Lucrecia Martel es una de las autoras más importantes del cine actual. La salteña irrumpió en el séptimo arte a comienzos de los 2000 como una de las figuras que definió el Nuevo Cine Argentino, gracias a sus primeros cortometrajes —entre los que se destaca Rey muerto— y a su primer largometraje, La ciénaga, con el que logró cautivar a los hermanos Almodóvar y consolidarse como una voz autorizada en todo el mundo. A continuación, las 3 mejores películas de Lucrecia Martel.
3. Zama (2017)
Basada en el libro homónimo de Antonio Di Benedetto, Zama es la película más ambiciosa de Martel en términos de producción. El film fue rodado en Corrientes, y el paisaje funciona como uno de los principales personajes de esta historia ambientada en el siglo XVIII, que narra la vida de un oficial español que espera ser trasladado a Buenos Aires para reencontrarse con su familia. Se trata de una obra contemplativa y una verdadera rareza dentro del cine nacional, ya que no abundan los films de época.
2. La mujer sin cabeza (2008)
En esta película protagonizada por María Onetto y rodada íntegramente en Salta, Martel pone sobre la mesa la moral y el poder del silencio. La historia se centra en una mujer que sufre un accidente de auto y parece atropellar a un niño, aunque decide seguir adelante, no comprobar lo ocurrido y ocultar la información.
Mientras tanto, vive consumida por la culpa y el miedo a que su vida se desmorone. Sin embargo, la película deja algo muy en claro: la vida de un pobre no vale lo mismo que la libertad de un rico. La inteligencia del film no reside solo en este planteo de clase, sino también en la forma en que construye el lugar que ocupa la protagonista dentro de una sociedad machista, algo que queda explicitado desde el título.
1. La ciénaga (2001)
La ópera prima de la directora salteña es considerada una de las mejores del cine argentino. El film cuenta con las actuaciones de Graciela Borges, Mercedes Morán, Martín Adjemián y Daniel Valenzuela, y ofrece una pintura crítica de la alta sociedad del norte argentino y de la decadencia de la clase media. En el calor agobiante de Salta, el conflicto entre los miembros de una familia que aparenta disfrutar del verano, la pileta y los tragos frescos se desarrolla de manera silenciosa y hermética.
Esa misma intención de mantener los problemas bajo la alfombra se refleja en el tono del film, que cristaliza la destrucción del modelo tradicional de familia a través de dos personajes femeninos y su vínculo con el núcleo familiar. En esta película, Martel construye un relato a partir de múltiples elementos de sentido: los cuerpos, la tensión entre las nuevas y las viejas generaciones, los espacios de quietud y estatismo frente a los de actividad y popularidad. En su primer largometraje, la directora despliega ya una maestría formal y una sutileza narrativa y crítica que definirían su cine.









