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08/11/2022

El Mundo Limón: Choki Giaquinta imagina un universo circense y urbano en su proyecto solista

El bajista y compositor oriundo de Olavarría creó Circo Fantastik Pipol, su debut en solitario, inspirado en su experiencia en la ciudad.

El Mundo Limón es el nombre que Franco "Choki" Giaquinta eligió para bautizar a su proyecto solista. El bajista de Crewrod ahora se presenta como frontman y narrador de su propio universo sonoro, bajo un compendio de sensaciones e impresiones del mundo actual y su desigualdad. De esa mirada externa sobre los sucesos que lo rodean nació su álbum debut, Circo Fantastik Pipol.

"El disco habla sobre cómo percibo la ciudad y cómo, con el paso de los años, ella me fue transformando -cuenta Choki en conversación con Indie Hoy sobre el concepto detrás de su primer LP en solitario-. También habla de las cosas que veo en el día a día, sobre todo la naturalización de la indiferencia y cómo cada uno de nosotros está abstracto en su propio mundo". El músico se mudó de Olavarría a la Capital hace 10 años para desarrollarse en su disciplina y, entre otras cosas, fundar las bandas Ácido Plexxippus y Nasty Bomb. Ambos proyectos, antagónicos entre sí, le sirvieron a Choki para hacerse su nombre en la escena y empezar a trabajar con otros artistas como Dizzy Espeche, Sergio Vall, Moah, Lola Fiamma y Delfín.

En Circo Fantastik Pipol hay una intención deliberada en captar la sonoridad de la urbe y traspasarla al plano musical. "Tanto en el audio como en la estética del disco está representado un poco el clima de Capital Federal", admite su creador. Para eso, el artista buscó proyectar cadencias propias del rock argentino de los años ochenta, donde aparecen redoblantes reverberosos como los martillazos de las obras del centro, sintetizadores que flotan bajo el calor que irradia el asfalto, guitarras que cortan como el freno oxidado de los colectivos y bajos graves pero metálicos como la vibración del subte.

Bajo la piel de un payaso desencantado, Gianquinta es el anfitrión de su propio circo lleno de personajes, números y luces que enmascaran el trasfondo imperfecto de una realidad olvidada. "El circo hace referencia a las redes y los medios de difusión donde todo se planta como un montaje -cuenta-. El Circo Fantastik Pipol es un mundo de fantasía donde no hay transparencias y donde tampoco se ven las miserias".

Decís que este lugar de fantasía es un lugar donde todos, de cierta forma, se muestran de alguna manera que no son. Pero vos también estás dentro de ese circo, ¿o no?
Sí, totalmente, pasa que es algo de lo que es difícil escapar. Uno también padece sin querer esa fantasía. Siempre tuve un conflicto en aceptar que todo ese mundo, en parte, era necesario para difundir mi proyecto y mi arte. Por suerte, encontré la manera para que me sea lo más sano y significativo posible, al punto de reírme un poco de eso también. Es mi mundo y el mundo de todos.

¿Hubo algo que te haya servido de inspiración para focalizarte en ese concepto?
Hay un disco que se llama There’s No Place like America Today de Curtis Mayfield, cuya portada muestra una fila enorme de gente, afroamericanos en situación de calle, que están yendo a un asilo mientras de fondo se ve un cartel que dice, justamente, “no hay lugar como los Estados Unidos” y muestra a una familia blanca, feliz, viviendo el sueño americano. Esa imagen y su mensaje me inspiraron. Por otro lado, muchas de las cosas que aparecen en este disco salen de una de las tantas conversaciones por teléfono que tuve con mi vieja, ella en Olavarría y yo acá. Una vez me dijo: “qué raro que estando en una ciudad con tanta gente te sientas tan solo”. Fue un gran disparador.

Esa misma frase aparece en tu canción "La canción desnuda", que en parte es una síntesis de lo que habla el disco...
Esa canción salió de un audio de WhatsApp y una historia muy loca. Eran como las dos de la mañana y como no me podía dormir salí a caminar por el barrio. A las cuadras me encontré con una chica que estaba en un muy mal estado, peleando con el que parecía su pareja. Él le gritaba y me metí para ayudarla. Logré calmar la situación y hacer que él recapacite. Después llegué a casa y tras esa secuencia que había vivido se me bajó esta poesía. La grabé en el celular, en la soledad de mi departamento y de la noche, y se la mandé a Melanie [Williams] para que me diga qué le parecía. Como justo ella estaba volviendo de una fecha en Córdoba, o algo así, me respondió al toque y me dijo que al final del audio se escuchaba la voz de una mujer susurrando un “Sí” bien claro. Yo estaba solo y no se escuchaba nada a esa hora en el edificio. Volví a escuchar el audio y efectivamente se escuchaba eso. Esa especie de manifestación para mí también fue muy reveladora y, por más loco que parezca, un gran impulso para seguir haciendo el disco.

Este disco muestra una faceta mucho más tranquila en comparación a lo que hacías con Nasty Bomb. ¿Ese cambio en el sonido es producto de una evolución o siempre estuvo en vos esa faceta?
Un poco de ambas cosas. Ambos proyectos reflejan una parte de mí que siempre estuvo. Con el caso de El Mundo Limón, recién ahora la estoy dando a conocer.

Foto: Julián Malosetti

El álbum salió acompañado de un corto donde aparecés en distintos escenarios cotidianos. ¿Qué podés contar de ese clip?
El video fue un concepto general que sacamos para presentar el álbum, pero en el que no quise profundizar demasiado. Más que nada fue mostrar el día a día de ese payaso, que logra escaparse del circo y disfrutar de las cosas cotidianas y simples del día, como tomarse un café, pasear, caminar por el barrio... todo sucede en la calle.

Recién mencionabas a Melanie. Con ella y con Paul Higgs este año fundaron un trío, y tocaron cuantas veces pudieron en las fechas de cada uno de ustedes. ¿Qué lugar ocupa hoy para vos esa sociedad musical?
El trío es algo que ya se volvió parte de mi universo. Siempre que esté la oportunidad de tocar, lo vamos a hacer. Se puede decir que es la proyección artística de una amistad muy grande. Pero no una proyección a futuro, sino más bien como algo que canaliza nuestra amistad y toda esa buena onda que se dio de forma completamente natural y orgánica. Lo músico y lo humano. La banda no tiene nombre porque es como cuando recién te enamorás y no hay ninguna carga ni presión, solamente el querer juntarte con un otro a pasarla bien porque su compañía te enaltece. Más allá de que cada uno tenga su proyecto personal, el trío siempre encuentra su forma de colarse y aparecer.

¿No tuviste ganas de invitarlos a tocar en el disco?
No tuve la necesidad. Aunque sí te puedo decir que Paul tuvo mucho que ver en el disco. Él me ayudó muchísimo con la parte de cómo comunicar mi música.

Todo este tiempo viviendo en la Capital también estuviste trabajando como sesionista. ¿Cómo conviven el intérprete con el músico que toca lo que le piden?
Ser sesionista es un laburo que me encanta. Se puede decir que mi espectro está partido en dos: hay un Choki full bajista y otro más compositor y músico de sus propias canciones. Me pasa que no puedo catalogarme solo como bajista porque tengo épocas. A veces estoy más con el bajo y a veces más prendido con otro instrumento. Aun así, se puede decir que es en el bajo donde más sabiduría tengo. Este último año le empecé a sacar la ficha a tocar en estudio, que es algo completamente diferente al vivo o al ensayo. Yo soy un tipo cero minucioso. Lo que más me calienta es el momento de crear bajo lo espontáneo.

Dentro de tus últimos trabajos como sesionista estuviste participando como bajista en la canción "Pistola desnuda" del disco de Paco Amoroso, Saeta. ¿Cómo llegó esa propuesta?
Caí ahí por el Tade Fonk [tecladista y productor en el disco]. Él estaba viniendo a mi casa a tomar clases de guitarra, en las que no le pude enseñar mucho porque se toca todo. Justo en ese momento él estaba trabajando como productor en el disco de Paco, y me dijo que estaba este tema medio funk y disco, así que me llamó y caí ahí con una línea que ya había hecho Tade. Le puse un poco de magia y quedó. Por suerte a la gente le gustó. Es una muy buena canción y un gran disco.

¿Qué sigue ahora para El Mundo Limón?
Venimos de presentar el disco en La Tangente a sala llena, con banda extendida, y fue una locura total. Por suerte tuvo un gran recibimiento de la gente. Las próximas paradas son Montevideo, una fecha en Camping el 23 de diciembre y la más cercana que es en mi ciudad natal, Olavarría, en La Usina Espacio el próximo 26 de noviembre. Por otro lado, ya empecé a componer mi segundo disco. Si toda la música que hice hasta el momento viene de un lado melancólico y nostálgico, ahora quiero empezar a componer cosas enfocadas en la alegría.

Escuchá a El Mundo Limón en plataformas de streaming (Spotify, Tidal, Apple Music).