, L’organisme, de Natalia Novia: Un artefacto artístico con funcionamiento diverso

Escribir sobre L’organisme es un acto de convicción que se sale un poco de nuestra línea editorial ya que este libro fue editado en Francia y España por Insula Ediciones y no en Argentina. Se consigue solo en algunos lugares de Baires y a precio europeo. La convicción reside en confiar en la pertinencia de esta crítica por pensar que pronto habrá una edición local (a pesar de la macrisis). La obra de Natalia Novia se inscribe a la perfección en el panorama de la historieta argentina más innovadora, que no es para nada escasa, y que, si encuentra lugar para Vegetal, Mealla o Quien (solo por nombrar algunos de los más radicales y destacados), es esperable que haya un mercado para ella también.

¿Qué es lo que tiene de nuevo? En términos analíticos se pueden señalar puntualmente las continuidades (el uso de secuencias de viñetas) y las disrupciones (el status diegético visual construido por la variación en el tenor de las líneas y el entintado) al respecto de una historieta más o menos normal. Pero eso no logra dar cuenta su carácter transgresor que tiene un aspecto formal pero también uno ideológico. La lectura de El organismo me retrotrae al viejo debate (tal vez nunca superado) entre la forma y el contenido. En realidad, el asunto suele solucionarse con la reducción de un término a otro: el contenido es forma o la forma es contenido. Puede que tal reduccionismo sea bastante apropiado a los fines de describir la historieta contemporánea, la cuestión es más bien, entonces, cuál de ellos es el correcto según en qué casos concretos.

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El grafismo es muy particular. Figuras reconocibles lineales, planas y en extremo sencillas se mezclan con otras, irreconocibles, complejas, con curiosos efectos de claroscuro, que se superponen, se acoplan o se insertan en ellas. Hay una chica, tiene un perro, vive en una casa como cualquier otra, tiene una rutina, un baño, una cocina. Todo dibujado de manera sencilla. Pero también hay algo vivo, un ente, un visitante de ¿otro planeta? ¿otra dimensión? ¿del espacio? Llega flotando sobre la ciudad ¿es un lagarto? Lo que es seguro es que tiene una boca. Hay viñetas atravesadas por líneas que semejan alambres de púa ¿un simbolismo dentro la ciencia ficción? Este ser llega y sobre la sintética arquitectura urbana se despliega como una planta llena de tallos, frutos y extrañas hojas, o como un exótico animal acuático, una suerte de rizoma molusco o algo así. En algún momento, luego de varias páginas de normalidad con la chica y su perro, esta cosa hace presencia en su hogar, interactúa con ellos e interviene en su relación. Ahora es una relación de a tres y esto es de lo que trata el libro. Cabe señalar que la interacción a la que hago referencia no es definible en términos verosímiles para la sociedad o la experiencia corriente humana. Lo que pasa entre la chica, el perro y el organismo es que se hibridan, se asemejan, se mezclan, mutan, se separan, se conectan… El perro y la chica, que ahora son seres humanoides con cuernitos, se van de viaje a la naturaleza, llevan al organismo en una valija, lo liberan y lo dejan ahí, en unas páginas exuberantes en las que la confusión o conexión del organismo con todo lo que lo rodea alcanza su punto máximo: lo que se muestra puede ser una cascada, un bosque, árboles y viento, o tal vez solo un plano detalle de los ojos y la cabeza del visitante. Quizás todo esto junto. Es imposible tener una interpretación certera pero tampoco hace falta.

Volvamos entonces a la dicotomía entre la forma y el contenido. ¿Cómo se aplicaría en este caso la solución reduccionista? Si tomamos la primera alternativa, se pude decir que estamos ante una obra de valor esencialmente plástico. Los temas y sentidos planteados no serían más que el subproducto de una búsqueda gráfica y el sentido último de todo sería el dibujo mismo, desplegando su fuerza mediante la instrumentalización de la secuencia y las ideas. Estaríamos en un gran error. La opacidad del discurso, el hecho de que sea equívoco en sus significados, no es justificación para ignorar las cuestiones planteadas. Según dice el prólogo escrito por la autora, se trata de una exploración sobre la conciencia. La conciencia es lo que hay y es una relación, es decir, la existencia es relacional. Así podría definirse si tuviéramos que deducir la formulación por lo expuesto en esta historieta. Todas esas formas de interacción entre los tres protagonistas y también con su entorno reflexionan sobre este hecho.

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Para expresar estos sentidos no convencionales es necesaria la implementación de nuevos recursos gráficos, porque Novia está dibujando lo invisible. Es lo que se dice, aquello que transforma de manera radical el cómo se dice. De hecho, la estética experimental del dibujo es lo que permite que el espesor ideológico del discurso no se reduzca a un mero rasgo de género fantástico sin relación con el contexto socio-existencial de su producción. La sentencia “la forma es contenido” se adapta mucho mejor al planteo entonces. Participar en este proceso semántico, advertir el valor ideológico de la forma como sentido inverosímil y revulsivo, es una exigencia que nos impone la lectura. Tratar de leer esto como una historieta tradicional, narrativa, construida en base a escenas como segmentos de espacio-tiempo dentro del mundo ficcional, es del todo inadecuado. Es como querer acelerar la moto con el pie: no te va a llevar a ningún lado (lo cual no quiere decir que no haya escenarios inmersivos). Mientras que asumir la obra como un ejercicio visual neutraliza u oblitera su poder crítico y cognitivo. El cambio obligado en el modo de leer propuesto es la cualidad que vuelve a El organismo una historieta innovadora y lo transforma en un artefacto artístico con un funcionamiento diverso, único, diferente a cualquier otro al que se pudo estar expuesto antes.

L’organisme

2018 – Insula Ediciones
Novela gráfica – 68 páginas
Guion y dibujo: Natalia Novia