Una figura suspendida entre lo terrenal y lo mítico. Agua, piedras, naturaleza y un cuerpo que no posa: resiste. La escena parece salida de un relato antiguo, un lienzo que transmite vulnerabilidad y fortaleza, por más paradójico que parezca. “Quería representar que quien está en esa imagen pasó por cosas duras. Viene de un largo recorrido, pero aun así se mantiene firme”, explica Desaria en conversación con Indie Hoy sobre la portada de Lavar el corazón, su álbum debut en solitario.
Esa estética funciona como un umbral: un pasaje donde el dolor se transforma y se vuelve símbolo. El concepto nace de una sensibilidad profundamente personal. En su obra, lo visual ocupa un lugar central y dialoga de forma constante con las canciones.
La relación de Desaria con la música comenzó mucho antes de componer: empezó escuchando. Su papá traía discos de sus viajes de trabajo y así se conectó con clásicos como Pink Floyd, Deep Purple y Van Halen, sus primeras influencias. “Me acuerdo de viajar al sur con Céline Dion en el estéreo, y también los Beatles. Creo que era 'I Am the Walrus', esa parte que va subiendo con los violines… Yo era chica, tenía menos de diez años, y estaba re atenta a esa progresión”.
A los 12 años empezó a componer canciones, con una intuición que no tardaría en madurar. Ese impulso la llevó a formar proyectos con compañeros del colegio, buscando desde muy joven un sonido propio, entre el rock, el pop y la electrónica.
Esas primeras experiencias fueron mutando tanto en nombres como en formaciones hasta que, en 2014, se consolidó Fus Delei, una banda que se volvió referencia dentro del circuito alternativo platense por fusionar guitarras intensas con texturas electrónicas y poesía de identidad joven. Con este proyecto llegó algo decisivo: el contacto con la escena, las giras, la profesionalización. “Fue re clave. Me orientó mucho para profesionalizarme, planificar, entender cómo sostener un proyecto. Tocamos mucho, viajamos, conocí un montón de gente”.
También fue un momento importante de transformación estética y personal. “Ahí empecé a experimentar con la vestimenta, con la expresión de género. Primero para el escenario y después para lo cotidiano”. La música empezó a ser más que solo sonido: era imagen, cuerpo, una forma de estar en el mundo.
En paralelo, Desaria también tocó y colaboró con El Estrellero, banda con la que reafirmó ese cruce de canción pop/rock tan propio de La Plata en los años 2010. Fue un recorrido largo, de cambios y encuentros, que terminó de definir su estilo y su lugar dentro de una escena que siempre empuja hacia la experimentación.
Durante esas etapas convivieron dos mundos: el musical y el visual, ligado a su formación académica en Artes Visuales, donde siempre sintió mayor libertad. Por eso, en su perfil se afianzó una manera de trabajar: Desaria participaba activamente en flyers, portadas, videoclips. “Siempre me gustó involucrarme en todo, ser parte principal de eso”.
Lavar el corazón es un disco atravesado por procesos intensos. Cambios y emociones profundas marcaron su expresión artística. “Hay una narrativa de duelo muy presente. Perdí a una amiga y eso me marcó un montón”, cuenta. “Sol de agosto” fue la última canción que escribió antes de dejar Fus Delei y coincidió con el inicio de la hormonización. “Fueron muchas cosas juntas. Me pegó muy fuerte en lo emocional”.
En ese tiempo se enfrentó a un bloqueo creativo que describe con una imagen muy de su universo místico: “Sentí que la fuente de donde brotaba mi creatividad se había secado. No había nada”. Entonces apareció Nana, el animé de Ai Yazawa, como un nuevo estímulo. Su universo emocional —y también su soundtrack, que la acompañó en ese período— le abrió la posibilidad de habitar otros personajes. “Empecé a jugar con ponerme en un papel para escribir”, expresa.
Ese ejercicio aparece en canciones como “Tuve que perderme” o “También me desvanezco”, donde el sentido de la letra se completa con el paso del tiempo, cuando la experiencia emocional finalmente alcanza a la comprensión. “Hay canciones que necesitan tiempo para que te atraviesen y terminar de escribirlas”.
Otras letras de Lavar el corazón fueron escritas años antes de encontrar su sentido. “Pura fantasía”, por ejemplo, nació en 2019 durante una zapada. “Es una de esas letras en las que dejás que la mano se mueva y escribís sin saber de qué hablan. A los años, la situación te muestra de qué hablaba”. Para Desaria, la escritura a veces opera de forma inconsciente y deja mensajes para el futuro.

En lo sonoro, el disco plantea una convivencia entre dos fuerzas: el pop electrónico y el rock con distorsión. Desaria quería algo distinto a Fus Delei. “Pensaba en darle prioridad a las guitarras y no usar sintes al principio”. Sin embargo, el resultado fue otro. Con Juan Baro —ligado al hyperpop y la electrónica— y Franco Armisen de Vita Set —aportando su conocimiento en guitarras— en la producción, apareció un equilibrio inesperado. “Cuando escuché la primera versión de ‘Tan cerca del sol’, estaba recontra pop y me re gustó. Se encontró un mix. Lo escucho y no quiero cambiar nada”, cuenta.
Entre componer, producir, mezclar y atravesar lo personal, la construcción del disco llevó tiempo. Y libertad. “No había deadlines. Era juntarse cuando había ganas. Eso estuvo buenísimo”. También hubo un orden simbólico que se coló en el proceso: “Elegí el 7 de noviembre [como fecha de lanzamiento] por eso. Además, el disco dura 25:52, y esos números se repiten”.
Recién después del lanzamiento apareció la pregunta por el vivo. “No lo pensé para el show mientras lo hacía”, admite, aunque desde el comienzo tuvo claro el objetivo: “Me gusta que suene parecido al disco, pero con la energía del presente”. Para llevarlo al escenario formó una banda con Clara Bares en sintes y coros, Candela Sánchez en batería y Justo Fornaroli en guitarra. La consolidación fue tan rápida como efectiva: “Se armó en seis ensayos y funcionó. Eso me dio mucha tranquilidad”.
El futuro se asoma cargado de expectativas: posibles remixes, nuevas canciones, un segundo disco que no sea la segunda parte del primero, sino una nueva propuesta. “Sé hacia dónde no quiero ir. Quiero mantener la línea de pop y guitarras, pero que sea distinto”.
Para Desaria, Lavar el corazón funciona como una piedra protectora. “Como un escudo. Las cosas pueden estar mal, pero no van a estar así para siempre”. Es un disco que busca habitar el dolor y sostener el proceso para volver a empezar. Seguir de pie, a pesar de todo.
Escuchá Lavar el corazón en plataformas (Bandcamp, Spotify, Tidal).









