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    Recreo Uruguayo combate la oscuridad con amistad, guitarras y un caleidoscopio de referencias

    Desde Berisso, provincia de Buenos Aires, la banda de punk rock explora la nostalgia, la reivindicación de la identidad local y los desafíos de hacer música en un presente hostil.
    De Gabriel Ilieff04/12/2025
    Recreo Uruguayo (2025)
    Recreo Uruguayo. Foto: Matías de Mateos
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    Vivimos en un mundo desalentador e implacable, que empuja hasta el surmenage de manera constante, y los integrantes de Recreo Uruguayo lo experimentan en carne propia.

    El último trabajo fijo que Emir Karim Nazar tuvo fue el año pasado, en una distribuidora de alimentos y artículos de limpieza. Como el depósito quedaba en Gonnet y él vive en Berisso (partidos situados por fuera del cuadrado de La Plata) debía tomar dos colectivos: el 214 hasta el centro y luego el 273 hasta dicha localidad. En total, unas tres horas entre ida y vuelta. Su tarea consistía en cargar las camionetas y, durante el reparto, descargarlas en distintos locales. Era un trabajo físicamente extenuante, que terminó pasándole factura: las exigencias le provocaron una rotura de ligamentos y de rótula. Hoy, el dolor en su rodilla derecha todavía le dificulta caminar. Cuando se lo cuenta a Indie Hoy, se ríe.

    Karen Slipak trabajó diez años en gastronomía, entre mesas, comandas y bandejas, hasta que, a los 23, advirtió las repercusiones físicas del rubro y decidió cambiar a un oficio tan volátil como desafiante: community manager. Hace tres años se las rebusca con changas ocasionales. Sostiene un “kiosquito de redes sociales”, con cuentas temporales y clientes fugaces que pueden desaparecer de un día para otro. El manejo digital implica organización, creatividad y una disponibilidad apabullante: siempre hay alguna historia que reflotar o un video que editar. Dice que el único momento en que no está trabajando es cuando ensaya con la banda, después de las ocho de la noche. Y cuando lo cuenta, se ríe.

    De lunes a viernes, Nicolás Zein trabaja cuatro horas en un kiosco de su barrio. Después se conecta a una aplicación de viajes exprés y recorre La Plata de punta a punta en su Chevrolet Agile 2011, casi siempre con la radio encendida. Lo más insólito que le ocurrió durante un viaje fue cuando un pasajero encendió una pipa con sustancias desconocidas en el asiento trasero. Además de sus dos trabajos, cursa el Profesorado de Música Popular en la UNLP. De noche, cambia las calles por arenas virtuales: Counter-Strike 2, PUBG: Battlegrounds o Fortnite. Para él, cualquier juego de mundo abierto, con una buena historia —“bien pochoclera”— es la clave de la eterna juventud. Y cuando lo cuenta, se ríe.

    Emiliano Pasquier se formó como comunicador social pero trabaja como diseñador —más autodidacta que profesional, un auténtico “ciruja visual”—. Hasta hace unos meses, ocupaba un puesto en una empresa de productos digitales. Aunque tenía el privilegio de hacerlo desde su casa, su jornada le resultaba demoledora: de 9 a 18 tenía que estar sentado frente a la computadora. Por los recortes de personal que se produjeron en la compañía, la demanda laboral se triplicó. Estar tanto tiempo encerrado frente a la pantalla, en una postura estática, le provocó dolores crónicos de espalda y una deficiencia de vitamina D que tuvo que compensar con suplementos para evitar riesgos mayores. Al momento de la entrevista, es el único de la banda que está en blanco. Y, como los demás miembros de Recreo Uruguayo, se roba horas de sueño para componer o ensayar. Cuando lo cuenta, se ríe.

    Recreo Uruguayo. Foto: Matías de Mateos
    Recreo Uruguayo. Foto: Matías de Mateos

    Charles Bukowski ironiza en el poema “Aire, luz, tiempo y espacio” con el precepto de que alguien necesita condiciones perfectas (un estudio amplio, con espacio y mucha luz) para producir arte. El escritor proclama: “No, nene, si vas a crear/vas a crear trabajando/16 horas por día en una mina de carbón/o/vas a crear en una piecita con tres chicos/mientras estás/desocupado/vas a crear aunque te falte parte de tu mente y de/tu cuerpo”.

    Estas líneas podrían sintetizar el modus operandi de Recreo Uruguayo: esa pulsión irrefrenable por sacar tiempo de donde no hay —exprimir cada centavo de inspiración— en pos de abrazar la canción. Una vocación espiritual que encuentra en el espesor monótono y agobiante de la cotidianidad las condiciones para desarrollarse y desembocar en el encuentro con el otro. Machacados, pero nunca rendidos. Precarizados, nunca vencidos. Explotados, jamás imposibilitados. Con tres trabajos discográficos publicados desde 2021 y un centenar de presentaciones en vivo dentro y fuera de la provincia de Buenos Aires, la banda revitalizó el ritmo frenético de la subsistencia.

    Cuenta la leyenda que el 13 de abril de 2018, en Villa Nueva, Berisso, a alguna hora de la madrugada, Emi y Emir, dos jóvenes intrépidos, se juntaron a tomar mate y fumar uno de esos cigarrillos que provocan risa y sopor. Se juntaron porque no tenían otra cosa que hacer, porque, de alguna manera, se necesitaban. Emir había regresado hacía poco de un viaje emocionante por Brasil, de haber recorrido las playas paradisíacas de Florianópolis y, todavía con la arena entre los dedos de los pies, en el proceso surreal de adaptarse al contraste de la atmósfera estanca del barrio, estaba mortalmente aburrido. Emi se hallaba al borde del colapso nervioso: insomne, consumido por las preocupaciones derivadas de un problema de salud —un accidente en su trabajo anterior le había hecho perder parte de la audición del oído derecho y el diagnóstico de algunos otorrinos de que tal vez tendría que dejar de tocar resultaba catastrófica—, y con la tendencia catártica y terapéutica de plasmar cualquier trivialidad en una canción.

    Entre cebada y cebada, la inspiración se manifestó en el silencio apócrifo de la noche. Después de un mate y una pitada profunda, aparecieron unas palabras que Emir pronunció en voz alta: “llenando el vacío/besándome en la boca una vez más”. Emi se sorprendió e invocó a su vez otra imagen, agregó otra pieza a un rompecabezas que se empezó a armar en el aire, entre la falta de certezas y la parálisis del desasosiego. De pronto, ese ping pong de versos se convirtió en la letra de una canción, que luego se titularía con el nombre del diseñador Ante Garmaz. El juego se tornó método. A los días, lo repitieron. Lo repitieron hasta reunir unas cinco canciones. Todo sucedió con una celeridad fantástica, con naturalidad y desenvoltura. Evadir el mundo nunca había sido tan fácil y divertido.

    Recreo Uruguayo 2025
    Recreo Uruguayo. Foto: Matías de Mateos

    Como se conocían desde el jardín de infantes, el entendimiento mutuo fue inicial. En las letras comenzaron a filtrarse gustos en común, alusiones a un pasado catódico compartido, repleto de personajes animados y cinematográficos, figuras de la farándula, criaturas e ingredientes de una programación televisiva consumida a edad temprana y que había moldeado corrosivamente su imaginación. De a poco, otros elementos del acervo popular (juegos de computadora y PlayStation, interfaces retro, las mal denominadas ‘segundas marcas’ de productos del cotidiano, etc.) ingresaron a su relato y le confirieron un tono aún más jovial y cercano. Para tocar esos temas los hermanos de armas recurrieron al lenguaje crudo, sincero y directo del punk rock, un bagaje seguro, con el que Emi estaba más que familiarizado ya que lo cultivaba desde su adolescencia. 

    El método se afinó, las instrucciones se esquematizaron y fueron publicadas en el primer fanzine del grupo:

    “Paso 1: Caliente el agua del mate y enrolle el cigarrillo
    Paso 2: Júntese con amigxs y una guitarra. Si está desafinada, mejor.
    Paso 3: Busque acordes y una melodía, no piense mucho.
    Paso 4: Empiece a buscar una letra, de nuevo, sin pensar demasiado. Si tiene consignas en contra de la policía o referencias a la infancia de la década del 90, suma puntos adicionales.
    Paso 5: Déjese llevar y que fluya. Que brote. No niegue ningún impulso. Escuche la voz extraña, adóptela.
    Paso 6: No abandone hasta tener la canción completamente terminada”.

    Es imposible no hablar de Recreo Uruguayo sin mencionar su tierra de origen: Berisso, esa ciudad histórica de carácter industrial y portuaria forjada mediante la inmigración y el emplazamiento de frigoríficos, saladeros y astilleros en la ribera del Río de La Plata. Si La Plata, ubicada a 6 kilómetros, aun se caracteriza por su diseño masónico de cuadrado perfecto, por su impronta bohemia y universitaria, Berisso se convirtió en el esbozo sórdido de lo que alguna vez fue, una zona rústica donde los ideales de progreso fueron eclipsados progresivamente por las crisis laborales de los 90 y el consecuente cierre de fábricas. El paisaje fue alterado, la visión de los trabajadores con overoles en las calles languideció y la perspectiva de un futuro prometedor se desdibujó de la conciencia social de sus habitantes, especialmente de los adolescentes. 

    Si hay algo que los cambios desafortunados no lograron debilitar fue el sentido de pertenencia a esa geografía gris y alienada. Entre el barro y el óxido de las fábricas abandonadas, entre los rastros fósiles de una quimera obrera, brotaron canciones que reafirmaron la idiosincrasia y la autonomía de su gente. Una corriente de grupos acogió con uñas y dientes géneros como el punk rock (Autogestión, Altybajos, Falsa Moral, Tributo a Todo), el hardcore punk (Donde Muere el Silencio, Mensaje, Cara-Cortada), el reggae (La Ombú, Genes Abori) y el rock and roll (La Plegaria), y los asumió como baluarte frente a una realidad pesarosa. Pero en agosto de 2009, el asesinato del joven Juan Maldonado a la salida de un boliche por parte de un empleado de seguridad desencadenó la persecución municipal de los espacios nocturnos y su cierre sistemático. 

    El restringido panorama cultural obligó a muchas bandas berissenses a trasladarse con mayor frecuencia a los escenarios de La Plata. De manera inevitable, terminaron incorporando algunas concepciones estilísticas de la canción platense y de la ebullición del indie. Recreo Uruguayo asimiló estos antecedentes: está influenciada tanto por los rudimentos rígidos de la tradición rockera berissense como por la sensibilidad lírica de la ciudad de las diagonales.

    Además de compositor, Emiliano ocupa el rol de bajista y diseñador del grupo pero, por sobre esas cualidades, es un consumado y autodenominado “berissófilo”, tan intensa es su afición por la ciudad en la que nació (con excepción de Karen, que ahora también vive allí, el resto de los miembros son originarios de Berisso). Entre todas las producciones locales que destaca, Emi rescata al disco No es una democracia de Ya Recontra Fue Todo como punta de lanza del mencionado movimiento híbrido: “Cuando salió ese disco en 2018 fue una revelación, fue como: ‘Loco, pará, acá también se puede hacer esta cosa que no es ni indie ni del todo punk, que es humorística y que no tiene que ser tan solemne‘. Se nos abrió un poco esa veta. A veces pensábamos que teníamos que ir a La Plata para hacer ese tipo de música”, relata. 

    Recreo Uruguayo (2025)
    Recreo Uruguayo. Foto: Matías de Mateos

    “Considero que hoy hay una movida cancionera en Berisso, y creo que eso es lo que me sigue haciendo elegir esta ciudad y habitarla: saber que hay pares, gente que culturalmente es del mismo palo”, dice, sin acudir a la romantización conurbanística o de la periferia. “Vivir acá a veces es jodido. Se pone difícil. Es problemático, las juventudes no saben qué hacer. Pero es mi ciudad, yo la defiendo, no le doy la espalda. Sería muy fácil moverse a La Plata, pero prefiero estar acá, activar en mi pago”.

    Si bien reconoce la importancia de la urbe cultural platense, persevera en el fortalecimiento del nicho berissense. “Amamos La Plata. Sin ella no existiríamos. Su escena cultural y la universidad son lo más lindo que hay. Pero también queremos reivindicar el cancionero propio. El año pasado estuvimos en algunos tops de rock platense y, con Recreo, decíamos: ‘gracias por meternos en ese canon, pero somos de Berisso’. Siempre lo explicamos”. Quizás el epítome de ese propósito sea uno de sus himnos más rápidos —coreado y celebrado en vivo—: “La Beriso no es de Berisso”. 

    La mixtura elemental de registros se patenta en la potencia garajera del debut Porro guitarra y mate (2021), se refuerza en el salto cualitativo sonoro del EP La fantástica aventura otakudepresiva de Recreo Uruguayo (2022) y se cristaliza definitivamente en su segundo disco de larga duración, Luchemos por la vida (2024), que tuvo las participaciones estelares del embajador de la canción platense Pablo Matías Vidal (que también ofició de productor) y la prodigiosa Carmen Sánchez Viamonte. Con las voces al frente y un tándem de guitarras ásperas, bajos punzantes y baterías aceleradas, la narración discurre enérgica entre acontecimientos, ocurrencias, derivas e introspecciones, enmarcadas en un zapping por el pasado para mirar el presente.

    Sprayette, Pitusas, Manaos, Herbalife, Reduce Fat Fast, "Espotifai", Marcela Brane, la Detroit de Robocop, el Winning Eleven 10, la Baba de Caracol, Ariel Suligoy, el Microsoft Office 97, un DeLorean a GNC… Las referencias arremeten desde el inicio de Luchemos por la vida — un título que remite a esas campañas bienintencionadas de prevención que bien podrían ser el Choose Life argentino. Se trata de un disco en el que Los Chicos del Barrio berissenses incitan al pogo amistoso (con el egg punk “Shiba Inu”) y al baile veraniego (con “Twist de la melamina”). 

    Pero el corpus de alusiones culturales —que se complejiza y se entrelaza cada vez más a lo largo de las diecisiete composiciones— no es gratuito. Las menciones funcionan como conductores metafóricos y alegóricos de estados anímicos, confesiones personales y expresiones ideológicas y reflexivas sobre la vida contemporánea. Como si, de pronto, solo pudiéramos comprendernos —y procesar en lo que se ha convertido la vida— a partir de aquello que consumimos.

    “Esas referencias siempre tienen una segunda capa. —dice Emi—. En 'Cine Shampoo', del primer disco, podés quedarte con el chiste de que finalmente no se pudo inventar el auto volador pero, en realidad, lo que estamos diciendo es: ‘esta vida que nos prometieron no es vida’. En 'Terraplanistas', del segundo disco, mencionamos la banda ancha, el bajar cosas, porque Internet empezó como algo piola y después terminó siendo un criadero de personas individualistas, con discursos negacionistas y de derecha. La cita por la cita en sí no sirve. No es que nombramos a Robocop [en “¡¡¡El fabuloso extracto de baba de caracol!!!”] porque sí, lo nombramos porque la Detroit de Robocop era horrible y nos hace acordar a Berisso. Entonces, funciona”. 

    La inserción de canciones como “Horacio Cifuentes, el supercampeón del tenis de mesa”, dedicada al competidor berissense, o la aparición en las letras de bandas regionales como “Hojas por el Barrio” o “Rancho aparte” traspasan la cita directa de los productos culturales del pasado y aluden al presente inmediato de los integrantes de la banda. Con esas huellas, consiguen fortalecer la mística citadina y ampliar los alcances de su crónica cotidiana.

    En este paradigma actual, donde la visión de atrocidades e iniquidades se ha naturalizado, y donde la única revolución concebible parece consistir en pasar una noche entera en Twitter, los Recreo rehúyen del posicionamiento derrotista y sumiso que bien podría condensar la tragedia abúlica, y formulan sus recitales como un ritual colectivo. “Entendemos que hoy no hay demasiadas posibilidades de respuesta y que todo se volvió tan líquido que ya no podemos denunciar nada. Por eso mismo no podemos ponernos haters ni melancólicos. Vivimos en una ciudad gris, donde por lo general no hay nada que hacer, no quiero encima vestirme de negro, leer a Ballard y cantar que estoy muy deprimido. No nos interesa Joy Division ni esa manera de hacer música. Nos interesa el color”, expresa Emi. 

    Ese color, que se obtiene de la mezcla de los valores del punk ortodoxo y la presteza indie, es accesible, amable, va más allá de los tecnicismos y las destrezas interpretativas, como si el verdulero de la esquina, el vecino al que solo saludás al pasar o el compañero de trabajo que nunca habla se colgaran una guitarra o se sentaran tras los platillos por puro placer: porque pueden, porque les sale así. De esa forma, con el devenir de progresiones sencillas, los rudimentos evolucionan. La pulsión se afina. El desahogo encuentra su ritmo. El sentimiento de jolgorio o irreverencia se encauza. Las canciones de Recreo son una muestra de ese tratamiento. Se sienten cercanas gracias a sus acordes pilares y armonías cíclicas, a la energía impenitente y los trazos instrumentales desinhibidos. Sus melodías directas son como dardos proxémicos que apuntan al centro de la diana sensible del público. 

    Recreo Uruguayo (2025)
    Recreo Uruguayo. Foto: Matías de Mateos

    En esa línea Emi celebra que la banda, con su dinámica procedimental y sus letras agudas y humorísticas, se haya hecho espacio en una escena que quizás estaba siendo devorada por la pose solemne y hermética imperante en muchos artistas: “Con Recreo tratamos de transmitir que, al menos por un momento, exista un lugar donde podamos sentirnos seguros y olvidarnos un rato de este mundo lleno de imágenes desoladoras. Porque, encima de tener este mundo de mierda, después vas a un recital y terminás deprimiéndote más. Es válido y nos gustan algunas bandas con ese enfoque, pero la verdad es que preferimos cantar otras cosas”.

    Hay una propuesta horizontal en sus shows: el proscenio se desvanece y el público se vuelve partícipe de la música. Nunca faltan las instancias en que algunos fanáticos se suben a cantar o en que el grupo desciende y toca rodeado de gente revoltosa. Es una oportunidad de catarsis, un canal de liberación por donde avanza un optimismo efervescente que inunda el ambiente. De pronto, se vuelve fácil aceptar que nadie está solo, que el futuro existe y que la amistad es sagrada y está al alcance de todos.

    La canción “Amargo y retruco” es corta. Dura exactamente 59 segundos, el tiempo suficiente para ofrecer el diagnóstico generacional de una realidad desencantada (“Si rebobinaste un cassette con lapicera/o llegaste a soplar alguna vez un cartucho de Sega/Muy probablemente a esta altura cargues/un par de decepciones pero no te amargues”) y también su antídoto infalible (“El truco para no amargarse/está siempre en las amistades/y antes de que el mate se empiece a lavar/tomate uno y vamos a celebrar”). Así que, ya comprendidas las instrucciones del juego, ahora vayan y empiecen una banda. 

    Escuchá Recreo Uruguayo en las plataformas de streaming (Apple Music, Bandcamp, Spotify, Tidal).

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