En 1995, PJ Harvey lanzó To Bring You My Love, su tercer álbum y el primero como solista propiamente dicho tras la disolución del trío que la había acompañado hasta entonces. El disco, grabado en los estudios Townhouse de Londres y coproducido junto a Flood y John Parish, fue un punto de quiebre que la llevó a las listas internacionales, a las portadas de las revistas más importantes y a una gira mundial que se convertiría en una de las experiencias más desconcertantes de su vida.
En ese contexto, Harvey fue convocada para ser la telonera de Live, la banda de rock alternativo oriunda de York, Pensilvania, que en ese momento atravesaba uno de sus mejores momentos comerciales. En principio, la idea parecía una combinación lógica. Sin embargo, sobre el escenario, fue otra cosa. "Teníamos una sección de 40 minutos y teníamos que actuar de una manera muy diferente, porque el público no estaba ahí para vernos a nosotros", recordó Harvey en una entrevista con Rolling Stone.

Noche tras noche, la oriunda de Bridport observaba desde bambalinas cómo el cantante de Live, Ed Kowalczyk, lograba arrastrar al público a una especie de éxtasis colectivo, mientras que la cantautora, según ella misma confesó, lidiaba con preguntas como: "¿Qué estoy haciendo mal? ¿Por qué la gente no llega a algún tipo de euforia cada vez que toco?".
Finalmente, Harvey empezó a adaptar su puesta en escena al modelo de Live, obsesionándose con los detalles de la performance y perdiendo de vista lo que la había hecho grande. "Me había olvidado de la música en algún lugar", admitió. Con solo 26 años, fue fácil, según sus propias palabras, "caer en ese tipo de estado mental. Fue un momento muy aterrador". La experiencia terminó siendo formativa para Harvey, pues comprendió que su estilo era único y no debía parecerse a otro.









