Francis Amante, el proyecto de Natalia López, estrenó Filosa a mediados de 2025 y, apenas unas semanas después, este disco debut ya había circulado en su entorno como un reguero de pólvora, pasando de un ámbito limitado a boca de grandes referentes de la música independiente argentina como Juana Aguirre, Las Ligas Menores y Gal Go (saxofonista de King Krule). Esto que bien puede resumirse en apenas unos renglones, explica Natalia, es el camino de toda una vida.
Lo primero que se puede encontrar de Francis Amante es el doble de 2023 Corriendo detrás, que grabó, mezcló y produjo la propia Natalia “sin saber grabar, mezclar o producir”. En esos 6 minutos distribuidos en dos canciones se percibe un claro germen de lo que vendría después: distorsión por todos lados, referencias cinematográficas, una voz profunda y acordes de jazz que coquetean con el bolero. Aunque es ella misma quien explica que no trabaja prefigurando sus composiciones, sí hay en este lanzamiento elementos que volverían más pulidos en su primer álbum.
Durante 2024 inició la labor de salir a tocar en vivo en distintos lugares. Para entonces no había banda, de modo que el primer paso era terminar de darle forma a un grupo estable. “Nunca había tenido una banda y mucho menos una banda liderada por mí”, explica. El primero en sumarse como un aliado sólido fue Matías Puletti en guitarra que se convirtió en un socio creativo clave. Tras algunas primeras formaciones que no prosperaron, el conjunto llegó a una configuración actual que, además de ellos dos, completan Matías Azulay en saxo, Brune La Cava en bajo y Fermín Dublo en batería.
Natalia y Matías comenzaron las grabaciones para el álbum con Juan Ibarlucía como productor. A lo largo del proceso irían apareciendo los tres adelantos: “Perros”, “Un sueño que tuve” y “Perdido y encontrado”. En ellos hay una excelente síntesis de lo que es Filosa. “Perdido y encontrado”, por ejemplo, tiene una influencia directa de la película B-Movie: Lust & Sound in West-Berlin, donde se palpa intensamente la energía de la capital alemana en la década de los 80. “Perros” sigue esa sonoridad oscura, densa y mid-tempo de pulso post-punk que, a su vez, comparte cierta temática surrealista con “Un sueño que tuve”. En esta canción, apela a la literalidad para cantar una canción que combina una dulzura de jazz con la lentitud del bolero. “Al buscar un productor o productora me fui topando con mucha gente que tiene un estilo definido y no sale de ahí. Con Juan me pasó que lo conocía por proyectos muy distintos y tiene algo de curioso eterno. Me parecían importantes estas características en un contexto donde la línea entre lo genuino y lo prefabricado casi no existe”, explica.

Las influencias musicales que menciona Natalia —Alice in Chains, PJ Harvey, Jeff Buckley— se circunscriben a la creación del personaje de Francis Amante, a quien había que buscarle una forma de ser, de cantar, de habitar el mundo. Aparece también la pasión de Natalia por el cine cuando menciona películas de John Waters, Andrzej Zulawski, Jim Jarmusch y David Lynch, entre otros, además de una específica búsqueda vocal y performática influenciada por Tita Merello, Nancy Sinatra y Mina.
“Siempre me sentí vinculada al arte en todas sus formas, pero el contexto que me rodeaba lo veía únicamente como una cuestión de entretenimiento”, comenta la cantante y guitarrista. Fue un conflicto muy grande. En un momento podía aceptar que sea algo de mi intimidad que me servía como desahogo, pero mientras me liberaba de algunos prejuicios, se me hacía cada vez más adictiva la idea de dedicarme a esto, hasta que en un momento se apoderó de mí”. En las respuestas que da se deja ver algo tremendamente profundo que en todo momento vuelve a la idea del autoconocimiento y el poder desentrañar los misterios de la vida. Lejos de querer cumplir una especie de capricho de la trillada idea de “vivir de la música”, el diálogo con Natalia pasa por un plano entre psicológico y filosófico, casi sin hacer mención a aspectos musicales. “El proyecto nace de un deseo desesperado de entenderme”, dice.
Así, afirmar que Filosa es un disco oscuro no tiene que ver tanto con una forma de definir a la música o los sonidos, sino de referir a eso que no se ve, o al menos no se vislumbra con claridad: los sueños, lo psicodélico, lo inconsciente. Echar luz sobre eso que no está totalmente a la vista es el eje que atraviesa a la ópera prima de Francis Amante y aún así, es totalmente esperanzador. “Filosa trata de buscar distintos puntos de vista sobre problemas, situaciones horribles y otras hermosas. Mientras más normal o cotidiano se ve algo mas ruido me hace”.
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