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Cobertura fotográfica: Laia López Franch

El segundo día a punto estruvo de pasar a la historia por las tormentas y las lluvias, pero finalmente, éstas decidieron no acaparar excesivo protagonismo y su aparición quedará solamente en anécdota. El fenómeno, en éste caso no meteorológico, que quedará para el recuerdo del viernes y probablemente de todo el festival, es el que tuvo lugar a la una de la madrugada en el escenario principal con el directo de Kasabian.

Pero antes aún había que ir calentando motores, y pasadas las siete de la tarde, en el escenario Trident, los barceloneses Manel eran una buena opción. Nada más subir a las tablas comenzaron a sonar los primeros acordes del que fue hace ya cuatro años su primer gran éxito “Al mar“. Una versión acústica que sirvió para dar la bienvenida y saludar al público.
El cuarteto fue desplegando material durante los tres cuartos de hora que tenían asignados: “Benvolgut“, “Ay, Dolors“, o “Boomerang“; calmadas piezas que hicieron las delicias de unos asistentes que tarareaban tan agradables letras. La banda dejó su personal impronta de folk catalán en el festival, acabando su concierto con Baile Estrany (baile extraño) en el que invitan al público a dejarse llevar por sus primeros instintos en el baile, para de ese modo formar un alocado festejo entre las primeras filas.

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Manel

La siguiente parada tenía destino en el Maravillas, con el primero de los veinteañeros que subiría al escenario principal, Tom Odell. El británico, acompañado por una suculenta banda, hacía crecer sus composiciones más conocidas, como “Another Love” con las que empezó el concierto.
Correcto concierto del joven pianista, quién conmovió a sus fans y seguramente consiguió otros tantos nuevos seguidores entre las hordas inglesas.

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Tom Odell

A las nueve y media con puntualidad británica hacía su aparición en el escenario Paul Weller con su banda: dos baterías, bajo y tres guitarras contando la del modfather, y entre ellas la del excelso Steve Cradock a las cuerdas, guitarrista de Ocean Colour Scene y amigo personal de Weller.
Con tal equipo no quedaba otra que dar un contundente y rotundo concierto de rock.
Clásicos del cantante como “Changing Man” o “From the Floorboards Up” y temas de More Modern Classics, recopilatorio que recoje las piezas más relevantes de sus discos de los años comprendidos entre 2000 a 2014 -recordemos que es continuación de compendio previo, Modern Classics (1998).
Resaltar que dentro de esta versión rockera, cercano al punk del live de Weller, no tienen cabida baladas fundamentales de su obra en solitario como “Wild Wood” o “Do You Something To Me“. Por el contrario, si hubo lugar para recordar otros tiempos pasados: “The Everchanging Moods” de su proyecto The Style Council o “Start!” de The Jam, dónde jóvenes y no tanto -con toda seguridad se trató del directo con la media de edad más elevada entre las primeras filas- cantaron al unísono su estribillo “What You Give Is What You Get“.

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Paul Weller

Y nada más acabar el torrente de rock, cuando la mayoría se retiraba a reponer fuerzas o yendo al otro lado del recinto a ver el concierto de los divertidos Of Montral, la tormenta eléctrica derivó en tormenta de verano: diluvió durante veinte incesantes minutos y algunos temieron lo peor.

Curioso cuando menos, que justo hacía cinco años de la última visita de Paul Weller al FIB y que unos hechos similares aconteciesen. Allá por 2009, también un viernes y también en torno a las nueve de la noche, una tormenta, en aquel caso de viento hiciera aparición. Pero entonces no hubo suerte, las condiciones fueron a peor durante horas y la organización se vio forzada a cancelar la jornada con los conciertos de Maximo Park o Kings Of Leon suspendidos, entre otros. Ésta vez no hubo peligro para el respetable, y no hubo cancelación, pero quizá deberían replantearse invitar de nuevo al modfather…

Afortunadamente quedó en susto y rondadas las once, Jake Bugg subió al escenario principal casi como si nada. El joven de Notthingham, de la misma edad que el Festival de Benicassim, polémico estas últimas semanas por comentar lo poco que le gustan éste tipo de certámenes masivos, a los que, por el contrario acude cada verano, consiguió con su folk-rock avivar el escenario Maravillas que se sacudía el agua caída minutos atrás. Las canciones de Shangri La (Mercury Records, 2013) tuvieron mayor peso en los sesenta minutos de concierto.

A las doce de la noche, y ya sólo restando una hora para el concierto principal, los australianos Tame Impala hicieron que la espera fuese los más placentera posible. Lisérgico directo en el que la explanada del Trident, que fue cubriéndose de la psicodelia de los chicos de Perth, acertadamente acompañados por unos coloridos visuales, hipnotizando así a un público que se entregaba a la espiral de space-rock según avanzaban las piezas de Lonerism (Modular, 2012) y Innerspeaker (Modular, 2010) sus dos trabajos hasta la fecha. Hasta que cayó el hit “Elephant” que puso a botar literalmente el recinto -mientras caían contadas gotas de agua- buen entreno para lo que iba a llegar minutos después.

Mientras tanto, una gran cuenta atrás en la pantalla del escenario principal; 48:13 -título del último trabajo de Kasabian, que hace referencia a los minutos y segundos de duración del mismo- llegaba a su fin. Tensos instantes hasta que la banda hizo su aparición de la mano de ‘BumbleBee’.
Con la explanada desbordada de fibers, el grupo desplegó todo su armamento sonoro: potentes artefactos que sirven para tomar cualquier festival y hacerse merecedores del extraoficial premio al mejor show.

Las canciones de los cinco discos del grupo, ya unos veteranos con diez años de intensa y próspera carrera, fueron cayendo una tras otra elevando el ritmo del concierto según llegaban los hits más esperados.
Aunque a decir verdad, y sirvan como ejemplo sus primeras descargas que intercalaron discos: Shoot the Runner (Empire, 2006), Underdog (WRPLA, 2009), Days Are Forgotten (Velocirraptor, 2011) no hubo prácticamente bajadas de tensión en un concierto que mantuvo al público en vilo durante más de hora y media de directo, bengalas en las primeras filas incluidas.
Bengalas rosas, a juego con la portada del disco y los visuales rosados, color bandera para su nuevo álbum (48:13, Columbia) y su single más explosivo “Eez-eh“. Disco producido en su totalidad por el guitarrista (y segundo vocalista), Sergio Pizzorno, hecho que queda latente al crecer el peso de la parte electrónica y los sintetizadores.

El recinto literalmente se vino abajo cuando los manchesterianos acordes de “Clubfoot” resonaron en el Maravillas. Aclamada pieza de su primer trabajo, disco homónimo, del que también sonó “L.S.F.” que sirvió para acabar la primera parte del concierto. Los fibers -así se hacen llamar los asistentes que van al festival- querían más y el grupo volvió a provocar mayor ansiedad la frase del bridge de “Switchblade Smiles” en pantalla: “Can you feel it coming?”.

Y volvieron al escenario. Volvieron con unos bises en los que se vislumbró su faceta más electrónica, con Pizzorno a la cabeza -Sergio fue intercambiándose con Meighan el micro durante todo el show-. Tras ella, “Underdog“, que sirvió de puente para llegar al último arma de destrucción que el grupo dejó para el final: “Fire“. Concierto en mayúsculas, por volumen y éxtasis general -pogos incluidos- el cuál cumplió con creces las expectativas puestas de prensa y asistentes ante la actuación del grupo de Leicester.

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Kasabian

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