Bill Murray construyó una carrera sobresaliente en Hollywood. El actor es uno de los favoritos de Wes Anderson, es un ícono de los años 80 -por su papel en Los cazafantasmas- y logró consolidarse como una figura de la comedia sin apelar a las formas tradicionales del género. Dentro de su filmografía se destacan varios trabajos, como Perdidos en Tokio, El día de la marmota y La vida acuática. Sin embargo, hay un papel que cambió su carrera y que le hizo pensar en la posibilidad de dejar la actuación.
Hablamos del film Flores rotas (2005) de Jim Jarmusch, en el que interpreta a Don Johnston, un hombre solitario y mujeriego que ha construido una vida individualista y cuya única relación profunda es con su vecino. Su vida da un giro cuando recibe una carta anónima de una presunta expareja que le comunica que tiene un hijo adolescente.
Impactado por una información cuya veracidad no logra dilucidar, emprenderá un viaje por Estados Unidos en busca de algo que ni él mismo termina de comprender. Llamará a las puertas de sus exnovias y, de ese modo, se encontrará con su pasado y con el presente de ellas, mientras espera con cierta ilusión la posible aparición de un hijo.

Según declaró a The Times, se vio subyugado por su desempeño en este film dramático, en el que tampoco faltan momentos de comedia y de emotividad: "Pensé: '¡Dios mío, de verdad no puedo superar eso! Debería plantearme parar ya'". Para muchos no será la actuación más sobresaliente de su filmografía, pero lo cierto es que el actor se sumerge en un papel realista, en un personaje con el que cuesta generar empatía, aunque de una enorme profundidad.
Su apatía frente a la vida, el desdén por el amor romántico y el despertar de una ilusión que lo conecte con la trascendencia convierten tanto al film como al personaje en una verdadera aventura humanista. Murray no frenó su carrera luego de esta película —de hecho, volvió a trabajar con Jarmusch en Los muertos no mueren— y, al año siguiente, ya estaba prestando su voz a Garfield en Garfield: A Tail of Two Kitties.









