El cine cordobés no deja de destacar en la escena nacional con producciones que exhiben una nueva tendencia narrativo-estética anclada en las particularidades de la ciudad. Entre las obras más destacadas de los últimos tiempos se encuentra La noche está marchándose ya, un drama de sensibilidad contemporánea, amor al cine y reivindicación de la fortaleza de lo colectivo.
El film, dirigido por Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini, se desarrolla casi enteramente dentro del Cineclub Municipal Hugo del Carril, un espacio cinéfilo clave situado en el centro de Córdoba y uno de los centros culturales más importantes de la ciudad. La trama comienza cuando la dirección del cine advierte las consecuencias de la desfinanciación de la cultura y del cine, en el marco de una crisis generalizada.
En ese contexto, Pelu (Octavio Bertone), quien trabajaba como proyectorista, debe asumir el rol de sereno. Desalojado de su casa, convertirá al cine en su hogar y, poco a poco, este lugar se transformará también en el refugio de otras personas que, a raíz de las condiciones que impone el sistema, se encuentran cada vez más al margen.

Las butacas del cine, las películas que se proyectan en la gran pantalla y el calor que brindan los nuevos amigos se convierten en un paliativo —y a veces en una anestesia— para la situación de Pelu. De todos modos, a lo largo del relato asistimos a la decadencia de este antihéroe, víctima de un mundo en el que va quedando anacrónico y, al mismo tiempo, artífice de un destino que elige como forma de oponerse a los postulados del progreso.
Filmada en un bello blanco y negro, la película pone de manifiesto la situación político-económica de Argentina y el desprecio por el arte que reina en las altas esferas del poder. Al igual que su protagonista, este film se erige como una forma de resistencia frente a aquello que, supuestamente, ha quedado caduco. En este sentido, también funciona como un homenaje al Cineclub Municipal, ya que Bertone se desempeña en la vida real como proyectorista del lugar, al igual que Martín Emilio Campos, otro de los participantes de la película.
La alegría de estar en comunidad y el goce que reporta la experiencia de ver una película en una sala se sostienen a lo largo de todo el film, incluso cuando su antihéroe comienza a debilitarse cada vez más. Finalmente, esa es la forma de resistencia más contundente que puede imponerse en tiempos como los actuales.









