Foto: Boscology

Un boxeador mira a todos los personajes, hambriento, como si fuera el Minotauro en su laberinto y estos jóvenes fueran a ser sacrificados para saciarlo. Hay una referencia a las fiestas en honor al dios Baco, los personajes con las uvas, la lujuria, el descontrol, lo orgiástico. Los cuerpos ya no pueden ser vigilados porque el que los vigila pasa a formar parte de la fiesta. La embriaguez, el perderse a sí mismo, el humor logrado con gestos corporales son parte vital de esta pieza.

La obra está inspirada en la película griega Kynodontas (Canino o Dogtooth) de Yorgos Lanthimos, en la cual sus protagonistas adolescentes son impedidos de salir de la casa. Lo mismo sucede aquí, en un ambiente endogámico donde se observan unos a otros sin percatarse de que hay un mundo afuera de esas puertas. El boxeador se erige como una fuerza masculina potente capaz de hacer daño con sus puños; sin embargo vemos que es inofensivo y quizás lo único que quiere es que lo inviten a jugar con el resto. Al disfrazarse de mujer el personaje pierde su carácter amenazante y se integra a la celebración.

La Casa Kynodontas es un espacio donde el lenguaje del cuerpo es el que manda. No se pronuncia ninguna palabra, porque estos seres particulares parecen entenderse entre sí descifrando sus movimientos. Una mesa torcida es el lugar de reunión. La música va desde la ópera y el clavicordio hasta lo electrónico. Un encuentro de estéticas diversas que une tradición y contemporaneidad. Por momentos puede asomar una imagen barroca, un retorcimiento de los cuerpos y somos llamados a pensar sobre los cánones que rigen los cuerpos en nuestra época. Todos ellos son armónicos, pero hay algo de lo inarmónico en la confluencia de estilos diversos que chocan entre sí y quizás creen una nueva forma inarmónica de armonía.

Además de la cita al filme Kynodontas, se tomaron otras citas de películas: Funny Games (de Michael Haneke), La dolce vita (de Federico Fellini) y Salò (de Pier Paolo Pasolini). En la nota de la página del Centro Cultural Recoleta, Emmanuel Palavecino resume: “trabajamos algunas de esas imágenes transformándolas según cómo nos resuenan, cómo nos atraviesan. Y también tomamos muchas cosas de Cafe Müller, de Pina Bausch. Pina es una diosa que siempre aparece, siempre se puede linkear algo con ella. Resignificamos ciertos objetos, sus usos y palabras”.

En cuanto a la música, Sebastián Furman estuvo a cargo de las composiciones. La canción “La última noche de nuestros días” es de Franco Bertolucci, miembro del elenco y el único que se pone a cantar como un rockstar; se utilizó una versión remixada. De Dido y Eneas usaron solo la melodía correspondiente a la cantante, para crear algo nuevo.

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En una breve entrevista a Franco Bertolucci, él nos contó algunos detalles de esta producción.

¿Qué les atrajo de la película Kynodontas (para inspirarse en ella) y de las otras referencias cinematográficas?
De la película Kynodontas (Dogtooth o Canino) nos atrajo que es un mundo aparte, algo fuera de serie. Lo mismo de Saló, aunque más terrible. Kynodontas también es terrible. Con Funny Games todas coinciden en el encierro, el secuestro y la locura.

¿Cómo pensaron las inclusiones de las distintas músicas? ¿Y los contrastes entre los estilos musicales?
Nosotros trabajamos con referencias musicales y luego llamamos a Sebastián Furman para tener música original. Él compuso todo. En cuanto a los contrastes, es una obra de imágenes y contraste. Una obra de millennials que tienen mil ventanas del Chrome abiertas y están leyendo las noticias, escuchando música, buscando información sobre algún tema de interés y mirando porno, todo al mismo tiempo. Creo que, sin querer, quisimos reflejar esa característica de nuestra generación.

¿Cómo describirías esta dinámica en la que todos son actores o bailarines y directores al mismo tiempo? ¿Quién definió las coreografías?
La dinámica de cinco autores/intérpretes fue un desafío súper interesante. Quizás el más interesante junto a la cantidad de funciones que tenemos que hacer. Tuvimos que aprender a consensuar todo, poniéndonos de acuerdo aunque no siempre gane la idea que más te gusta. Un ejercicio democrático. Las coreografías están pautadas a nivel espacial pero son improvisadas.

¿Es una obra de teatro o una obra de danza?
Es una obra de arte escénica. Creemos que los rótulos danza-teatro-música-performance son para el milenio pasado. Ahora estamos en una transición. Claro, si nos escucha Tito Cossa, nos mata. El idioma inglés nos lo aclara un poco. El verbo es “to play” tanto para un texto dramático, como para una guitarra y, claro, para un juego. El cambio generacional va a hacer que “arte escénico” nos una a todos los que nos subimos a un escenario a mostrar lo que hacemos en un mismo gremio, seamos músicos, bailarines, actores o performers. Creo que eso nos hace un poco dadaístas: destruimos las reglas.

“Un acto dadaísta no tiene carácter de obra, pero es una auténtica manifestación de la vanguardia artística. […] La categoría de obra de arte… no es destruida por los vanguardistas, aunque quizá la hayan transformado por completo”, leemos en Peter Bürger. Y aunque las vanguardias no tengan hoy absoluta vigencia, esta transformación de lo que pensamos como arte sigue resonando en nuestros días. El trabajo de este joven equipo muestra algo de esto.

Habitar una casa, un espacio, puede ser una experiencia inquietante, si pensamos en Casa tomada de Cortázar o La casa de Asterión de Borges; una puede leerse como un relato fantástico; la otra como una variación de lo mitológico. En Casa Kynodontas el espectador decidirá cómo leer esta obra que inquieta y sugiere otra manera de entender las relaciones y los lenguajes como modo de ser en el mundo.

Casa Kynodontas puede verse todos los jueves y viernes de junio y julio; en agosto, los jueves 3 y 10 y viernes 4, en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930, CABA), Sala Capilla, a las 21hs.

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