Este 13 de noviembre llega a salas de todo el país Las corrientes, la nueva película de Milagros Mumenthaler. Se trata de su tercer largometraje, que tuvo su premiere mundial en la competencia oficial del 50° Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) y fue ganadora del Premio RTVE en la 73ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.
Este drama de gran carga simbólica narra la historia de Lina, una mujer que se encuentra en la cima de su carrera profesional, ha formado una familia dentro de los cánones tradicionales, pero se siente insatisfecha. Ese sentimiento, indescifrable para ella, la impulsa a intentar quitarse la vida arrojándose a un río. Su muerte no se concreta, pero a partir de ese momento se enfrenta a un trauma que desestabiliza por completo su existencia.
En la nueva película de Mumenthaler, protagonizada por una hipnótica Isabel Aimé González Solá, nos encontramos frente a una mujer perturbada y perturbadora. Como en muchas ficciones actuales, el rol femenino —ya sea en la maternidad, el trabajo, la pareja o la relación consigo misma— ha adquirido una profundidad y complejidad cada vez mayores, y Las corrientes refleja esta tendencia con gran maestría y frescura.

Con una premisa inquietante y de poderosa originalidad, vemos a un personaje incapaz de realizar las tareas básicas de cuidado personal, mientras el mundo le exige seguir existiendo y funcionando. Su incomodidad física y emocional se manifiesta en cada mirada de la actriz, en las alucinaciones y en su modo de habitar el mundo, que presenciamos a través de una mirada al borde del colapso. La cercanía con la muerte coloca a Lina en la cuerda floja de todos los aspectos que parecían firmes en su vida, y cuestionarlos puede llevarla a la locura. La directora logra transmitir estas sensaciones de manera arrolladora.
La figura de la mujer en el cine ha mutado con el tiempo: desde la pasividad y los roles estereotipados que propuso el cine clásico, el cine moderno la transformó en musa enigmática, cuya independencia resultaba fascinante, aunque poco desarrollada. En la posmodernidad, las narrativas sobre mujeres adoptaron una perspectiva ligada al empoderamiento, pero, rápidamente, las cineastas comenzaron a permitirse la construcción de antiheroínas: mujeres imperfectas, atribuladas y atrapadas en la red de los mandatos.
En esta película, la protagonista deberá revisar su rol de hija, madre, esposa, amiga y profesional. En una crisis existencial total, el agua la aterroriza: ese elemento que puede representar tanto el origen —el lugar del que venimos en el vientre— como el espacio de la calma o la sensación del ahogo irremediable. En este film, la corriente no se lleva las cosas; más bien las agita y las desordena. Y, como en una narrativa propia del cine de terror, la protagonista deberá enfrentarse a sus espacios más oscuros, a sus mayores temores, para desentrañar la “maldición”.









