El 11 de marzo de 2017, el Indio Solari dio su último concierto. La cita fue en Olavarría, provincia de Buenos Aires, con una multitud desbordada, la inminencia de su retiro de los escenarios —dado que el año anterior había revelado su diagnóstico de párkinson durante su show en Tandil—, la ciudad copada y la ardiente tradición ricotera.
Luego de la famosa cortina musical con la que abría cada uno de sus conciertos, comenzó a sonar "Barbazul versus el amor letal" en una versión de tempo acelerado y el público dio inicio a lo que sería una noche enardecida que se fue cargando hasta llegar a un final tan triunfal como caótico.

No faltaron los clásicos de Los Redondos
Los temas de Los Redondos eran los más esperados y el Indio seleccionó finamente baladas, rock and rolls y clásicos como "Esa estrella era mi lujo", "Héroe del whisky", "Todo preso es político" y "Etiqueta negra", entre otros, para el deleite de una multitud que, poco a poco, se iba preparando para hacer honor a la obra creada popularmente: el pogo más grande del mundo.
El Indio, junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, continuaba presentando Pajaritos, bravos muchachitos, el disco que vio la luz en 2013 y se convirtió en uno de los mejor valorados de su carrera solista. Así, la lista de 24 canciones incluyó varios temas de este álbum que ya eran clásicos para el público, como "Arca Monster", "Había una vez" o "A los pájaros que cantan sobre las selvas de internet". También se sumaron temas como "Porco Rex", del disco homónimo, o "Todos a los botes", de El perfume de la tempestad.
No faltaron los momentos más conmovedores del show, como los generados por "Flight 956" y "To Beef or Not to Beef", los cuales permitieron un respiro a la audiencia, mientras las lágrimas también comenzaban a brotar y se veían apretados abrazos entre los presentes, que servían además para combatir el frío de aquella noche.

El concierto más convocante de la historia argentina
Este concierto se convirtió en el más convocante de la historia de la música argentina, al haber reunido a 400.000 personas en el predio La Colmena. Un suceso único por el que se veía desfilar desde parejas de la tercera edad con sus reposeras y padres y madres con niños muy pequeños, hasta personas que ingresaron al lugar con bengalas, armas blancas e incluso armas de fuego.
Una tragedia anunciada
La tragedia estaba anunciada desde el momento en que se comenzó a ingresar al predio. No solo había demasiada gente como para que existiera algún tipo de control, sino que la organización pareció ensañarse con el Indio y con el público y así varias de las salidas quedaron cerradas, lo que generó un desastre al final del concierto, algo que opacó durante un buen tiempo el magnánimo final del pogo de "Jijiji" y el último rock and roll que tocó el Indio en vivo: "Mi perro dinamita".
La noche dejó como saldo dos muertos, muchas personas desaparecidas que, con el paso de los días, fueron halladas, y múltiples heridos. El miedo y el peligro se presentaron en esta jornada en varios momentos, como en toda misa ricotera, algo que las delicadas organizaciones de los festivales actuales buscan evitar a toda costa y con lo que también se pierde gran parte de la cultura del rock and roll.
El último show de una figura eterna
Sin embargo, la algarabía, las calles repletas, los parlantes que competían por quién ponía Los Redondos más fuerte y el aroma a asado fueron la antesala de un show inolvidable, tal vez no el más emblemático de su carrera, pero sí el que representó la coronación de una trayectoria antisistema que consiguió convertirse en la más popular de la historia argentina.









