Foto: Joaquin Burgariotti

El disco homónimo de Familia de Lobos es el vestigio más reciente de la resistencia de sonidos aborígenes. Una justa medida de instrumentos precolombinos y riffs espirituales se confluye para dar con la cadencia del ritual bautizante del conjunto bonaerense. Con la edición del sello independiente Riot Season Records, Familia de Lobos consolida un sonido de pulso pesado y místico a la vez que lleva consigo un garbo urbano y agresivo.

Las guitarras de Charly Cross y Eric Moreno se alían con los samples emulados por Andrés Merlo para recrear una ecología lisérgica y árida. Los sonidos precolombinos de la quena y la zampoña se elevan al ritmo de la propuesta percusiva de María Anselmo. El bombo legüero y la caja bagualera retumban como las pisadas de King Kong, anticipando a cada paso la ira de la bestia silenciosa.

“Todo lo que brilla” abre el disco con los vientos andinos bailando alrededor de un frío y afilado riff de guitarra. Traspolada la armonía de estos elementos, da la sensación de estar atendiendo un rito de iniciación urbano al brillar enrojecido de un atardecer. Continúa el disco y aparece una imagen lánguida de resistencia al sonar “El viento y la luz”. Las guitarras reverberadas se encuentran con el paso lento del bombo y el serpentino sacudir de una pandereta.

Iluminados únicamente por las estrellas y la luna de repente se hace de noche e inicia “Sangría”. A lo lejos retumba un sonido elástico similar al de un didgeridoo. Una frase grave de cuerdas despierta con violencia como si un animal salvaje abriera los ojos alertado. Los vientos de la zampoña alivian cual respiro profundo entre ansias. El final de la canción toma rumbo entre las oscuras ruinas recreadas por el conjunto, arriba de ardientes y agudos arreglos de guitarra.

Por el medio del disco, un preludio acústico y meditabundo abraza al oyente. El retumbar de la percusión allana el camino para el juego de un arpegio maderoso. Si el inicio del disco se trataba de un atardecer, el final pareciera tratarse de un amanecer victorioso: como el de un lobo quien acaba de encontrar su siguiente presa para el desayuno. “Familia de lobos” cierra el rito de iniciación y despide al oyente con la aridez de unos acordes abiertos junto a frases graves de conquista.

El arte del disco recrea visuales ancestrales, con una loba madre en el centro alimentando a sus críos. Entre una estrella de 5 puntas y la luna, las plumas de un pavo real acobijan a la loba como una capa real. Más que por la música, Familia de Lobos es una familia que se empeña por una curación artística que haga justicia a las vibraciones de nuestros antepasados. La banda combina sonidos autóctonos con otros contemporáneos para hacer despertar aquel lobo estepario que llevamos adentro.