A lo largo de su carrera, Stanley Kubrick supo construir una reputación como uno de los cineastas más influyentes y meticulosos del siglo XX. Director, escritor y productor de clásicos como 2001: A Space Odyssey (1968), A Clockwork Orange (1971), The Shining (1980) y Full Metal Jacket (1987), también fue conocido por su mirada crítica feroz, incluso hacia obras consagradas, consideradas clásicos tanto por el público como por los críticos.
Según recuerda Far Out Magazine, Kubrick llegó a disparar sin misericordia alguna contra la actuación de Vivien Leigh en Gone With the Wind (1939), una de las películas más icónicas de Hollywood y la más taquillera de todos los tiempos, si se ajustan los números según la inflación.
Durante una de sus extensas conversaciones telefónicas con el guionista Frederic Raphael —colaborador suyo en Eyes Wide Shut (1999)—, Kubrick comentó: “Vivien Leigh, ¿alguna vez viste una actuación peor?”, una frase sorprendentemente dura considerando la legendaria performance de Leigh y la cinta en cuestión.
El libro que intentó frenar

Claro está, la actitud crítica de Kubrick no se limitó a comentarios privados. Tal fue el caso con The Magic Eye: The Cinema of Stanley Kubrick de Neil Hornick, un libro que repasaba la obra cinematográfica del director y, aunque en general tenía una visión positiva, incluía algunos aspectos negativos.
En un comienzo, el director dio el visto bueno a este proyecto y cooperó, pero luego se opuso llevando el asunto a instancias legales. 55 años después, el libro fue finalmente publicado de la mano de Sticking Place Books.
Sobre el libro, el propio escritor explica que se trataba de "un resumen de buenas cosas sobre cada película seguido de un resumen de puntos malos que, según la visión de Kubrick, siempre superan a los buenos por la forma demasiado enfática en que tales críticas son presentadas".
Uno de los ejemplos de las "críticas negativas" se refiere a Lolita, el film de 1962 basado en la novela homónima de Vladimir Nabokov: "Hay buenas cosas en Lolita. Pero, en muchos aspectos, desperdicia, empobrece y convencionaliza su material original, quitándole su complejidad, ninfetería y erotismo".
Por su parte, el editor Paul Cronin sostuvo: “Kubrick no se limitó a editar: borró todo el proyecto. Ahora, casi 55 años después de que Neil Hornick lo completara, los lectores finalmente pueden hacer sus propios juicios sobre el libro que Kubrick estaba tan implacablemente decidido a mantener fuera del ojo público”.









