Tomar el desvío se ha convertido en una de las marcas registradas de Matías Aguayo. “Minimal”, el single con el que firmó su renuncia al dogma del minimal techno —un género que él mismo había ayudado a consolidar durante sus años de residencia en Colonia—, marcó la ruta a seguir. Desde entonces —hablamos de 2008, aunque las señales se remontan mucho más atrás—, el productor, músico y DJ nacido en Chile ha llevado a cabo una serie de movimientos que parecen un intento constante por librarse de la fuerza gravitatoria del mainstream de la música electrónica de baile.

“Nada ha de huirse más que seguir al rebaño”, dijo Séneca, y Aguayo parece vivir su carrera musical bajo la estela de esa frase del gran escritor romano. Así pues, tras el lanzamiento de “Minimal”, el chileno no ha dejado de desafiar las expectativas de la corriente principal de la música electrónica de baile: primero con Ay Ay Ay (2009), un álbum donde su voz sustituyó a los aparatos electrónicos y a los sintetizadores; luego con la creación de Cómeme, el sello discográfico desde el cual difunde música electrónica hecha no en las previsibles ciudades europeas de siempre, sino en la todavía poco explorada escena latinoamericana; y su gesto de disenso, finalmente, se concretó cuando —a contracorriente de los productores y DJs latinoamericanos que siguen el camino de Inca Garcilaso de la Vega y viajan a Europa para realizarse como artistas— abandonó la arcádica Alemania para instalarse definitivamente en Ciudad de México.

Matías Aguayo - Sentimientos Encontraos (Official Music Video)

Esta impredecible travesía musical continúa hoy con el lanzamiento de su quinto álbum, Anenoa, un disco donde la figura del DJ iluminado y tocado por la genialidad es reemplazada por la del músico conectado con una comunidad de artistas provenientes de todos los rincones del mundo. Que los nombres de los colaboradores sirvan de muestra: la estrella chilena de electropop Javiera Mena, la celebrada artista mexicana Girl Ultra, el nuevo referente del underground chileno Iarahei y la cantante y productora mexicana Camille Mandoki, quienes participan en “¿No ves?”, “Agua que corre” y “La heredera”, respectivamente.

El álbum también incluye la participación de la cantante argentina Barbie Williams, cuya voz entreteje las canciones a lo largo de la placa; así como la del músico ugandés de folk alternativo Daudi Matsiko, que aparece en la ambiental “Anenoa Pt.2”; y la de Angel Deradoorian, exintegrante de Dirty Projectors, quien toca el solo de flauta al final de “Asuca, Rock, Roll”.

Matías Aguayo
Matías Aguayo. Foto: Gentileza de prensa

Sin embargo, la colaboración más destacada del disco es, sin duda, la del virtuoso de los sintetizadores Étienne Jaumet, quien participa en varias de las canciones del álbum, pero sobresale especialmente con un solo de Roland SH-101 en “The Beat”. Un solo que, con un estilo más cercano al free jazz que al techno, le aporta a la placa un aire de improvisada aleatoriedad, introduciendo una dosis necesaria de frescura difícil de encontrar en la electrónica diseñada para complacer tanto a las masas metabolizadas de los raves como a las élites de las gentrificadas after parties.

Al mismo tiempo, otro de los grandes logros del disco es subvertir las expectativas que existen alrededor de la música electrónica de baile al ampliar el rango de sus funciones sociales. Así, mientras muchas de las canciones de Anenoa —“Sentimientos encontraos”, “Avestruz en Veracruz”— están abiertamente destinadas a la pista de baile, hay otras —“¿No ves?”, “La heredera”— que parecen abrir sus ritmos bailables a otras dimensiones de la vida, como la introspección meditativa, el flirteo imaginario o los paseos sin rumbo por la ciudad.

Y quizá esto sea lo más sorprendente de este disco. Más de dos décadas después de haber lanzado su primer álbum, Matías Aguayo podría haberse refugiado en esa zona de confort artístico de la que muchos de sus compañeros generacionales disfrutan. Sin embargo, el chileno ha preferido tomar el desvío para explorar nuevas posibilidades estéticas, nuevas perspectivas creativas y nuevas formas de reinvención. Con ello no sólo logra seguir sorprendiéndose a sí mismo, sino también a todos nosotros.

Anenoa está disponible en plataformas (Bandcamp, Spotify, Tidal).

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