Categorías: Cine
| Publicado
06/10/2017

El Bar: Una experiencia agridulce

La producción más reciente de Álex de la Iglesia contiene muchos recursos típicos de su estilo, teniendo como eje las situaciones tragicómicas que se desatan entre un grupo de personas ecléctico y desconocidas entre sí, a partir del encierro y la incertidumbre. En un bar del centro de Madrid quedan encerradas ocho personas luego de presenciar un tiroteo insólito en plena calle, a pleno día. Entre todos, y en la paranoia del encierro, intentarán dilucidar qué está pasando, al tiempo que cada uno va mostrando sus costados más ocultos y dudosos.

Durante los primeros cuarenta minutos, la tensión entre los personajes es tremendamente histriónica y frenética; y constituye el núcleo de la acción manteniendo al espectador con la mirada súper activa, recorriendo los pedacitos de cada personaje que vamos conociendo, eligiendo de a poco a su favorito, que cambiará en pocos segundos. De la Iglesia trabaja con maestría el efecto de caras y caretas, el eclecticismo de esa reunión fortuita y trágica.

Los personajes, en el forzado encierro, no tienen más opción que confiar en este otro descocido y tan sospechoso como todos y uno mismo. Esto hace que se desaten, sobre todo al comienzo de la cinta, diversas situaciones tan delirantes como cómicas, presentadas de manera frenética. A medida que estos momentos se van agotando, los enfrentamientos dentro del bar se complejizan y agudizan, tanto que el afuera y el tiroteo iniciático dejan de importar, y la trama se circunscribe al conflicto de “sálvese quien pueda” dentro del recinto, al dilucidar entre todos, que hay un muerto en el baño y que este podría contener malaria. Así, el grupo de encerrados se divide en infectados y no infectados, creando un suerte de guerra interna.

Lamentablemente, el ritmo del film entra en un valle a partir de este quiebre narrativo. Las situaciones que al principio eran producto de humor inteligente y filoso (como nos tiene acostumbrados el director español) comienzan a convertirse en ridículas algunas y otras en predecibles. A partir de allí, la historia toma una dirección distinta, que deja de sorprender y se adapta más a un formato hollywoodense que a las historias desopilantes que caracterizan el cine de De la Iglesia.

En un primer momento la dirección del film parece apuntar a las viejas época de La Comunidad o El día de la bestia, pero luego desciende a un humor y narración más cercano a Las Brujas de Zugarramurdi. De todos modos, identificamos este “irse a la mierda” de la historia como otro recurso típico del realizador, una apuesta a la ficción delirante con una narrativa convencional pero con situaciones que salen del molde.

Las actuaciones, podríamos decir, son la pieza fundamental para llevar a cabo este guion arriesgado y presentan un elenco exquisito: Jaime Ordóñez junto a Terele Pavez y Carmen Machi podríamos decir que conforman la triada responsable de los mejores gags, las mayores oscuridades y los momentos más épicos del film; se amalgaman de maravilla, brillan en sus singularidades y denotan una comodidad en la interpretación que otorga altísima verosimilitud y deja pasar algunos baches narrativos.




En este momento tan difícil, necesitamos de tu ayuda

En una época tan crítica para los medios independientes, no queremos dejar de difundir la cultura. Para eso te necesitamos más que nunca: tu aporte es crucial para el sostenimiento de Indie Hoy

Sumate a la Comunidad
.