Si estuvieron siguiendo la nueva propuesta de HBO bien sabrán que la banda ícono de los ‘70 cumple un rol fundamental en la narrativa de su protagonista Camille (Amy Adams). Y si bien no conocemos historia real hasta su tercer episodio (el cual se titula “Fix”) no es difícil notar la obsesión que este personaje tiene con su destruido reproductor de música y algunas de las canciones más famosas de Led Zeppelin. Pero aún más interesante es saber que en el libro escrito por Gillian Flynn no existe esta referencia, la cual fue diseñada cien por ciento por su director Jean-Marc Vallée en conjunto con Susan Jacobs. En este sentido está claro que, en realidad, podría haber sido cualquier banda de rock and roll y que la elección no fue para nada casual.

Los ‘70 como el escenario del descontrol

Más allá del enorme fanatismo que podamos sentir hacia Robert Plant, Jimmy Page, John Bonham y John Paul Jones; si nos alejamos de su música y nos metemos en las historias sobre cómo estos cuatro chicos británicos se movían por el mundo, seguramente exista más de una cosa con la cual vamos a estar en desacuerdo. En Argentina diríamos que “no le hacían asco a nada” y es que, el descontrol, el abuso de sustancias, el alcoholismo, las fiestas y su relación con las fanáticas, no solo los rodearon de mitos sino que también se convirtieron en el gran terror de muchos organizadores, productores y representantes.

Es con este contexto que son muchas las conexiones que podemos establecer entre ellos -o su comportamiento- y los personajes de la ficción. Quizá entre las más obvias está la relación que Camille tiene con el alcohol, exceso que fácilmente se puede pensar junto a la historia de John Bonham quien, de hecho, murió luego de tomar 40 shots de vodka y morir ahogado en su propio vómito. Pero también cómo el concepto de la sexualidad se trabaja en la serie que, tanto desde lo individual (protagonizado sobre todo por Camille y Amma, Eliza Scanlen) como desde lo grupal (en donde ahora Wind Gap toma mayor relevancia), parecen teñidos por cierta oscuridad, exceso y perversión. La relación de los músicos con sus fanáticas adolescentes, las historias de la valija llena de látigos que Jimmy Page llevaba a todas las giras, la gran misoginia que se nota en las letras de la banda; parecen llevar esos mismos conceptos sobre los cuales la serie se construye.

También es cierto que tanto Camille, en cuanto personaje, como Led Zeppelin, en sus canciones, resultan sumamente brillantes, intelectuales y con un fuerte recorrido cultural. Desde la perspicacia de nuestra joven periodista hasta la enorme influencia que J.R.R. Tolkien y la mitología nórdica tuvieron sobre el grupo, es fundamental comprender que nos encontramos frente a personajes que necesitan de nuestro análisis y comprensión sobre sus diferentes facetas.

Por último existe cierto antagonismo que no deja de ser menor, mientras que Led Zeppelin siempre fue la banda compuesta solo por hombres (y, de hecho, sólo tiene una canción en donde invitaron a una voz femenina a participar), Sharp Objects se posiciona en el contrapunto y le da protagonismo absoluto a las mujeres.

El propio amor de Vallée

En muchísimas ocasiones el director confesó su enorme fanatismo por Led Zeppelin y su constante deseo de sumar a la banda a algunos de sus proyectos cinematográficos. Sin embargo lo que resulta aún más interesante es que, a pesar de que tomó la decisión a medida que avanzaba con la lectura del libro, no le resultó nada fácil encontrar la banda sonora perfecta para este personaje. De hecho en la entrevista que dio a Variety contó que su gran revelación fue entender que Camille no era una persona que amara la música y que este amor tenía que tener una conexión emocional con algún otro personaje de importancia para ella. Creo que esto toma aún más sentido cuando pensamos en el personaje de Adora (Patricia Clarkson) y lo entendemos como esta madre sobreprotectora y conservadora que jamás dejaría a sus hijas escuchar ese tipo de música (misma actitud que tuvieron los padres en los ‘70 al considerar a Led Zeppelin una banda que hacía culto al diablo). De hecho es asombroso el lugar que ocupa la música en esta gran mansión en donde, tanto el marido Alan (Henry Czerny) como Amma, están constantemente utilizando auriculares.

Un universo desde sus canciones

Pero no todo se trata de una conexión con el mundo real o el fanatismo de un director con el rock and roll clásico; cada una de las canciones, la forma en que están utilizadas y el sentido que toman dentro de la trama también demuestran un trabajo minucioso y sumamente artístico.

“I Can’t Quit You Baby”

Álbum: Led Zeppelin (1969)

Escrita por Willie Dixon en 1956, formó parte del disco debut de la banda y se trató tan solo de una de las tantas versiones que esta canción tuvo a lo largo de la historia musical. Siendo bastante fiel a su sonido original, los principales cambios incorporados por Led Zeppelin estuvieron relacionados con la dinámica de la melodía y los instrumentos que utilizaron para tocarla. Más allá de la penetrante voz de Plant en la apertura, la conexión más fuerte con la ficción se concentra en dos frases “Said you messed up my happy home / Made me mistreat my only child” (Dije que arruinaste mi hogar feliz. Me hizo maltratar a mi único hijo) y “You know it hurts me deep down inside” (Sabes que me lastima en lo profundo), son quizá las pistas más fuertes que el director nos dio como adelanto de lo que se vendría. Tanto Amma como Adora podrían ser perfectamente estas mujeres obsesivas que hacen daño, mientras que es Camilla -con su piel repleta de cicatrices- quien definitivamente las dejó entrar y que le hagan daño.

“What Is And What Should Never Be”

Álbum: Led Zeppelin II (1969)

Convirtiéndose en una de las primeras canciones acreditadas a Robert Plant, la leyenda cuenta que el músico la escribió inspirándose en su romance con la hermana menor de su -por entonces- esposa Maureen Wilson. Mientras que la escuchamos en el auto luego de que Camille se emborrachara en el bar, esta canción parece representar a la perfección el estado mental y emocional de nuestra protagonista: compungida ante la idea de volver a su pueblo natal, la voz de Plant mezcla momentos melódicos con aquellos sumamente veloces que terminan dando vida a los sentimientos encontrados ante la idea de enfrentar su pasado y mostrar su presente. Pero también frases como “Sail away leave today” o “You really shouldn’t go” parecen la introducción perfecta al viaje que Camille está a punto de arrancar.

“In the Evening”

Álbum: In Through the Out Door (1979).

Mientras que esta canción apareció en el segundo episodio, no hay dudas que su momento más fuerte fue cuando acompañó a la serie finale. “In the Evening” tiene como autores a John Paul Jones, Jimmy Page y Robert Plant; y está invadida del sonido de los sintetizadores y de instrumentos distorsionados para crear una sensación de asfixia y zumbido constante. Es que la historia que cuenta es la de una mujer posesiva que provoca daño pero, aún más importante, sugiere que si te lastima es tu propia culpa por permitirlo. Y, en este sentido, la canción de Led Zeppelin parece no dejar jamás de describir a las mujeres de Sharp Objects: “So don’t let her. Play you for a fool. She don’t show no pity, baby. She don’t make no rules” (Así que no la dejes tratarte de tonto. Ella no muestra piedad, baby. Ella no hace las reglas) o “So don’t you let her. Oh, get under your skin. It’s only bad luck and trouble. From the day that you begin. I hear you crying in the darkness. Don’t ask nobody’s help. Ain’t no pockets full of mercy, baby. ‘Cause you can only blame yourself” (Así que no la dejes llegar debajo de tu piel. Solo es mala suerte y problemas, desde el día que en que comienzas. Te escucho llorar de noche. No le pidas a nadie ayuda, porque no hay bolsillos llenos de misericordia, bebé. Porque solo puedes culparte a ti mismo).

“Thank You”

Álbum: Led Zeppelin II (1969)

Surgida íntegramente de la pluma de Robert Plant, esta balada no solo le dio toda una nueva amplitud de sonidos a Led Zeppelin sino que además se convirtió en una gran declaración de amor y agradecimiento del cantante a su esposa. Una declaración que vuelve a repetirse cuando entendemos que Camille, con muchísimo dolor, también tiene una persona a la cual agradecerle y ella es Alice (Sydney Sweeney), quien no solo le enseñó a escuchar estas canciones sino que también le mostró una vía de escape a las angustias sofocantes de la vida diaria. Y en este sentido esa gratitud no es lineal sino que, como bien vemos en varias escenas, tanto Camille como Alice comparten la felicidad de tener a otra persona con la cual pueden ser honestas, las comprenden al mismo tiempo que necesitan.

Como si fuera poco, la banda de sonido también cuenta con una de las canciones del disco que Robert Plant y Alison Krauss lanzaron en el 2007 llamado Raising Sand. La melodía elegida fue “Through the Morning, Through the Night” y apareció en el séptimo episodio.