Construir un perfil de artista de Ariel López V. no resultaría nada sencillo. En su carrera abundan los pergaminos y el reconocimiento en más de un área (ilustración, historieta, animación, edición, etc.). Trabajó con Fierro, Rolling Stone, suplemento Sí, MTV, Nickelodeon, entre muchos otros, y ganó numerosos premios. Por suerte, la imagen que pretendemos forjar de él en este caso es solo la de historietista y a través de sus obras. En rigor, de todas las publicadas en libro en Argentina, que son tres.

Allá por el 2012 la desaparecida Llantodemudo publicaba Inhumano, una compilación de chistes de diversos formatos que van desde la viñeta hasta la narración de varias páginas, pasando por las tiras, etc. El dibujo de López V. tiene un estilo cartoon, llamativo, lisérgico e irreverente y sus habilidades humorísticas son incontables en su variedad. Voy a señalar algunas de ellas. En la tapa y en cada una de los gags a toda página que contiene el libro es notable la capacidad del autor para hacer de una ilustración justamente eso, un gag (en “Bienvenidos” vemos el sistema digestivo de una casa que devora gente, en otro puede verse un ¿Jesucristo mutante en silla de ruedas?). Plasma una narración en un solo golpe de imagen con un fuerte efecto cómico. Estos paneles maravillosos son los que más lucen el talento del dibujante como tal (aparte de algunas historias cortas, como “Cerebros”). No sucede así porque el nivel del dibujo baje en ningún momento, sino porque, salvo excepciones, este es un libro de humor verbal. Las palabras lo inundan todo y en cada oración hay un remate, en cada línea una intención cómica independiente. En las secuencias de varias viñetas o páginas hay un contexto narrativo y una continuidad temática, pero cada globo de diálogo, cada bloque de texto, encierra un chiste. Hay algunas páginas especialmente sobrecargadas, las que simulan ser publicidades y tapas de revista. En ellas el texto toma el protagonismo de manera evidente. Es humor de alta intensidad en el sentido en el que los son los típicos contadores de chistes de teatro y televisión, esos que tiran un chiste corto tras otro hasta que te tienen por completo tentado de risa, a su merced, logrando la carcajada por la comicidad, pero también por acumulación del efecto. Lo cierto es que aquí no falla nada, funciona el humor boludo (“tenés una mirada penetrante” y al pibe le sale una pija de cada ojo), el intertextual (Charly García diciendo Sailor Moon), el burlón (¿no sería mejor que se cambie el apellido señora Catalina Glugli?), el político (“¿Cómo anda tu 4×4?”, “De lujo! Ya atropellé 15 piqueteros y ni un rasguño!!”), las lucidas sátiras al sentido común (“¿Viste que en EE.UU. hacen clonaciones humanas? Y un montón de tipos iguales le contestan: “No te lo puedo creer!”). Tampoco hay que ser taxativo, porque en muchos casos (igual que en el último ejemplo) el humor se sostiene en la relación entre el texto y el dibujo (“Debo decirle que es el peor coche bomba que he visto” le dice un policía a un encapuchado que viene en un auto esférico, negro y con una mecha prendida en el techo). En este libro todo lo que el autor prueba le sale bien. ¿Y en el siguiente?

Galería edita en el 2015 una obra titulada Papa Pop. Para el que no entienda la referencia, papa es merca, droga, algo que genera ansiedad por consumirlo. Eso es justo lo que contiene el libro para aficionados a la cultura pop de más de treinta años, ya que una buena parte de las referencias es a personajes y series muy de los ochentas que hoy no revisten importancia más que para los nostálgicos. También están las referencias a iconos atemporales, pero quienes reconozcan las primeras son los lectores ideales. No se trata de una historieta convencional, el libro se propone como una colección de postales hasta el punto de que cada hoja está troquelada para poder cortarla y enviarla. Entiendo que es un detalle de la edición, porque no se me ocurre quien podría ser tan bestia como para romper este fantástico álbum, con su solapa repleta de personajes a lo Sgt. Pepper’s y su indispensable efecto de conjunto. En cada página hay una ilustración y en su reverso un texto que la acompaña. ¿Pero de qué van estas postales? Al respecto de Inhumano ya mencioné el humor intertextual, pues, acá lo ocupa todo. Es la intertextualidad al máximo. En gran parte de los casos la gracia surge de la interacción de dos personajes célebres: el pibe de E.T. lleva a Alien en el canasto de la bici, a Orco (el brujito volador de He-Man) se le vuela el vestido como a Marilyn, Eddie (la mascota de Iron Maiden) sale del carrito de bebé de Rose Mary, etc. En otros casos, surge del contraste entre las cualidades del personaje y la situación en que se los coloca: Wally va preso, Freddy Kruger en una fábrica de colchones o Rambo en calzas rosas y rollers. Es un humor súper original, inteligente y ejecutado con maestría. Hay juntas sorprendentes e ideas ingeniosas por todas partes. Los textos son siempre ridículos, irrespetuosos y ocurrentes, pero son un añadido, las imágenes no los requieren, salvo dos o tres casos, por sí solas expresan todo lo que necesitan y en ellas descansa el discurso.

Futuro Total es otra cosa. Al parecer, cada libro de Ariel López V. lo es. El volumen editado por Hotel de las Ideas en 2017 está compuesto por tres historias de terror y ciencia ficción y si bien no se pude decir que sean argumentalmente perfectas (tal como sí se puede afirmar que los libros anteriores son perfectos como artefactos humorísticos) la intención narrativa afecta la faz gráfica de manera que los personajes, los fondos, la indumentaria y el color tienen espacio suficiente para crear una magia que no se puede apreciar en las obras precedentes. Escenificar la acción lleva al autor a explotar el aspecto visual de lo ficcionado como nunca antes. Todo luce genial y los colores suman muchísimo, al punto de transformarse en esenciales al planteo estético. Además, el género de las historias habilita la presencia de extraterrestres, monstruos, zombis, mutantes, naves, galaxias, rutas, campos, etc. Es decir, una variedad de figuras y lugares que no sería posible sin un desarrollo argumental, a pesar de que su presencia sea un fin en sí mismo. La narración le aporta una dimensión diegética a esta figuración que es imprescindible a la configuración de su encanto.

Electroshock” tiene sabor a punk nacional y es la más caótica (el libro va en crecida), cualquier cosa puede pasar en ella, siempre dentro del ámbito urbano (comisarías, avenidas, recitales). Es muy cómico el modo en que se sorprenden los mismos personajes de las cosas que no saben cómo carajo suceden. Tiene una curiosa vuelta de tuerca final.

La invasión de los zombis alienígenas gigantes” es una historia de acción frenética repleta de delirios de sci-fi y terror clase b, como su nombre indica. El relato es fluido y está bien llevado. Tres amigos alquilan una casa para vacacionar a un sujeto musculoso y con escopeta. El primer tramo va de comedia costumbrista y satírica entre estos personajes. En un momento el Turco (el dueño) se separa y comienza la historia de ciencia ficción: mientras va por la ruta se topa con un plato volador, un extraterrestre le dice que trae las soluciones a todos los problemas de la humanidad pero él los derriba con un lanza-cohetes. Mientras tanto, la comedia entre amigos continúa, ahora condimentada con intereses románticos. Los restos de los aliens derribados se filtran en la tierra de un cementerio e imbuyen a los cadáveres para resucitar como aliens-zombis que luego devendrán también en gigantes. Son enriquecedores los flashbacks sobre el pasado de cada personaje y además están introducidos con una maniobra interesante, aparecen en páginas con una grilla de ocho viñetas dispuestas en forma de rombo y tonos de gris, es como un respiro dentro del fluir narrativo y el colorido general. En particular, el pasado del Turco aporta información que complejiza el contexto de la historia y la relaciona con la siguiente.

Interior de «Futuro total»

Ultima nave al terror”, la historia que cierra Futuro Total, cambia mucho el tono. La premisa inicial (y no tanto) tiene muchos puntos de contacto con Oblivion (la película protagonizada por Tom Cruise): una pareja hombre-mujer combate enemigos inermes en un planeta desolado recibiendo órdenes de una computadora en nombre de una autoridad desconocida que promete el inminente retiro a un lugar idílico. La chica descubre que es todo un engaño y deciden emprender el viaje de regreso a este planeta, que será en verdad uno de autoconocimiento. Luego de atravesar una suerte de rejilla virtual de tamaño cósmico acceden a otra galaxia o dimensión o lo que fuera. Del otro lado se les explicará el destino de la humanidad y su rol en el asunto. Las revelaciones son emocionantes e inteligentes. Ariel Lopez V. se pone serio sin ponerse solemne. Los giros que propone y la profundidad que implican en la construcción de personajes, en la relación con la historia previa y en la verosimilitud del planteo, colman cualquier expectativa. Sin embargo, lo que lleva esta historia al alto nivel en el que está son sus gráficos. Las páginas iniciales muestran el espacio, gases, constelaciones, pero se ve como pintura abstracta. Recuerdan algunas viñetas muy locas del Dr. Strange de Steve Ditko. Esto es lo mejor que el arte moderno puede ofrecer, solo que ahora reproducible. No hay una viñeta que baje de la excelencia, pero cuando atraviesan la rejilla espacial y hasta el final (toda la parte de revelaciones impactantes) en el aspecto visual suceden un par de cosas notables. En primer lugar, el color pasa a ser un tritono rosado/violeta/amarillo. Luego, la viñeta convencional desaparece por completo; en su lugar las acciones y momentos son separados por estelas de naves, figuras geométricas (planas y volumétricas) y varios detalles incomprensibles, que a su vez configuran un curioso fondo común a la escena. El resultado son algunas de las páginas más hermosas, plásticas y originales que el artista haya realizado. Además, le dan el perfecto marco a lo narrado. A la misma altura de belleza se hallan los separadores con un impresionante y complejo dibujo a doble página que preceden cada historia y que merecen esta mención.

La impronta de Ariel Lopez V. es la imprevisibilidad. En cada libro ensaya toda una propuesta nueva, que funciona desde otro lugar, que pide otros requerimientos de lectura y que brinda otros placeres al respecto de sus compañeras. Hay un rango en la figuración dentro del cual se maneja siempre, pero las sofisticaciones estéticas de “Última nave…” dan la pauta de los lugares a los que puede llegar este artista sin cambiar su grafismo de forma radical. Es un enorme talento lleno de sorpresas.