Cautiva es la nueva serie argentina que se encuentra disponible en HBO Max, Flow y TNT. Se trata de una ficción inspirada en hechos reales que está protagonizada por Lorena Vega y Carolina Kopelioff y toma como punto de partida el caso de Silvia Albarenque, una excarmelita de Nogoyá que denunció haber sufrido durante años abusos, torturas y privación ilegítima de la libertad en un convento.
Albarenque iba a estudiar Psicología en Paraná, pero su camino tomó otro rumbo y decidió convertirse en monja. Así, ingresó al Monasterio de la Preciosísima Sangre y Nuestra Señora del Carmen, en Nogoyá, cuando tenía 18 años. Allí permaneció durante años y, según su testimonio, sufrió junto con otras religiosas distintos tipos de maltrato y castigos: restricción alimentaria, torturas con diferentes elementos, restricciones en el aseo, encierro durante días en aislamiento y otras formas de sometimiento.

Cómo salió a la luz el horror
Todo se mantenía entre los muros de esta institución religiosa y el silencio de las religiosas fue fundamental para que no trascendieran los hechos. Pero en 2016, el periodista Daniel Enz, director de la revista Análisis, publicó una investigación que reveló lo que ocurría en el convento.
El trabajo periodístico había comenzado en 2014 (diversos reportes indican que recibió un correo anónimo con información de las torturas) y reunió testimonios de excarmelitas, entre ellas Albarenque y Roxana Peña, quien también había logrado salir del lugar. La investigación derivó en una causa judicial y, el 25 de agosto de 2016, se realizó un allanamiento en el monasterio, donde se encontraron elementos utilizados para castigos corporales.
La superiora Luisa Toledo fue condenada a tres años de prisión por el delito de privación ilegítima de la libertad, agravada por violencia y amenazas, en perjuicio de Albarenque y Peña. Enz publicó el artículo titulado “El convento del sufrimiento”, en el que reunió testimonios de quienes habían vivido en el lugar y describió los castigos y las condiciones de sometimiento denunciadas por las excarmelitas.

Torturas "en nombre de Dios"
En este artículo se pudo conocer que las superioras hacían que las novicias tuvieran que vestir cilicio, un instrumento utilizado como penitencia. También las hacían arrodillarse durante períodos prolongados y autoflagelarse.
Uno de los testimonios reza: “Nos lavaban el cerebro; las torturas mentales y físicas eran moneda corriente”. Y otro suma: “Traté de aguantar, pero llegó un momento en que fue insostenible. Había una mortificación corporal permanente. Ellas nunca te pegan, pero te exigen que te hagas daño corporal, en nombre de Dios, y que sufras como sufrió Jesús”.









