Bob Dylan es un artista difícil de clasificar en términos de género musical. Si bien su carrera comenzó en el folk y el country, luego se desvió hacia un sonido eléctrico, lo cual le valió el rechazo de los puristas del folk, pero también le abrió las puertas al rock. De hecho, se convirtió en el gran ídolo de The Beatles y de otros artistas destacados de la época.
El rock de Dylan no se parece demasiado al de sus contemporáneos, dado que la poesía tiene preponderancia, las guitarras eléctricas virtuosas no ocupan un lugar central y prescinde de los artificios de potencia del rock clásico o el hard rock. De todos modos, el compositor reconoció cuál es, para él, la banda definitiva del rock and roll: The Rolling Stones, a quienes pudo ver en vivo en sus inicios y con cuya propuesta rupturista, llegada desde Inglaterra, quedó fascinado.

En 1964 fue a verlos al Royal Festival Hall e insistió a una amiga para que se uniera a él, quien recordó: “En aquella época, todos llevábamos el pelo largo, vestíamos vaqueros, y los chicos con el pelo largo llevaban sacos de dormir, con sus pollitos caminando exactamente dos pasos detrás, con la guitarra. Aquí, los pájaros siempre llevaban la guitarra. No se devolvían las entradas. La primera pregunta de Bob fue: ‘¿Están aquí los Rolling Stones?’. Le dije: ‘Si quieres ver a los Rolling Stones, asómate por la puerta’”.
Luego de ello, el músico aseguró que eran “sin duda la mejor banda de rock and roll del mundo y siempre lo será. La última, además”. Y agregó: “Todo lo que vino después —metal, rap, punk, new wave, pop-rock, lo que sea— se remonta a los Rolling Stones. Fueron los primeros y los últimos, y nadie lo ha hecho mejor”. Cabe recordar que la banda tomó su nombre de un tema de Muddy Waters, “Rollin’ Stone”, que inspiró al estadounidense para crear su hit “Like a Rolling Stone”.









