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Cobertura fotográfica: Laia López Franch

El tercer día del festival llegaba aún con la resaca del concierto de Kasabian del anterior, y con la mirada puesta en ver si los otros grandes del cartel –The Libertines– iban a poder hacerles algún tipo de sombra.

Alta clase media/baja

Mientras llegaba ese momento, y como en todas los días del festival, tocaba darse una vuelta a primera hora de la tarde para descubrir y degustar nuevas propuestas. Los dos escenarios pequeños se poblaron cada tarde de grupos noveles, que intentan dar el salto en el escaparate que supone éste gran festival, cantera y referencia durante tantos años.

Entre ellos destacamos tres bandas españolas curiosamente con el mismo esquema, un triunvirato formado por guitarra-bajo-batería: el salvaje sonido de Kokoscha, el power rock de los madrileños The Parrots, y el sucio garaje de Los Nastys; y por otro lado, otros tantos grupos de las islas: Telegram y su Follow, el rock alternativo de The Academic con un sonido cercano a The Kooks. Bandas todas ellas que en unos años y con la empuje de algún tema que les facilite llegar a un público mayor, podrán llegar a estar como headliners de éste o cualquier otro festival.

España calidade: TAB, Jero y Tachenko

Y ya que de tríos estamos hablando, vayamos con tres destacados elementos de una armada española que pudo lucir con una importante representación en la jornada de sábado. En primer lugar, nada menos que en el escenario Maravillas, el trío, -sí, también son tres- de gallegos Triángulo de Amor Bizarro. Ya clásicos del FIB, con su noise particular cercano al post rock en ocasiones, y con el intercambio en las voces y las guitarras de Rodrigo Caamaño e Isabel Cea, contagiaron a un público -cercano al millar- que se congregó para verles. Los de Coruña, ampliamente conocidos en México y parte de Sudamérica, repasaron temas de sus cuatro álbumes de estudio en cuarenta y cinco minutos de ruidoso y enérgico directo.

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Triángulo de amor bizarro

Las otras dos actuaciones destacadas de la armada fueron ya en el escenario FIB Club. A las ocho de la tarde, Jero Romero y su banda hicieron las delicias de los asistentes, estatales al noventa y cinco por ciento. El ex de Sunday Drivers se hizo acompañar de dos guitarras, batería y bajo más una trompeta y violín según fuese la composición que interpretaban. Banda completamente entregada que complementó a la perfección la elegante voz del letrista.

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Jero Romero

La guinda, ya con la noche cayendo sobre Benicassim, y con una dura adversaria en el escenario principal -Lily Allen-, la pusieron los Tachenko. El grupo zaragozano, cuatro majos artistas con Sergio Vinadé (ex Niño Gusano) a la cabeza, ofreció un directo entretenido, consiguiendo con sus guitarras retener el escaso público que se decantó por el rock nacional en lugar de optar por ver a la diva de barrio, e incluso atrayendo con sus descargas guitarreras y atractivos estribillos a quien perdido deambulaba sin rumbo por el recinto.

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Tachenko

Lily, el fondo y la forma

Como decíamos, mientras Tachenko vencía y convencía por un lado -el lado más minoritario del FIB, eso sí-, literalmente en otro mundo hallábamos a Lily Allen, que ofreció un concierto más que correcto en un escenario repleto de biberones gigantes, como recuerdo a su reciente maternidad. Las brillantes letras de la británica consiguieron llenar la explanada principal, contagiando a escépticos, que se percataron de que no se encontraban ésta vez ante otro producto prefabricado como Ellie Goulding o escasos minutos antes con Katy B, a pesar de que la fachada y la forma, en ocasiones, pudiera ser muy parecida y llevar a equivoco. El fondo y la fórmula de Lily es otra, y se agradece. Sheezus, el tercer álbum de la chica de Hammersmith, cuajó a la perfección con sus hits más conocidos. Lily esta vez no falló a un FIB al que si había echo de menos en 2009 y 2010 con sendas cancelaciones de última hora.

Los noventa han vuelto

Uno de los mensajes que transmite el cartel de Benicassim es que los noventa están volviendo -aunque algunos pensamos que el indie de los noventa nunca se debió ir-. Esa generación quedaba principalmente representada en la noche del sábado por los Manic Street Preachers. Unos clásicos del FIB, quienes dieron un espectacular concierto. Entrega desmesurada del trío galés, con James Bradfield a la cabeza, cuya carismática voz no ha perdido un ápice de su épica para las notas más agudas. La banda se hizo merecedora del escenario mayor.

Directo en el que repasaron sus grandes (muy grandes) éxitos comenzando por “Your Love Alone Is Not Enough” y acabando con el himno generacional con mensaje antibelicista “If You Tolerate This Your Children Will Be Next” en la que la mayor parte de la interpretación corrió por parte del entusiasta público y pasando entre otros por “A Design For Life” o “Motorcycle Emptiness“. Piezas que quedaron salpimentadas por las composiciones de su nuevo trabajo, Futurology entre las que destaca “You Stole the Sun From My Heart“, tema pegadizo que ya se está convirtiendo en otro nuevo clásico.

Mientras aún quedaba en la retina el genial concierto de los de Cardiff, en el escenario Trident también pudimos ver a Cat Power. O eso creemos. Bien pudo tratarse de una cara B de la propia artista. O de una prueba de sonido fallida. Comenzando por un atuendo poco trabajado -para nada hace falta ir como Lily Allen, ¡todo lo contrario!- pero es que no cuidó ni eso. Acompañándolo de su poca entrega, quejas continuas a los técnicos de sonido, un repertorio lento y plano, y el tiempo menor del esperado, consideramos que Cat Power, por mucho que hayan pasado sus mejores años por razones de mayor o menor peso, fue una sombra de lo que es y lo que fue. Concierto prescindible en su totalidad, algo que seguramente no ayudó como preámbulo para el gran concierto de la noche.

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Cat Power

La reunión más comentada de 2014

El plato fuerte del sábado era ver la reunión del año, de la mano de The Libertines. Difícil papeleta la suya tratar de llegar al nivel que consiguieron alcanzar el día anterior los Kasabian en este vigésimo aniversario del FIB. Algo que de hecho no lograron, aunque eso sí, Carl Barat y Pete Doherty tuvieron un paso más que digno por Benicassim.

Bendito dinero en este caso el que les motiva a reunirse para girar y, veremos si dicha reagrupación trae finalmente o no consigo un nuevo trabajo de estudio. Algo a lo que se apuntan muchas bandas aprovechando la ola mediática generada por el xxx de una vuelta a la carretera y que, en el caso de The Libertines se está comentado ya para 2015, pero de los escenarios al estudio hay un trecho. Y eso ya es otra batalla.

Quizá sea suficiente aprovechar la reunión del combo clásico de la banda para revisar el legado del grupo, insignia del punk más irreverente de finales de los noventa y principios de la década pasada, y no haga falta probar suerte con un disco que a buen seguro sonará menos canalla y descarado que temas como “Time for Heroes” o “What Kitty Did?“.

Desacompasados como deben, Carl y Pete, hicieron las delicias de fans (y prensa) al mostrar su lado más cómplice en “Don’t Look Back Into The Sun” o “Music When The Lights Go Out“, compartiendo micro con sus instrumentos enfrentados.

Sinceras o no sus sensaciones sobre el Maravillas, a decir verdad consiguieron transmitir parte del sentimiento de juerga trasnochada que en su época impregnaron sus tres discos. Cerveza mediante, eso que no falte, el momento más relevante del concierto llegó con “Can’t Stand Me Now” ante el entusiasmo de los miles de fibers que tuvieron la suerte de disfrutar de uno de los primeros shows de la gira. Fibers que exprimían las últimas fuerzas de un festival dónde las horas comenzaban a pasar factura.

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The Libertines

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