El diálogo con Folk Bitch Trio mantiene un ritmo que parece emparentarse con todo lo que reluce en su álbum debut Now Would Be a Good Time: los espacios individuales, la desaceleración cadenciosa del relato, la necesidad inexorable de darle tiempo al tiempo (y respetar sus silencios), y la honesta frialdad de una respuesta escueta cuando no es necesario condimentar una declaración.

Desde sus casas en Melbourne y en conversación con Indie Hoy, Gracie Sinclair, Jeanie Pilkington y Heide Peverelle refutan de inmediato y al unísono la —supuesta— impopularidad de la escena folk entre los más jóvenes. Por el contrario, determinados elementos tangibles funcionan como pruebas irrefutables de que el indie folk se escurre por nervios sensoriales que destierran cualquier máxima generacional: su reciente tercer tour por Estados Unidos, la futura presentación en el Roskilde Festival en Dinamarca y el hito de haber alcanzado la portada de la icónica revista británica New Musical Express (NME).

Emprender el desafío de indagar en los últimos años con la intención de encontrar grupos que hayan sobresalido por sus armonías vocales implica adentrarse en un laberinto sinuoso, donde apenas asoman unos escasos ejemplos como Fleet Foxes o las multipremiadas Boygenius. Pareciera evidente que, con el paso del tiempo, los arreglos vocales han perdido la batalla por la predominancia, permitiendo que el ritmo se convierta en amo y señor de las canciones actuales. Así, se desobedece la tríada elemental de la música (armonía, melodía y ritmo), pero se cumple al pie de la letra el manual del éxito para asegurar las reproducciones necesarias para sobrevivir en el inclemente mundo discográfico.

Tal vez las hermanas The Staves hayan sido una de las propuestas más notorias en la escena indie en materia de armonías vocales, si no hubiese sido por su viraje presuroso hacia el pop-rock. Pero Folk Bitch Trio no necesitó manipular su búsqueda musical para adecuar sus voces ni construir una plataforma imparcial que les permitiera ostentarse de manera individual. En apenas un minuto de reproducción, al iniciar su ópera prima y escuchar a las tres entonar “God’s a different sword”, se percibe que, antes de descubrirse como grupo y revelar intereses compartidos, fueron sus voces las que estaban predestinadas a encontrarse. Según Pilkington, la revelación de esa complicidad tímbrica fue rutilante: “Nos cambió la vida, quizá no en el momento, pero sí en retrospectiva”. Aunque la amistad podría usarse como excusa si hiciera falta un motivo que justifique su vínculo, el trío australiano se ubicó rápidamente en la antítesis del armado artificial de bandas.

Now Would Be A Good Time

Titular el disco Now Would Be a Good Time fue todo un acierto, no tanto como síntesis o reflejo del contenido de las canciones, sino por expresar la decisión sapiente de arremeter contra la incertidumbre luego de adquirir la confianza que solo la práctica otorga. “Creo que desde el principio queríamos hacer un álbum, pero ahora todas estamos de acuerdo en que fue una buena decisión no hacerlo porque no estábamos preparadas. Nuestras canciones aún no estaban maduras, no estaban del todo listas”, confiesa Peverelle sobre ciertas ansiedades que despertaron el deseo prematuro de entrar al estudio, y subraya lo que significó encontrar respaldo discográfico: “El disco llegó en el momento adecuado para nosotras. Luego conseguimos el apoyo de Jagjaguwar y eso hizo que las cosas avanzaran de otra manera, con más sostén”. La decisión —o mejor dicho, la postergación— no solo las ayudó a engrosar el repertorio, sino que les permitió ultimar detalles al confeccionar los arreglos antes de apretar REC.

Para Folk Bitch Trio era importante replicar la estética folk en todas las aristas que terminaron conformando el álbum. Por eso, no solo las líneas melódicas y los tonos hicieron honor a la delicadeza que subyace en el género, sino también el propio formato de grabación: todo el disco fue registrado en cinta analógica. La primera impresión podría llevar al prejuicio de imaginar que se trató simplemente de una postura para distanciarse de la norma y adjudicarse una rebeldía contra el sistema. Pero todo se explica —o, mejor dicho, se revela musicalmente— cuando sus voces se entrelazan para interpretar el clásico de Ted Lucas, "I'll Find a Way (To Carry It All)": allí, la sutileza de ese crepitar constante, percibido casi como un error técnico, aporta una nueva textura a la propuesta. En palabras de Pilkington: “Suena realmente bien y es más real. Es como un proceso más natural. Y creo que realmente nos funcionó”.

Aunque sus voces y la instrumentación acústica juegan un papel protagónico en el disco, la esporádica y tenue aparición del bajo de Tom Healy y la jazzística intromisión de Chris O'Connor con una batería escueta convierten canciones como "Cathode Ray" o "Moth Song" en una bocanada de aire optimista y enérgica dentro de la —muchas veces— apenumbrada esencia folk. Pero es probablemente el nombre de la violinista Anita Clark el que mayor impacto tuvo en materia de colaboraciones, aportando colores y movimientos a la desoladora "That’s All She Wrote", una apuesta en la que la serenidad de la melodía se desentiende del agotamiento mental del que habla la canción.

Al indagar sobre las responsabilidades de producción, Folk Bitch Trio prefiere el acuerdo mancomunado antes de ingresar al estudio, entendiendo el trabajo como un “esfuerzo colaborativo que forma parte del proceso de composición”.

Folk Bitch Trio
Folk Bitch Trio. Foto: Gentileza de prensa

El itinerario de sus presentaciones es un collage irregular que fluctúa en magnitud y concurrencia, algo muy común en estos tiempos en que la necesidad de subir al escenario intenta suplir el insignificante pago que reciben los músicos por la reproducción de sus canciones en plataformas digitales. No obstante, Folk Bitch Trio logró adaptarse a ese vaivén que incluye shows íntimos en espacios ignotos de la desértica Arizona, festivales multitudinarios como el Moseley Folk & Arts en Birmingham, o la siempre rentable audiencia de Japón, deseosa de material occidental. “Creo que los dos aportan una energía diferente a las actuaciones. Pero aun así podemos conectar con la intimidad de las canciones estemos donde estemos. Sin embargo, hay algo muy especial en tocar en una sala más pequeña y físicamente más íntima que no se puede emular en un gran escenario”, reflexiona con ambigüedad Peverelle.

Según Pilkington, esta exigencia escénica repercute invariablemente en la composición, no tanto desde lo lírico, sino desde la propia necesidad de encontrar espacios apacibles en medio de la vorágine de los conciertos: “Ahora mismo estamos en una etapa en la que no estamos de gira y tenemos tiempo para sentarnos a componer y cantar material nuevo. Pero sí, estamos de gira mucho, así que a veces es difícil encontrar tiempo. Aunque, a menudo, el tour también nos inspira y todo empieza a surgir de forma bastante natural”.

Y la palabra —o el concepto— vuelve a emerger: la naturalidad se revela nuevamente como el cálido combustible que alimenta la esencia de Folk Bitch Trio. Una naturalidad que no entiende de orígenes, sino de futuros. Un hecho fortuito e inexplicable en el que tres jóvenes descubrieron que sus voces, al amalgamarse, podían constituir una nueva entidad. Un proceso espontáneo capaz de embellecer la música sin necesidad de demasiada ornamentación. Tal vez ahora sea un buen momento para escucharla.

Escuchá Now Would Be A Good Time en plataformas (Bandcamp, Spotify, Tidal).

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