografía, las coreografías, las luces, etc… todo forma parte de darle al público algo que pueda recordar, algo memorable; pero si esa opción significa tirar a la basura el directo y darle a una tecla que ponga “Play”, me parece una tomadura de pelo. Al final el baile contagió, eso sí, y acabamos todos igual, 25.000 personas saltando a ritmo del Knife-cassete.

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Con los pies reventados terminamos esta segunda jornada del Primavera Sound con el Dj Set de Daphni, el nuevo proyecto de Dan Snaith de Caribou que también dió para unos buenos brincos.

Txt: Leonora Casacu
Fotos: Pablo Luna Chao