Steven Soderbergh, ecléctico director norteamericano, lleva años anunciando su retiro del cine para avocarse a trabajar para la televisión. La verdad sea dicha, su promesa ha sido solo eso, ya que ha seguido entregando, con bastante prolijidad, año a año, nuevos títulos para la pantalla grande. En el caso de “Behind the Candelabra”, su intención siempre fue un estreno en cine, pero el financiamiento le fue negado por las productoras, más preocupadas de oler un éxito instantáneo que jugarse con la historia de un pianista excéntrico y homosexual, que durante décadas encantó a generaciones de norteamericanos. Finalmente fue HBO la que se jugó por este proyecto, que Soderbergh tenía en su cabeza desde que dirigía “Traffic” por allá en el 2000. Esta idea se la comentó en voz alta, a quien siempre tuvo en mente para encarnar al mítico Liberace, a Michael Douglas, quien venía de una carrera a la baja luego de cosechar éxitos comerciales en los 80’s y principios de los 90’s. Hubo de pasar más de una década para poder concretar ese proyecto, y poder estrenarla donde siempre ha sido bien recibido, en el Festival de Cannes, donde cómo no, tuvo una buena crítica. Behind the Candelabra La película es fiel a la época que busca retratar, desde fines de los ‘70s a principios de los ‘80s, similar a la de “Boogie Nights”, aunque sin el ritmo endemoniado que Anderson le imprimió a su segundo film. Soderbergh opta por una cámara contemplativa, sin estridencias, dejando que las propias brillantinas, pieles de visón, anillos, y todo el dorado que rodeó la ostentosa vida de Liberace, hablen no de él, sino de la visión con que su amante Scott Thorson vivió su romance durante años. Relación que hoy, sin duda, sería un matrimonio en alguno de los 15 estados que han legalizado la unión entre personas del mismo sexo. De acuerdo a la mirada de Thorson, que Soderbergh usa para narrar la historia, el pianista era un ser excéntrico, egoísta y absorbente de quienes le rodean, pero generoso a la hora de repartir su éxito. Ya entrado en la vejez, se niega a ella con todas las posibilidades que se le daban por esos años, ensimismado en el solárium, las cirugías plásticas, y la cocaína para mantener un ritmo de vida que obviamente no se lo permitían sus años. Liberace, el personaje, es el retrato de muchos artistas gays, ocultos en ridículas biografías que inventaban historias al famoso de turno con glamorosas mujeres, y que finalmente quedaban en evidencia una vez consumidos por el SIDA durante la década de los ochenta, como fue el caso del pianista o de actores de renombre como Rock Hudson. “Behind The Candelabra” es una película emotiva y curiosamente triste, que desnuda la vida de exceso de muchos artistas que se rodean de aduladores, y que por otro lado, chupan como vampiros, gotas de vida de sus jóvenes amantes, atraídos por un mundo de candilejas y luces que termina cobrándose con intereses, ese exceso de egoísmo y vanidad, envuelto en bronceador y anillos.