Rodrigo Ogando se dispuso a crear el disco de sus sueños. En su cabeza aparecían referentes como los Beatles de la época de Magical Mystery Tour, el Gustavo Cerati de Amor amarillo, Beck y The Stone Roses. Este puntapié solitario encontró en Nicolás Mirelman, baterista, a su primer aliado. De esta forma, la ahora dupla lanzaba su disco debut, Buena suerte (2020) bajo el nombre de El Mundo Imaginario. Compuesto por siete temas, el sonido estaba apoyado fuertemente en sonoridades propias del pop psicodélico de los 60: voces agudas y de reverberación densa, órganos de la época como el Farfisa o el Vox Continental, arpegios cristalinos de guitarra acústica, flanging y bajos serpenteantes en una paleta que pasaba de paisajes folk a ritmos trip-hoperos.
El éxito de este primer álbum en su órbita cercana tuvo un impacto claro, que fue el de comenzar a despertar interés en músicos del entorno. Así, el primero en sumarse tras la salida del disco fue Martín Fernández Basualdo, quien había fundado la banda de indie Basual. En 2022, la evolución continuaba hacia nuevos horizontes con la incorporación de Juana Fonrouge en voces y Máximo Sarrabayrouse (que también es compositor y productor en Máximo Disfrute) en bajo, completando el quinteto que sostienen hasta hoy.
El primer estreno de esa etapa de consolidación fue “Lágrimas”, single de 2024 donde aparece la nueva cantante tomando las riendas. En él profundizan en una búsqueda estética original, alcanzando terrenos del barroco gracias a los amplios arreglos de vientos y cuerdas que se suman a un piano desafinado y una voz en clave de chanteuse.

Esta búsqueda descubrió una nueva faceta en 2025, cuando la banda se propuso tomar elementos del lado más pop para dar a luz a una canción con aires de hit: “Algo brillará”, firmada entre El Mundo Imaginario y Máximo Disfrute. El origen vino de la mano de Rodrigo. Mientras sampleaba vinilos se topó con una copia de “Fuiste mía un verano” (1968) de Leonardo Favio y, profundizando esa búsqueda, continuó analizando la instrumentación de dos canciones contemporáneas: “Vendrás mi amor” (1968) de Leo Dan y “El mundo entre las manos” (1968) de Almendra. Descubrió que, en ambas, una melodía de vientos es protagonista y genera una especie de efecto hipnótico que la hace incluso más pegadiza.
“La pregunta que impulsó la dirección del single fue: ¿por qué estas fabulosas obras del cancionero popular argentino comparten ese tipo específico de arreglos de vientos? La respuesta es un guiño a la ebullición psicodélica de 1967, donde estos arreglos eran tan característicos del género como el fuzz o los sonidos al revés”, explican.
Bajo esta premisa es que surge el arreglo de vientos principal de “Algo brillará”. Este motivo funcionaba perfectamente, pero aún faltaban más partes para completar la canción. Así, Máximo y Rodrigo decidieron hacer un ejercicio de composición conjunta: Máximo le dio una estructura organizada de canción y propuso componer todas las partes en guitarra acústica, como un tema de fogón. Luego, los miembros restantes fueron sumando sus partes, mientras buscaban obsesivamente el sonido perfecto, apelando a guitarras y bajos específicos, así como también equipos y amplificadores de la época que le diesen al tema lo que pedía.
El broche de oro fue en las instancias de mezcla y mastering, donde participaron, respectivamente Miguel Canel (ingeniero de mezcla del debut de Él Mató), Daniel Ovie (múltiples veces galardonado con el Grammy) y el propio Rodrigo en el arte de tapa, sumando la impronta lisérgica característica de la banda. Cuando salió la canción a la luz, no había dudas: Mundo Imaginario ya era una banda completa.
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