Ennio Morricone es una de las figuras más relevantes en la unión entre el cine y la música. El compositor italiano, fallecido en 2020, fue responsable de algunas de las melodías más inolvidables que conocimos a través del cine. A continuación, repasamos sus 3 mejores bandas sonoras.
Cinema Paradiso
1988 - Dir. Giuseppe Tornatore
Para esta emotiva película italiana sobre la posguerra y el poder del cine, Morricone trabajó en la composición musical junto a su hijo, Andrea Morricone. El multipremiado film cuenta con una de las canciones más conocidas del cine italiano —que lleva el mismo nombre que la película—, portadora de una fuerte emotividad que acompaña lo desgarrador de su final. En esta obra, el compositor desarrolló una pieza nostálgica, emocional y con una cuota de inocencia.
El bueno, el malo y el feo
1966 - Dir. Sergio Leone
Es complejo decidirse por una sola de las colaboraciones entre Sergio Leone y Morricone, ya que ambos crearon una nueva forma de trabajar la música y la narrativa cinematográfica. Para esta película clave del spaghetti western, el compositor ideó un motivo melódico y sonoro aplicado a cada uno de los personajes que dan título a la obra, pero interpretado con un instrumento diferente. Así, la construcción de cada uno no solo dependió del guion, la caracterización y las actuaciones, sino que también estuvo determinada por la banda sonora.
Esta melodía de solo tres notas es ejecutada con flauta, ocarina o voces, según el personaje que aparece en pantalla o cuya llegada se anuncia. Esta creación se enlaza con una de las ideas que recorre el film, en la que los tres personajes, antagónicos a priori, son en realidad complementarios y representan diversas facetas de un mismo ser humano.
Los ocho más odiados
2015 - Dir. Quentin Tarantino
El primer Oscar para Morricone llegó con esta película —a pesar de haber estado nominado en seis oportunidades anteriores—, tal como Quentin Tarantino le prometió para convencerlo de que se sumara a la producción. El film es una suerte de western crepuscular, y Tarantino, eterno admirador de Leone y Morricone, convirtió la banda sonora en una pieza fundamental para completar el concepto de esta obra, que se presenta como una metáfora crítica de los Estados Unidos.









