En esta temporada de premiaciones, España logró una fuerte presencia con Sirat, la nueva película de Oliver Laxe que no ha dejado indiferente a ningún espectador. El director, también responsable de Lo que arde, dio un paso más en su carrera, tanto en el diseño de producción como en la abstracción de una historia repleta de simbolismos.
Esta es una película incómodamente peculiar. Lo que parece una idea de fuerte originalidad en el primer acto del film luego deriva en la estructura de una historia de aventuras y de camino del héroe que, en algunos momentos, no ofrece más que tedio. Sirat es una película visual y sonoramente impactante —he aquí su cualidad más destacada— y también un verdadero descenso a la locura y a la desesperación, tanto para los personajes como para el espectador.
La historia comienza en una rave en el desierto de Marruecos, donde personas bailan sin parar entre las montañas y el sol implacable. Entre ellas hay un hombre junto a su hijo, que busca a su otra hija, a quien él cree que podría encontrar en estas fiestas. A partir de allí, inicia un viaje junto a un grupo de ravers que lo acompañarán en la búsqueda, un recorrido atravesado por la tragedia, la incomodidad física y conflictos sociopolíticos.

En esta película producida por los hermanos Almodóvar, la conexión con Mad Max es inevitable, lo cual resulta un halago para Laxe, ya que logra captar el desierto en todo su esplendor y, por momentos, construir un film de acción, haciendo que los personajes funcionen dentro de esta especie de jaula infinita que va presentando cada vez más obstáculos.
Como en películas como La sociedad de la nieve o 127 horas, la naturaleza está viva y opera como una amenaza. De este modo, el entorno natural se convierte en un personaje más del film: muta y va mostrando su cara más deleznable con el correr de los minutos.

Mientras los personajes lidian con los avatares del entorno y también con su mundo interior, son perseguidos por el ejército marroquí, de modo que el director introduce además los conflictos bélicos y políticos que atraviesan a España, Marruecos y Mauritania, un concepto que termina de redondearse en la escena final.
En definitiva, Sirat es una película que no pasa desapercibida, aunque puede resultar demasiado obvia en sus simbolismos. Este viaje físico de personas “rotas”, que se transforma en un recorrido interior, constituye el núcleo del film y, para el espectador, resulta tan extenuante y enloquecedor como para los propios personajes.
Sirat estrena en cines argentinos el jueves 29 de enero.









