En 2025, el cine brasilero se destacó internacionalmente con Aún estoy aquí. Ahora, El agente secreto propone otra mirada sobre el período de la dictadura, esta vez desde un enfoque más elíptico y cargado de tensión.
El film dirigido por Kleber Mendonça Filho que está compitiendo por múltiples premios Oscar —entre ellos el de Mejor película— es un drama histórico situado en 1977. La película sigue a Marcelo (Wagner Moura), un hombre que deja San Pablo para instalarse en Recife mientras huye de las altas esferas del poder y de un enemigo decidido a vengarse. El relato se construye de forma fragmentaria. La información se dosifica y recién hacia el final se completan las piezas.
Un protagonista en fuga
El peso dramático recae en Wagner Moura, que compone a un personaje herido, lúcido y constantemente amenazado. Su interpretación sostiene la ambigüedad del film y evita convertir la historia en un thriller convencional.
La película no se limita a la persecución individual. Incorpora el clima social de la época: el carnaval como válvula de escape, el rol de los medios en la construcción del discurso oficial y el uso del miedo como herramienta política.

Terror y metanarración
Uno de los elementos más singulares es la presencia del cine dentro del cine. El terror aparece como subtrama a través de una historia paralela sobre una pierna asesina, recurso que funciona como metáfora de lo incomprensible y lo amenazante.
Este elemento fantástico y de comedia negra está a su vez enlazado con el fenómeno en salas que significó Tiburón (1975) de Steven Spielberg. Así como el tiburón condensaba un miedo difuso que paralizaba a la comunidad, aquí el horror funciona como traducción simbólica de la violencia política. En ese mismo período convivían en cartelera títulos como La profecía (1976), de Richard Donner, que también exploraban la amenaza invisible y la paranoia social.
Así, El agente secreto apuesta por la sugerencia. La denuncia surge de la atmósfera y de la experiencia fragmentada. Todo cobrará sentido eventualmente: los artificios del cine se ponen al servicio de la denuncia y también de la documentación ficcionalizada. Más que narrar un caso individual, la película busca retratar el síntoma de una comunidad que vive entre la celebración pública y el terror silencioso.
El agente secreto está disponible en salas de cine.









