Los actores deben enfrentarse a múltiples desafíos a lo largo de sus carreras. Descensos y ascensos de peso estrepitosos, aprender nuevas disciplinas, largas jornadas de maquillaje e incluso poner en riesgo sus vidas por escenas de alta complejidad física. Además, muchos intérpretes eligen decir que sí a escenas bizarras, incluso aquellas que podrían ridiculizarlos frente al público. Así le sucedió a Russell Crowe, un actor conocido fundamentalmente por su desempeño en films de acción como Gladiador o dramas profundos como Una mente brillante, que no temió exponerse a una escena altamente ridícula.
El film en cuestión fue El hombre con los puños de hierro (2012), una película que no logró gran notoriedad pero que dejó una gran anécdota en la carrera del actor. Dirigido y protagonizado por el rapero RZA, y producido por Quentin Tarantino, cuenta con las actuaciones de Dave Bautista, Lucy Liu, entre otros. La sinopsis reza: “En busca de un mítico tesoro dorado, una banda de guerreros y asesinos llega a un poblado chino donde un herrero intentará proteger a su comunidad”.

En una entrevista con GQ, el actor relató: “Fui a China e hice El hombre de los puños de hierro, dirigida por RZA del Wu-Tang Clan. La gente me preguntaba: ‘¿Qué demonios haces haciendo eso?’ Y yo les decía: ‘Bueno, de verdad creo en Bobby Diggs, RZA. Sé que tiene madera de director y que entiende de cine, ¿y cuándo más voy a tener la oportunidad de interpretar a un personaje así? ¿Uno que, por ejemplo, está haciendo burbujas en la bañera porque le está sacando bolas anales a alguien en Shanghái, en el año que fuera?’”.
“Peter Weir no me pidió que hiciera eso”, dijo haciendo referencia al film Capitán de mar y guerra: La costa más lejana del mundo, la película que protagonizó en 2003 y que es uno de los títulos más importantes de su carrera. Más allá de que Crowe haya logrado una enorme trayectoria en Hollywood e incluso ganado el Oscar a Mejor actor, no tuvo prurito a la hora de interpretar una escena ridícula dentro de una película que no logró el respeto de la crítica. Al fin y al cabo, la actuación también se trata de vivir experiencias desopilantes.









