Si el futuro apocalíptico ya está aquí es, sin duda, una suma de las secuencias de Love the Bomb Vol. 1 (2025), el nuevo libro de Nicolás Brondo, editado por Historieta Cachengue. Con una splash page en la que se observa un muro lleno de paste up de marketing de guerilla con un llamado a convertirse en “Chica alien”, el artista cordobés abre la primera secuela de su obra original, publicada en 2015. Con una narrativa que rompe los límites de las viñetas clásicas, construye tres capítulos: “Cómo sobreviví a la bomba”, “Atrápame si puedes” y “Éramos tan punks, ahora somos unos pelotudos bárbaros”. De golpe, el lector se sumerge en un dinámica llena de acción ficcional, que por momentos se funde con situaciones de la realidad, en los que el dibujo de cada cuadro convive en sincronía natural con los globos.
La lectura zigzagueante y embriagante que propone el artista integral es el resultado de estudiar por medio de la lectura lo que han hecho otros dibujantes: “He leído muchísimo, sumado al fanatismo y el coleccionismo que nutren esa pasión de ver cómo lo hizo cada autor. Tengo muchísimas influencias, la que siempre me endilgan es la de Jamie Hewlett, el dibujante de Tank Girl y Gorillaz. Pero desde José Muñoz, Alac Sinner, Moebius, Katsuhiro Otomo -que con su Akira me volvió la cabeza-, pasando por dibujantes como Manu Larcenet, hasta John Bryne, con Superman”, comenta en conversación con Indie Hoy.
Para el artista de 43 años, el ejercicio de leer historietas también se trata de quedarse un rato viendo cómo está compuesta una página y leer tranquilamente cuadro por cuadro: “Cuando estás contando una historia en secuencia, tenés que llevar al lector por ese paseo sin que se pierda, por eso la narrativa es lo más importante. Si la composición está bien hecha, la lectura será amable, intuitiva, lúdica, amena”. Si bien la magia de la historieta está en la posibilidad de juntar varios lenguajes, para Brondo es en la narrativa donde se ve directamente el resultado del guion y el dibujo.
Brondo comenzó a publicar en la revista Aspid a finales de los 90 y durante diez años formó parte de la editorial Llanto de Mudo. “Hice Fauces de la mente y comencé a publicar sin parar, junto a Diego Cortés, el editor, faro de muchos autores de la historieta argentina y quien se convirtió en un gran amigo y colega. Ahora Comic.ar está reeditando su obra”, narra. Fue junto a Diego Cortés que Brondo desarrolló su faceta como editor, guionista y dibujante. Juntos editaron la revista Ignatius Tenía Razón, una antología en la que se publicaron autores como Salvador Sanz, Gustavo Sala, Diego Agrimbau, entre otros autores reconocidos de hoy. Además, títulos como Mano de ángel, Séptimo círculo y Bonemachine son el resultado de sus colaboraciones de guion y dibujo.
“Todo el tiempo estábamos produciendo. Al principio imprimíamos nosotros, armábamos, cortábamos, pegábamos, doblábamos tapas. Ya cuando la editorial se hizo grande, empezamos a trabajar con imprenta. Siempre con esa premisa de hacer lo que lo que nos gustaba, fue una época muy linda. Publiqué muchísimo porque también era mi casa. Eso que tenía con Diego, hoy lo tengo con Cachengue, con Aleta”, explica. Después de diez años, Brondo apuesta por un nuevo proyecto editorial: Historieta Cachengue, que se estrena con la publicación de Love the Bomb y Telec+ster de Aleta Vidal.

Historieta Cachengue le permite dibujar a su ritmo. Después de tener la oportunidad de trabajar para series mainstream, prefiere tener más control y libertad sobre sobre la obra, los personajes y el guion: “siempre citando al gran Quique Alcatena: ‘prefiero jugar con mis juguetes y no con juguetes de otros’. Por eso, me gusta trabajar con obras de las que me pueda apropiar como Manta. Me gusta hacer lo que yo quiera. Voy a hacer la obra que quiero, voy a decir lo que quiero y la voy a dibujar como yo quiero y nadie me va a decir nada, salvo Aleta que hasta ahí nomás se lo tengo permitido”, afirma entre risas. Es que Cachengue viene de esa misma impronta que se le asigna al lunfardo: “viene a romper algo, es como un lío, como una fiesta también”.
El trabajo en conjunto con guionistas es una las cosas que más disfruta. “Se generan obras, productos muy interesantes. Interpretar la idea de otra persona es algo fascinante y siempre me gustó este intercambio. En la historieta, además, resulta ser una relación más íntima”, añade. Actualmente, Brondo trabaja junto a dos guionistas -Joni Crenovich y Martín Mazzeo- en Manta, una serie editada por Libera la Bestia, a la que se unió desde el volumen 4. En este ejercicio también ha trabajado con guionistas como el uruguayo Rodolfo Santullo y los argentinos Luciano Saracino y Damián Connelly. Además, a nivel internacional, ha colaborado en títulos de España, Inglaterra y Alemania, como Finado de Xavier Morell, A Rope Around Your Broken Neck de Martin Ian Smith, y Rave de Fabián Huebener y Raúl Trevino para la antología Sizzle. En su rol como guionista, ha trabajado en Road Monster junto a Aleta Vidal en el dibujo, publicada en e-zine de Loco Rabia.


Su trayectoria le ha permitido transitar por todos los géneros: desde el western, el policial y hasta la ciencia ficción. “El que más me gusta es el cyberpunk, ese subgénero dentro de la de la ciencia ficción. De hecho, lo último que escribí fue Machine Asimov, que es una serie que se puede leer gratuitamente en Webcómic Mutante y que se está publicando en papel por Comic.ar. Es de ‘Space Falopa’, le digo yo, porque es como una ciencia ficción, es un Cyberpunk llevado muy al extremo y muy delirante”, comenta.
Aunque en sus comienzos dibujó en formato analógico con papel y lápiz, en este desborde de creatividad que lo inunda, Brondo prefiere el trabajo en digital: “Necesito velocidad”, afirma. En lo digital encuentra la plasticidad necesaria para que sus personajes encuentren los registros que busca, según la historieta en la que esté trabajando. “En Manta, por ejemplo, estoy logrando que el dibujo sea anatómicamente correcto, pero en Chica alien puedo hacer que de repente el personaje tenga los ojos más grandes que la boca, porque no va a quedar fuera del lugar que sea mucho más cartoon, más pop. Me gusta cambiar el registro de la línea para que se adapte a la historia”, explica y resalta que su estilo es como un collage de detalles, puntos, rayas: “como una especie de pastiche”.
Y es por esto que podemos pasar del pop lleno de colores en Chica alien -elegido por Indie Hoy como uno de los 10 mejores cómics argentinos de 2023– a un Love the Bomb en los que se resaltan negros plenos. “Chica alien es como un sueño febril y en los diálogos era más sutil con muchas cosas. En Love The Bomb todo es más explícito”, agrega. Aunque Love the Bomb tranquilamente se puede leer sin haber leído Chica alien, Brondo mantiene en su obra el despliegue de onomatopeyas por toda la página, el desarrollo psicológico de personajes y escenas llenas de acción vertiginosas, que se acercan a lo cinematográfico. Detrás está la influencia de El club de la pelea, V de Vendetta y Mata a tu novio. La historia es un llamado al poder colectivo, a terminar con el individualismo y el consumismo de ese capitalismo salvaje que hunde en la injusticia a la sociedad. “Todas son ‘Chicas alien’ y luchan por un mundo mejor, por los derechos. Son más del pueblo, si se quiere. Y del otro lado tenés a la policía, tenés a este Ministerio de Orden y Seguridad, déspotas que solamente ven por los más ricos. Quiero cuestionar mucho eso, ir con ese ese mensaje de cuestionarse a sí mismo, de cuestionar al lector”, concluye.