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    Lagrimitas encontró una nueva forma de hacer ruido

    Después de construir su identidad alrededor del punk, la banda argentina encuentra en su nuevo single “Brutal” el comienzo de una transformación sonora.
    De Juampa Barbero11/08/2026
    Lagrimitas
    Lagrimitas. Foto: Lucía Minerva
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    Lagrimitas nació con una promesa de venganza. Una noche fría de 2023, cuatro pibas se reunieron en el living de un departamento porteño y empezaron a convertir el desamor, las traiciones y la bronca en canciones. Desde entonces, el proyecto hizo de esa sensibilidad exacerbada una identidad propia: romántica cuando quiere, oscura cuando hace falta y siempre dispuesta a llevar cada emoción hasta el límite. Tres años después, aquella reunión improvisada se transformó en una banda que encontró en el exceso una manera de contar todo aquello que alguna vez dolió.

    Actualmente, Lagrimitas atraviesa un punto en el que repetir las fórmulas de sus primeros lanzamientos empezaba a resultar insuficiente. Después de un período de cierto estancamiento creativo, el cuarteto conformado por Fina Martorell, Taly Salas, Oriana Vanella y Melina Polci comenzó a buscar nuevas posibilidades para sus canciones y encontró en “Brutal” la puerta de entrada a ese nuevo universo. El single inaugura una etapa de mayor precisión sonora, atravesada por una sensibilidad nocturna y citadina que amplía el lenguaje que la banda había construido desde sus comienzos.

    “Este tema surge de una conversación que escuché en la calle una noche. Estaba muy triste, salí a caminar por Rivadavia, era la una de la mañana y estaba re borracha. Escuché a unos pibes que decían: ‘Ella trabaja así, no conocen su plan’. Me pareció buenísimo y la frase me quedó dando vueltas. Volviendo a casa escribí la letra. Me interesaba esta idea de hablar de ‘ella’ como una duplicación de mí misma y también tomé mucho como referencia Possession. Esa sensación de estar poseída cuando te enojás, cuando se escapa la razón y aparece todo el costado emocional. Es ese momento en el que no podés más y explotás”, cuenta Fina Martorell en conversación con Indie Hoy.

    La transformación también puede escucharse en las referencias que aparecieron cuando la canción pasó de aquella primera letra al trabajo colectivo en la sala. “Slow Hands”, de Interpol, y “Helicopter”, de Bloc Party, sirvieron como puntos de partida para pensar las baterías, mientras que el grupo comenzó a incorporar nuevas texturas sin convertirlas en un molde definitivo. Esa libertad para moverse entre distintos sonidos aparece como una de las claves de esta nueva etapa.

    “Creo que es muy distinta a todo lo que hicimos anteriormente y permite vislumbrar esta nueva etapa que queremos encarar. Estamos yendo un poco más hacia el indie sleaze que hacia el punk, pero seguimos experimentando y buscando. Tampoco queremos apropiarnos de un estilo y quedarnos ahí. Nos gusta agarrar pedazos de distintos lugares y evitar repetirnos. Que cada tema tenga un carácter particular hace que todo sea más auténtico y también vuelve mucho más divertido explorar la música de esa forma”, explica Taly Salas.

    Lagrimitas
    Lagrimitas. Foto: Lucía Minerva

    En esa reformulación apareció también una figura externa que terminó modificando la dinámica del grupo. Fernando Matt, productor que viene trabajando con distintos proyectos de la escena porteña como Sunlid y Sakatumba, se incorporó al proceso en un momento en el que Lagrimitas buscaba ampliar sus herramientas. Su llegada abrió nuevas posibilidades en los arreglos y permitió revisar desde las guitarras hasta las baterías con una mirada diferente.

    “Desde que empezamos a trabajar con Fer surgieron bastantes cambios dentro de nuestro lenguaje musical. Jugamos con otras posibilidades, ya sea en las frases de guitarra o de batería, y creo que eso le dio una vuelta al proyecto. Fue un avance bastante grande para nosotras, porque nos permitió encontrar algo nuevo y empezar a construir esta faceta que estamos preparando mientras seguimos creciendo musicalmente”, señala Taly.

    Hay que tratarme mejor, el primer EP de Lagrimitas, capturó a una banda que todavía estaba descubriendo sus propias herramientas. La urgencia dominaba aquellas canciones y encontraba su correlato en una propuesta construida desde los recursos disponibles: amplificadores prestados, distorsiones sin demasiadas mediaciones y una ejecución donde la intensidad tenía prioridad sobre la precisión. Con el paso del tiempo, la incorporación de nuevo equipamiento y una mayor conciencia sobre los arreglos abrieron posibilidades que entonces todavía estaban fuera de su alcance.

    “Siento que esas canciones quedaron viejas y que hay varias cosas que ya no nos representan, sobre todo en lo musical. En ese momento veníamos con una furia que necesitaba ser expresada en canciones y ahora estamos pensando mucho más en el sonido. Empecé a pensar que tengo que cantar mejor, que las cosas tienen que sonar más prolijas. Antes ni siquiera usábamos pedales: la distorsión salía de los amplificadores que nos daban. Estamos emprolijando nuestro sonido para llegar a un lugar que represente mejor lo que hace cada una y permita entender de dónde venimos y qué queremos expresar”, reconoce Fina.

    El punk fue la primera palabra que Lagrimitas encontró para nombrarse, pero también una etiqueta que empezó a quedar chica a medida que aparecieron nuevas herramientas. Aquella identificación estaba asociada tanto a una forma de componer como a una ética DIY y una economía de recursos que definieron los comienzos del proyecto. Hoy, el interés por complejizar las canciones empuja al cuarteto hacia un territorio que todavía parece resistirse a una definición precisa.

    “Nuestra autopercepción inicial como banda punk estaba definida por muchos recursos estilísticos que ahora ya no usamos. Con el tiempo encontramos otros que quizás no son tan propios del punk. El punk tiene esta cosa de apostar por lo sencillo, desde la composición hasta la representación visual, pero también permitió el nacimiento de muchísimos otros géneros. Sin el punk, no sé si habría metal. Sin el punk, no sé si habría indie tampoco. Grunge, qué sé yo. Creo que ahora dejamos de ser un poco punk, aunque tampoco al cien por ciento. Es un cambio que todavía no termina de tener un nombre. Ya no apostamos tanto a esa representación minimalista y DIY; buscamos complejizarnos y actualizarnos”, explica Taly.

    En ese proceso de depuración hubo, sin embargo, un elemento que permaneció prácticamente intacto: el cuerpo. Desde sus primeros shows, Lagrimitas hizo del escenario un espacio físico donde las canciones adquieren una intensidad distinta a la de las grabaciones. El trabajo actual busca que esa energía conviva con una ejecución más precisa, sin que el crecimiento técnico termine domesticando aquello que convirtió al vivo en una parte central de su identidad.

    “La performance sigue siendo bastante violenta. Hay algo en cómo nos paramos sobre el escenario que todavía puede relacionarse con el punk, pero ahora cuidamos mucho más las tonalidades y las melodías. El vivo sigue siendo bastante punk, solo que más prolijo. Es lo mismo que fue mutando porque seguir por aquella línea ya se nos estaba agotando para lo que teníamos que decir. También crecemos como personas y nos pasan otras experiencias. Esa prolijidad tampoco aparece porque antes sonáramos mal: llega porque las canciones empiezan a pedirla solas”, concluye Fina.

    La intensidad que atraviesa las canciones de Lagrimitas adquiere otra dimensión sobre el escenario, un territorio donde el cuerpo tiene tanta importancia como los instrumentos y cuya puesta encuentra buena parte de su potencia en la personalidad de cada integrante. “Para mí es una catarsis. Mucha gente, cuando me bajo del escenario, me pregunta si hice algo relacionado con el teatro y justamente no: odio hacer teatro. Soy bastante más resguardada en mi vida cotidiana. Siento que hay algo dionisíaco cuando me subo al escenario y me transformo en otra Fina. Ya no soy la Fina con la que charlaste dos minutos, sino la que viene a romper todo. También es cansador porque ponés mucho de vos: tenés gente viendo tu dolor, tu caída, como si estuvieran presenciando un ataque de capricho. Termino los shows con poca energía, con dolor de garganta. Hay mucho del cuerpo puesto ahí”, explica.

    Lagrimitas en vivo
    Lagrimitas en vivo. Foto: Lucía Minerva

    Durante sus primeros años, tocar llegó a convertirse casi en la rutina semanal de Lagrimitas, con fechas que podían repetirse varias veces en pocos días. El presente encuentra a la banda administrando esos encuentros de otra manera: “Nos tomamos más tiempo para preparar distintos shows, trabajar cada tema y grabar, así que el vivo pasó a ocupar otro lugar. También vemos que la gente está esperando: nos preguntan cuándo vamos a tocar y, cuando finalmente sucede, se ponen re locos. En Uruguay había gente que había ido para vernos a nosotras y, aunque estábamos destruidas porque no habíamos dormido nada, cuando subís y ves toda esa energía te cambia completamente. Vale la pena”, cuenta Melina Polci.

    Ese recorrido también les permitió observar de cerca el crecimiento de una generación de artistas con la que compartieron escenarios cuando los proyectos todavía circulaban por espacios pequeños del conurbano y la ciudad. “Ver crecer a artistas al mismo tiempo que vos es re loco y me emociona mucho, sobre todo cuando sentís que se merecen las cosas que les están pasando”, recuerda Fina.

    La multiplicación de proyectos jóvenes también coincide con un momento de fuerte efervescencia dentro del under argentino. Salas pequeñas, ciclos autogestionados y públicos dispuestos a descubrir artistas construyen un ecosistema donde las fronteras entre bandas son cada vez más permeables. Para Lagrimitas, esa actividad tampoco puede separarse por completo del presente social que atraviesa su generación.

    “Cuantos más problemas políticos hay, más aparece la juventud desde el lado cultural y artístico para romper todo y despertar. Siento que a través de la música se puede despertar a la gente. Por eso tenemos tan claro que queremos letras que se escuchen, que sean pegadizas, que el lema pueda repetirse. Siempre va a haber algo para decir. También me entusiasma muchísimo que estén apareciendo tantas bandas de pibas. Está siendo un año muy fuerte para eso y me parece increíble”, sostiene Fina.

    Dentro de ese movimiento, Lagrimitas reconoce especialmente el crecimiento de una comunidad de músicas que empieza a funcionar como una red propia. No Me Toques, Posdata y Kill Flora son algunos de los proyectos que aparecen en la conversación, pero el fenómeno excede la enumeración de nombres: “Se empieza a dar esto de una comunidad femenina dentro del under. Se crea una red en la que todas participan de los proyectos de las otras, se invitan y se reconocen como músicas y como buenas músicas. Empiezan a aparecer estos cruces entre bandas”, explica Fina. Taly lleva la imagen un poco más lejos: “Se crea como un metaverso de una escena solo de chicas. No hace falta nada más. Eso es buenísimo”.

    La identidad de Lagrimitas también se construye fuera de las canciones. Desde las lágrimas negras que acompañan la imagen de la banda hasta las portadas, flyers y visuales, cada elemento forma parte de un universo que busca extender la narración de la música hacia otros lenguajes. Buena parte de esa sensibilidad proviene de la formación de Fina en Bellas Artes, una disciplina que terminó modificando incluso su manera de observar los objetos y los espacios cotidianos.

    “Me faltan dos materias para terminar la Licenciatura y es una carrera en la que aprendí mucho, no solo a pintar, sino a ver el mundo. Te cambia el espectro de todo: ya no ves una basura tirada en el piso simplemente como basura, sino que puede convertirse en un objeto de apreciación. Eso es algo que quise llevar a la banda. Siempre que haya algo visual acompañando la música suma un montón, porque termina de construir el proyecto y hace que la gente se quede con algo más”, explica Fina.

    Esa formación empezó a trasladarse también a una dinámica de trabajo colectivo. “Estamos trabajando con un grupo de creativas y somos todas pibas. Trato de que el equipo también pase por ahí: que haya mujeres adelante, pero también atrás. Armamos este grupo de artistas con el que estamos trabajando las tapas, las visuales y los flyers para que todo tenga un cuento, que haya una narración detrás que acompañe a la música”, cuenta.

    La autogestión sigue ocupando un lugar central dentro de esa estructura. Aunque actualmente cuentan con el acompañamiento de la discográfica Kilo Music Group, las tareas cotidianas del proyecto permanecen mayoritariamente en manos de sus integrantes: “Los posteos, los calendarios, las fechas, las tapas, los videos. Se dio una especie de híbrido. No es que nos resuelven todo, sino que nos ayudan económicamente, pero el laburo que hay detrás de la banda sigue siendo mayoritariamente nuestro”, explica Fina.

    Lagrimitas parece haber entendido que crecer también implica abandonar algunas certezas. De cara a lo nuevo, la banda se permite revisar lo construido, descartar fórmulas y avanzar hacia lugares que todavía no tienen un nombre demasiado preciso. Quizás ahí esté lo más estimulante de su presente: en lugar de buscar una versión definitiva de sí mismas, siguen encontrando nuevas maneras de reconocerse en aquello que hacen.

    Lagrimitas se presentará junto a Buenos Vampiros el jueves 13 de agosto a las 20 h en Niceto Club (Cnel. Niceto Vega 5510, CABA). Entradas disponibles a través de Venti, 20% de descuento con Comunidad Indie Hoy. Escuchá a Lagrimitas en plataformas (Spotify, YouTube).

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