En una época en la que el turismo prolifera y transforma muchos rincones del planeta en mera mercancía deseada como si fuesen productos a adquirir en la góndola del supermercado, el dibujante José González se ejercita en una impronta de trashumante contrapelo del mundo. Viaja lento, observa mucho, se deleita en los detalles y lo plasma en sus cuadernos de bitácora. Al menos eso sucede en sus dos libros publicados por Musaraña Libros: Antes de volver -diario de estampas urbanas en blanco y negro que pivotea entre Buenos Aires, Canadá y Montevideo- y Año sabático -recorrido a través de la provincia de Terranova en Canadá, narrado con un tono envolvente, plácido. Sobre el proceso creativo que llevó a publicarlos dialogamos con este autor argentino radicado hoy en Canadá.

¿Cuándo y de qué manera percibís que aquello que vas escribiendo y dibujando en tus libretas de viajes, es material propicio para armar un libro? ¿Cómo trabajás en el proceso de selección de esos materiales?
La idea general y el formato ya los tenía decididos de antemano. Nada muy rebuscado: relato y dibujo autobiográfico por un lado, formato apaisado, por otro. Lo del formato surge a partir de encontrar unas libretas hermosas que me motivaron a dibujar mucho. La herramienta que usé es la de siempre, marcador descartable 0.3. A partir de ahí, me dediqué a dibujar sin pensar en qué iba a pasar con el material que estaba generando.
Después de un año de andar viajando, cinco sketchbooks y varias libretas repletas con anotaciones y más dibujos, vino la parte más densa, la que me llevó más tiempo. Me volví loco hasta que entendí que el material generado era para armar, al menos, dos libros. A partir de ahí no tuve tanto drama en sacar páginas que me encantaban pero no encajaban en la historia. Cuando llegué a un armado del libro que me gustaba, dejé descansar el proyecto, para volverlo a abrir más tarde, cambiar cosas, y así, hasta que me doy cuenta de que no hace falta hacer más nada. Un trabajo obsesivo, muchas veces sin sentido, como tratar de hacerle entender a un gato, la diferencia entre el rojo y el naranja.

¿Qué te llevó a pasar del blanco y negro de Antes de volver al uso del color en Año sabático?
Quería que Año sabático sea un libro más contemplativo, que lo puedas abrir en cualquier página. Sensaciones como las que tenés cuando atravezás un paisaje desconocido en auto, o cagarte de frío en una banquina, por ejemplo. El color te ahorra un montón de palabrerío innecesario.

En ese registro de tus observaciones, tus dudas, tus inquietudes que hacés en tus viajes, ¿existe algún momento en que encuentres o se te revele algo de tu propia intimidad que desconocías? Si es así, ¿cómo se da ese proceso?
No veo el viaje o el movimiento como un camino hacia el autodescubrimiento, un poco al contrario, estoy más atento a lo que me rodea, prestando atención a lo que pasa, esperando la cachetada. Si en algún momento me cayó una ficha, la verdad es que no me di cuenta, y si me pasa generalmente es en casa, inspirado por la monotonía de la rutina o como parte del proceso para entender por qué me como las uñas.

Año sabático está conformado por páginas con viñetas, pero también hay retratos, figuración de paisajes, etc. ¿Ese registro heterogéneo que hay a lo largo del libro ya lo tenías pensado o fue surgiendo de acuerdo a lo que tenías volcado en tu libreta?
En ese sentido este libro es muy parecido a Antes de volver. Ya sabía que iba a tener momentos en que el dibujo de un personaje diciendo “¡Laven los platos!”, podía ser suficiente para describir dos semanas viviendo en un solo lugar, y que probablemente doce viñetas y una doble página serían poco para retratar un viaje desaforado de cuatro horas con una persona puesta de valium y alcohol.

¿Qué cosas crees que el lenguaje de la historieta te posibilita explorar del entorno que vas retratando, que no te podría dar otro medio o lenguaje artístico?
La verdad que no sé, no tengo tanta experiencia en otros lenguajes como para andar comparando. Sí puedo decir que la historieta es el banquito donde me siento más cómodo. Que los cuadernos de bocetos son una especie de salvavidas, el lugar donde pienso que voy a cambiar el mundo con una caja de escarbadientes y una bombucha. Al menos por un rato.

¿Sos lector de crónicas en historietas? ¿Qué autores o libros del género estuvieron sobrevolando en el proceso creativo de Antes de volver y Año sabático?
No soy un comprador compulsivo, pero estoy atento. En el transcurso de la creación de estos libros se me cruzaron muchos que los tomé de ejemplo de lo que no quiero hacer, lo cual me sirvió mucho. Hay cosas que me gustan, no necesariamente del género historietas, y son: el loco de Poppa Neutrino, que entre otras cosas armó una balsa y cruzó el atlántico Norte, el trotamundos marplatense Juan Villarino, con su libro Vagabundeando por el Eje del Mal, la sensibilidad de PowerPaola, el proyecto “Yangtze: The Long River”, del fotógrafo Nadav Kander y últimamente, Martín López Lam con su libro, El Título no Corresponde.