El Álbum Blanco de The Beatles, publicado el 22 de noviembre de 1968, fue grabado en medio de una fuerte tensión entre los cuatro miembros del grupo que ya no tenía vuelta atrás. Por aquel entonces, cada uno trabajaba casi en paralelo, y la idea de la banda como una unidad era cada vez más difícil de sostener. En ese contexto, hay una canción que Paul McCartney siempre lamentó que no quedara en la voz de quien la escribió.
La pista en cuestión es "Good Night", el tema que cierra el disco. John Lennon la compuso pensando en su hijo Julian, con una ternura inusual en él, y, sin embargo, decidió no cantarla. En cambio, se la cedió a Ringo Starr, quien la grabó acompañado por una orquesta con arreglos de George Martin, dando como resultado una canción de cuna orquestal que cerraba el disco más caótico que la banda había hecho hasta entonces.
Paul siempre tuvo claro que esa decisión fue un error. "Creo que John sintió que no sería bueno para su imagen cantarla, pero fue fabuloso escucharlo hacerlo, cantó muy bien", recordó. "Lo escuchamos cantarla para enseñársela a Ringo, y lo hizo de manera muy tierna. Él rara vez mostraba su lado tierno, pero mis recuerdos clave de John son cuando era de esa manera. Eso es lo que me quedó". La idea de Lennon interpretando una canción de cuna para su hijo, en el año en que la banda empezaba a desintegrarse, tiene una carga emocional que la versión final nunca pudo alcanzar.









